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Sr. Presidente,
Excelencias,
Dra. Brundtland,
Dr. Piot,
señoras y señores:
Desearía
formular algunas observaciones en nombre del Director General de la
Organización Mundial del Comercio. En primer lugar, desearía
expresarles la gran satisfacción con que acogemos esta iniciativa de
la Comisión de las Comunidades Europeas. El fortalecimiento de la
lucha contra las principales enfermedades transmisibles, en particular
el VIH/SIDA, el paludismo y la tuberculosis, no sólo es importante
para las personas que padecen esas enfermedades, sino también para
las perspectivas de desarrollo de sus países y para la comunidad
internacional en su conjunto. Es en efecto, uno de los principales
desafíos a que hacemos frente en la actualidad.
Nos
felicitamos en particular de que la Comisión adopte un enfoque
integrado e interdisciplinario de este problema en su nuevo marco de
política. A todas luces, una cooperación es necesaria entre los
distintos servicios gubernamentales, los distintos países, tanto
ricos como pobres, y las distintas organizaciones intergubernamentales.
Desde esa perspectiva, permítanme hablarles del papel de la OMC
y, en primer lugar, de la cuestión de los derechos de propiedad
intelectual.
Es
importante abordar esta cuestión desde dos ángulos: el ofrecimiento
de incentivos adecuados a la investigación y el desarrollo, y el
acceso a los nuevos medicamentos a precios asequibles. El problema
al que todos hacemos frente es cómo lograr el equilibrio adecuado que
permita repartir los elevados costos vinculados a las actividades de
investigación y desarrollo y, al mismo tiempo, compartir los
resultados de estas actividades, por lo que se refiere al acceso a
nuevos medicamentos para el tratamiento de las enfermedades
prevalentes en distintos países.
Los
derechos de propiedad intelectual son uno de los elementos necesarios
para lograr ese equilibrio. Desempeñan un papel esencial por lo que
se refiere a ofrecer incentivos a la investigación y al desarrollo.
Ninguna empresa invertirá los recursos necesarios para las
actividades de investigación y desarrollo sin tener una garantía de
que disfrutará de algún grado de exclusividad para la explotación
de los resultados de sus esfuerzos. Al mismo tiempo, también es
evidente que el sistema de propiedad intelectual no bastará por sí
mismo para incentivar las actividades de investigación y desarrollo
relacionadas con enfermedades que afectan principalmente a la
población pobre de los países en desarrollo, con escaso poder
adquisitivo. Por consiguiente, acogemos con gran satisfacción el
reconocimiento cada vez mayor de este hecho en el mundo y las
iniciativas emprendidas para subsanar ese desequilibrio, en las que
participan organismos intergubernamentales, gobiernos nacionales y
fundaciones privadas, así como la propia industria. La comunicación
de la Comisión es una contribución importante en la materia.
Podemos
decir que todos los Miembros de la OMC, al aceptar el Acuerdo sobre
los ADPIC, se han comprometido de algún modo a apoyar el esfuerzo
mundial de investigación y desarrollo. A ese respecto, cabe señalar
que el Acuerdo sobre los ADPIC no impide que ese apoyo se module en
función de la capacidad de participación de los distintos países y
de sus respectivas poblaciones. Es alentador que las empresas
estén cada vez más dispuestas a tener en cuenta este factor al fijar
los precios de sus productos patentados y observamos que la Comisión
respalda en su comunicación el recurso cada vez mayor a la fijación
diferenciada de precios para los productos farmacéuticos. Esta cuestión
se ha venido examinando en la Secretaría de la OMC, en el marco de
nuestra cooperación con la Organización Mundial de la Salud, y
estamos preparando conjuntamente un taller que reúna a todas las
partes interesadas para examinar un entorno jurídico, institucional y
político que propicie el uso generalizado de precios diferenciados.
El
Acuerdo sobre los ADPIC representa también un esfuerzo por encontrar
el equilibrio adecuado entre la necesidad de promover la
investigación y el desarrollo y la necesidad de garantizar un acceso
asequible a los frutos de esas actividades. Este equilibrio se refleja
en gran número de disposiciones, en cuyos detalles no me voy a
adentrar, pero que ofrecen flexibilidad a los gobiernos para poder
aplicar sus sistemas de propiedad intelectual teniendo en cuenta los
objetivos de política de interés público subyacentes.
Dejando
al margen la cuestión de los derechos de propiedad intelectual,
permítanme destacar, como hace la Comisión, que la gran mayoría de
los medicamentos esenciales para tratar las principales enfermedades
transmisibles no están sujetos a protección mediante patente en
ningún lugar, sino que son de dominio público. El hecho de que estos
medicamentos y otro tipo de invenciones disten mucho de estar
totalmente explotados, es prueba de que los esfuerzos nacionales e
internacionales para mejorar la infraestructuras de financiación,
distribución y asistencia sanitaria son fundamentales. Si bien casi
todas estas esferas están fuera del ámbito de competencia de la OMC,
estamos examinando, en cooperación con otras organizaciones
intergubernamentales, las repercusiones que tienen los aranceles sobre
los precios de los productos farmacéuticos y otros artículos
importantes para la salud pública, como son los mosquiteros. También
estamos dispuestos a cooperar para que las disposiciones del Acuerdo
sobre los ADPIC relacionadas con los productos falsificados puedan
contribuir al máximo a la lucha contra la comercialización de
productos falsificados que no responden a las normas e incluso pueden
ser peligrosos, como ocurre con demasiada frecuencia en algunos
países en desarrollo.
En
ese sentido, permítanme decirles que en la OMC estamos plenamente
convencidos de que existe una relación muy estrecha entre comercio,
pobreza y salud. Somos plenamente conscientes de que los esfuerzos
para promover la salud pública básica y la educación del público
tienen que desempeñar un papel crucial en la promoción del
desarrollo. Ahora bien, del mismo modo, el desarrollo y los mayores
recursos que éste genera son fundamentales para promover la salud
pública. Un sistema de comercio abierto es un elemento clave de los
esfuerzos de desarrollo.
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