
Ver también:
> Vídeo del debate: La liberalización
del comercio y el derecho a la alimentación
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 El Dr. De Schutter dijo que su
principal preocupación era la “fragmentación” de las políticas
internacionales, sobre todo porque, a su juicio, los gobiernos no
valoraban la repercusión que podían tener las conversaciones
encaminadas a la liberalización de los productos agropecuarios en los
derechos humanos y el derecho a la alimentación.
El Sr. Lamy resumió el debate como una diferencia de pareceres sobre
el riesgo: “Usted dice: no hay que asumir el riesgo de la apertura, es
demasiado peligrosa. Y yo digo: hay que asumirla; funciona, y también
para los más desfavorecidos, en general.”
El debate fue organizado conjuntamente por el Alcalde de Ginebra,
Manuel Tornare, y 3D, una organización no gubernamental que se centra
en las tres dimensiones del comercio, los derechos humanos y la
economía justa.
En el acto se puso de manifiesto la existencia de esferas de
coincidencia en cuestiones importantes. Los dos oradores se mostraron
de acuerdo en que ninguno de ellos defendía la autosuficiencia o
“soberanía alimentaria”, expresión utilizada por algunos activistas.
Para el Dr. De Schutter, la clave residía en la excesiva dependencia
de los mercados a la que están sujetos los agricultores. Para el Sr.
Lamy, una mejor regulación del comercio es una solución para ayudar a
alimentar a quienes pasan hambre.
Ambos coincidieron en la importancia del derecho a la alimentación.
“El derecho a la alimentación no consiste en una mayor producción de
alimentos. … El derecho a la alimentación es el derecho de producir
alimentos o el derecho de contar con ingresos suficientes para
procurárselos en los mercados”, dijo el Dr. De Schutter.
“El derecho a la alimentación … es reconocido por la enorme mayoría de
los Estados del planeta”, añadió el Sr. Lamy. “Por lo tanto, la
cuestión no consiste en determinar si hay o no un derecho a la
alimentación. Pero tratemos de establecer si se lo pone en práctica o
no, y de qué modo se lo pone en práctica.”
Argumentos del Dr. De Schutter
El Relator de las Naciones Unidas se centró en los peligros que
plantea el comercio, así como en la necesidad de procurar que los
países no dependan excesivamente de un número reducido de productos y
de garantizar que los gobiernos tengan libertad para escoger sus
propias políticas “sin que le estén dictadas por el sistema de
comercio internacional”.
Se mostró especialmente crítico con la “esquizofrenia” de los países,
que les hace separar las políticas comerciales de los derechos
humanos. “El mundo de la OMC es un mundo aislado de los derechos
humanos, a pesar de que los mismos Estados son a la vez partes en el
Consejo de Derechos Humanos y Miembros de la OMC”, declaró.
Dijo que la forma en que se mira el comercio internacional a partir
del derecho a la alimentación es “nueva y diferente”. En vez de
valorar si el comercio permitirá a los Estados aumentar la producción
y las exportaciones, este enfoque se centra en quiénes son los
ganadores y los perdedores, y en si los perdedores -los pequeños
agricultores, que son los más vulnerables- están a salvo de los daños
derivados de la liberalización del comercio, señaló.
El Dr. De Schutter describió cuatro peligros:
-
La especialización. Los
beneficios del comercio se derivan de las divisiones del trabajo y la
especialización. Sin embargo, esta especialización puede impedir el
desarrollo si obliga a un país a centrarse en unos pocos productos y
servicios, en lugar de diversificar su economía.
-
La dependencia. La experiencia
de los decenios de 1980 y 1990 revela que cuando los países se
especializan en cultivos orientados a la exportación, como el algodón,
el café, el té, el tabaco y el cacao, pasan a depender de esos
productos y quedan expuestos a la volatilidad de los precios.
-
La desigualdad. La
liberalización concentra explotaciones extensísimas en un número muy
reducido de propietarios, frente a más de 2.000 millones de pequeños
agricultores, muchos de ellos abocados al hambre.
-
El exceso de beneficio concentrado en
unas pocas manos. Un pequeño número de poderosas empresas del
sector agroalimentario tiene en sus manos una parte cada vez mayor del
valor de la producción, lo que amplía la diferencia entre los precios
al por menor y los precios que reciben los agricultores, de tal modo
que los pequeños agricultores no se benefician de los aumentos de
precios.
“Los precios son cada vez más elevados para el consumidor que está al
final de la cadena, pero siguen siendo demasiado bajos e
insuficientemente remuneradores para los pequeños campesinos, que no
pueden vivir realmente de sus cosechas”, dijo el Dr. De Schutter. “En
esto consiste la crisis alimentaria. La crisis alimentaria son los
pequeños campesinos desplazados hacia las ciudades, incapaces de vivir
de sus campos, relegados a una agricultura de subsistencia porque sus
precios no son suficientemente remuneradores.”
En general, el Dr. De Schutter describió el comercio como un factor de
desestabilización que genera vulnerabilidad en los países y
comunidades que son excesivamente dependientes. El comercio
internacional y los Acuerdos de la OMC atan las manos de los países,
impidiéndoles afrontar el problema u obligándoles a confiar en la
“apuesta” de que el comercio será positivo para ellos.
“La 'dependencia excesiva' es una expresión deliberadamente vaga
porque quiere decir que los Estados deben hacer opciones según los
procedimientos democráticos para escoger cuál habrá de ser su política
agrícola, cuál será su política alimentaria, sin que esas políticas
estén determinadas por su dependencia respecto del comercio
internacional, ya sea porque quieren obtener ingresos de exportación
especializándose en determinados cultivos exportables o porque se han
vuelto dependientes de los mercados internacionales”, señaló.
Argumentos del Sr. Lamy
El Director General de la OMC dijo que el Dr. De Schutter simplificaba
el problema en exceso, al centrarse demasiado en el comercio de
productos agropecuarios y en la OMC. El comercio es necesario para
hacer llegar los alimentos a quienes los necesitan, pero además hacen
falta otras políticas adecuadas para garantizar que el comercio
trabaje a favor de los derechos humanos y del derecho a la
alimentación, indicó. El Sr. Lamy también rechazó la afirmación de que
el comercio hace necesariamente que los precios sean volátiles,
cuestión que aún siguen debatiendo los economistas.
-
Más que comercio. Los
verdaderos obstáculos al derecho a la alimentación son los siguientes:
los regímenes de propiedad, las instalaciones de almacenamiento, la
infraestructura de transporte y distribución, la falta de crédito, la
escasez de agua, etc. En palabras del Sr. Lamy.
“Cuando estoy en Burundi, en Camboya o en la India, los campesinos y
las ONG que se ocupan de la pobreza en esos países no plantean la
cuestión del comercio internacional”, dijo. “Son estas otras las
cuestiones que me plantean.”
-
Más que agricultores. La
hambruna y la pobreza también son problemas urbanos, adujo el Sr. Lamy,
en los casos en los que los pobres no tienen dinero para comprar
alimentos y se ven “fuera del circuito del abastecimiento de
alimentos”. Esto quiere decir que el hambre no sólo tiene que ver con
los productores, sino también con los consumidores, afirmó.
-
El comercio es una forma de
suministro. “Es necesario que los que producen poco o mal
puedan tener acceso a los que producen mucho y bien”, dijo el Sr. Lamy,
lo cual, añadió, sucede gracias al comercio, ya sea éste mundial,
regional o continental.
El Sr. Lamy expresó su desacuerdo con la afirmación del Relator de las
Naciones Unidas, según la cual los países en desarrollo no pueden
aumentar su productividad para competir con los países desarrollados.
En la actualidad los rendimientos de los países en desarrollo a veces
son superiores a los de los países desarrollados, y exportan a los
países desarrollados tanto como adquieren de ellos, argumentó.
“Lo lamento, pero las cifras ya no dicen eso en la actualidad”, dijo
el Sr. Lamy. “Es por esta razón que en la OMC un enorme conjunto de
países del sur impulsa la apertura de los intercambios agrícolas. Es
posible que estén equivocados, en opinión de usted, pero me parece que
tenemos la obligación de escuchar en la OMC a quienes hablan en nombre
de los países en desarrollo.”
Para el Sr. Lamy, el principal problema del comercio no era la
dependencia, sino las distorsiones causadas por los elevadísimos
obstáculos a las importaciones y por las subvenciones “gigantescas”.
Las funciones de la OMC consisten en liberalizar y en regular, para lo
cual hay 600 páginas de normas acordadas, y no deberían confundirse
ambas funciones, señaló.
Afirmó que las negociaciones actuales darán lugar a profundos recortes
de los aranceles más elevados y a “una reducción muy importante de las
subvenciones en los países del norte (Estados Unidos, Europa y el
Japón), de un 80 por ciento”.
Al mismo tiempo, los países más pobres y vulnerables tendrán más
margen de maniobra, indicó el Sr. Lamy. Por ejemplo, los países menos
adelantados seguirán teniendo la posibilidad de elevar sus derechos de
aduana hasta, como promedio, el 70 por ciento, cuando en la actualidad
los tipos reales que aplican son sólo del 15 por ciento como promedio,
señaló el Sr. Lamy, explicando que si no elevan los derechos es porque
al hacerlo encarecerían los alimentos para los pobres que viven en sus
zonas urbanas.
“Se puede subvencionar la agricultura en determinadas condiciones; se
puede tener aranceles más elevados en ciertas condiciones; y por lo
tanto esa idea de que la OMC pretende poner la alimentación en el
mismo régimen que las zapatillas, que creo que es uno de los temores
que usted manifiesta, no es así y no habrá de ser así por mucho
tiempo”, señaló.
Exposición del argumento ante la OMC
Hacia el final del debate de una hora y media de duración, el Dr. De
Schutter preguntó si podía presentar las conclusiones de su informe a
los gobiernos Miembros de la OMC en el Comité de Agricultura o el
Consejo General.
El 2 de julio de 2009 se invitó al Dr. De Schutter a una
sesión de información de la Secretaría de la OMC en la que debatió
su informe con los delegados de la OMC encargados de las cuestiones
agrícolas.
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