
Sin embargo, el Sr. Moore dijo que el informe “Normas manipuladas y
distintos raseros: el comercio, la globalización y la lucha
contra la pobreza” no mencionaba que la OMC había desplegado
diversas medidas de ayuda a los países en desarrollo y contenía
varias afirmaciones que podían inducir a error acerca de las normas
de la OMC.
“Acojo
con satisfacción el informe de Oxfam. Es saludable y útil y espero
que los funcionarios de nuestros 144 Miembros lo lean. Se ha invitado
a Oxfam a tomar la palabra en nuestro simposio público sobre el
Programa de Doha para el Desarrollo a partir del 29 de abril
- 1º de mayo y espero que su representante presente
elocuentemente sus argumentos con esa ocasión.
Muchas
de las cuestiones planteadas en el informe, incluida la necesidad de
una redistribución de las tierras agrícolas, de una financiación
mayor del desarrollo, del desarrollo de las infraestructuras y de un
conjunto de directrices para las empresas multinacionales son ajenas a
la esfera de competencia de la OMC. Nuestra tarea esencial es la
liberalización del comercio.
Sobre
esta cuestión Oxfam ha elaborado algunos argumentos sólidos. La
crítica que Oxfam hace de los obstáculos con que los países ricos
dificultan las importaciones de las naciones pobres, por ejemplo,
es enteramente correcta. Esos obstáculos se pueden eliminar mediante
negociaciones que ya están en curso en el Programa de Doha para el
Desarrollo. Por otra parte una ronda de negociaciones comerciales es
la mejor forma de cambiar las normas y de hecho la única forma
efectiva de hacerlo. En realidad muchas de las medidas que se piden en
el informe, como la reducción de las subvenciones agrícolas, la
eliminación de las crestas arancelarias, la supresión de los
derechos y los contingentes arancelarios sobre los productos de los
países menos adelantados, permanecen sobre la mesa como parte de las
negociaciones del Programa de Doha para el Desarrollo. Es una lástima
que Oxfam haya dado tan poca importancia al lanzamiento de esas
negociaciones.
Los
ataques del informe contra las normas de la OMC sobre los aspectos de
la propiedad intelectual relacionados con el comercio y su
repercusión en la salud pública son un tanto sorprendentes, ya que
en noviembre pasado, los Ministros presentes en Doha declararon de
forma inequívoca que el Acuerdo sobre los ADPIC “no impide ni
deberá impedir que los Miembros adopten medidas para proteger la
salud pública”. Los Ministros aclararon que el Acuerdo debería
interpretarse de un modo que promueva el “acceso a los medicamentos
para todos”.
Oxfam
sugiere que el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios de la
OMC exigiría de un modo u otro que los países en desarrollo
privatizasen ciertos servicios públicos, incluido el abastecimiento
de agua. Esto es sencillamente falso. El AGCS no exige la
privatización o desreglamentación de ningún servicio. De hecho, el
Acuerdo excluye de su campo de aplicación todos los servicios
ofrecidos en el ejercicio de las facultades gubernamentales. En lo que
se refiere al abastecimiento de agua, el número de compromisos
contraídos por los gobiernos Miembros sobre la distribución de agua
es cero.
Cuando
Oxfam declara que son demasiadas las personas que sobreviven en una
pobreza abyecta en todo el mundo, está en lo cierto. También está
en lo cierto cuando afirma que el comercio ha sido un instrumento
importante para sacar a la población de esa pobreza. Es importante
recordar que desde 1900, la esperanza de vida media ha pasado de 30
años a 67 años, que desde 1970 el porcentaje de la población en el
mundo en desarrollo que sufre de hambre ha descendido desde el
35 por ciento al 18 por ciento, y que hoy en día aproximadamente
el 80 por ciento de la población del mundo en desarrollo puede
disponer de agua potable, en comparación con sólo un 30 por ciento
en 1970.
Por
supuesto es necesario esforzarse todavía más, pese a que las
estadísticas muestren un progreso importante y a que el comercio haya
contribuido a esas mejoras en las condiciones de vida.
También
estoy de acuerdo en que la buena gobernanza de las administraciones en
el mundo en desarrollo resulta esencial para cualquier programa de
alivio de la pobreza. Esta es una de las razones por las que los
gobiernos Miembros de la OMC convinieron en seguir trabajando acerca
de las denominadas nuevas cuestiones de competencia, facilitación del
comercio, transparencia en la contratación pública e inversiones.
Apoyo
la conclusión de Oxfam de que tanto las instituciones de desarrollo
como las naciones industriales han de desplegar mayores esfuerzos para
aumentar la capacidad de los países en desarrollo para participar en
el sistema mundial de comercio. Sin embargo, confieso mi sorpresa ante
el hecho de que los miembros de Oxfam ignorasen al parecer el hecho de
que la OMC ha aumentado considerablemente la financiación disponible
para asistencia técnica y ha creado un Instituto de Formación que
nos permitirá capacitar a un número de funcionarios nacionales de
países en desarrollo que se duplicará cada año. Además, el informe
hace caso omiso de los esfuerzos que hemos hecho con nuestros socios
del Banco Mundial, la UNCTAD, el Centro de Comercio Internacional, el
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y el Fondo
Monetario Internacional para conseguir una coordinación mejor de
nuestros esfuerzos de asistencia técnica y racionalizar el comercio
en el marco de los programas de desarrollo.
Oxfam
se refiere a la necesidad de “democratizar” la OMC, pero pasa por
alto el hecho de que todas las decisiones esenciales adoptadas aquí
se basan en el consenso de los gobiernos Miembros en su totalidad.
Además, nuestro mecanismo de solución de diferencias permite que
hasta los países más pequeños puedan defender sus intereses incluso
frente a las más poderosas potencias comerciales. Naturalmente es
cierto que los países que cuentan con mayores recursos tienen una
ventaja en las negociaciones y a ello se debe que nuestros programas
de creación de capacidad sean tan importantes.
Oxfam
identifica correctamente los problemas a que deben hacer frente los
gobiernos Miembros que no pueden permitirse mantener oficinas en
Ginebra. Se trata de un problema que me propuesto solucionar desde mi
entrada en funciones y respecto del cual se han realizado avances
considerables para conseguir que esos gobiernos participen de forma
más plena en el sistema multilateral de comercio. Durante los
últimos tres años la OMC ha mantenido el enlace con Ginebra de cada
uno de los 24 gobiernos Miembros de la OMC no residentes y de la
totalidad de los 11 gobiernos no residentes con la condición de
observadores mediante nuestro programa de Centros de Referencia. Con
arreglo a este programa la OMC ha facilitado material y programas
informáticos y formación para permitir a los funcionarios de esos
gobiernos acceder instantáneamente a la documentación que necesiten.
Además, los funcionarios de la Secretaría informan regularmente a
los gobiernos para mantenerles al tanto de la evolución de los
acontecimientos.
El
22 de abril, funcionarios de la totalidad de los 35 países sin
representación en Ginebra acudirán a la OMC para participar en
nuestro programa “Semana en Ginebra”, que sirve para integrar
mejor a esos países en nuestro sistema. Actualmente la Semana en
Ginebra se ha racionalizado, de modo que se organizará dos veces al
año y se financiará mediante el presupuesto ordinario. Las fechas
del programa de abril se han fijado para que coincidan con la primera
reunión del Comité de Negociaciones Comerciales de forma que los
funcionarios puedan participar en las primeras sesiones de este grupo
en el que recae la responsabilidad de la coordinación general de las
negociaciones”.
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