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Madame Catherine Dunkel Szeemann, Monsieur Nicolás Dunkel, señoras y
señores:
Dentro de algunos momentos
procederemos a inaugurar una placa y a dedicar una de nuestras salas de
reunión a la memoria del Director General Arthur Dunkel. Tenemos hoy el
honor de contar con la presencia entre nosotros de familiares del Sr.
Dunkel y de muchos de sus amigos, para rendir homenaje a un hombre cuya
herencia y cuyas ideas impregnan esta casa, nuestras actividades y los
principios del sistema multilateral de comercio tal y como fueron
establecidos por última vez por la Ronda Uruguay.
Muchos de ustedes han conocido a Arthur Dunkel, que fue Director General
del GATT desde 1980 a 1993, y han trabajado con él. Era un hombre de
convicciones firmes, un auténtico internacionalista, que dedicó toda su
energía, en circunstancias difíciles a veces, a nuestra lucha común en
favor de un sistema internacional abierto y pacífico. Arthur Dunkel fue
también un hombre pragmático que trataba de convertir las ideas en
realidad. Contaba con las condiciones, las aptitudes y las competencias
necesarias: de hecho, era un intelectual con un conocimiento profundo
del derecho internacional y de la economía mundial, un diplomático que
tenía el don de lenguas, un negociador y un administrador dotado de una
infinita paciencia, capaz de escuchar a todos, desde los miembros del
personal a los embajadores y ministros; y, al mismo tiempo, una persona
profundamente humana. En sus relaciones con los demás no trataba de
imponerse, sino de convencer. Consideraba que pueblos con culturas
diferentes y necesidades económicas muy distintas debían ser convencidos
mediante argumentos e ideas y no por la presión y por la fuerza.
De nacionalidad suiza, el Sr. Dunkel nació en
Lisboa, ciudad en la que su padre — como muchos de nosotros — trabajaba
como expatriado. Su infancia en el extranjero, su formación y su
educación en culturas diferentes influyeron profundamente en la visión
del sistema internacional de Arthur Dunkel. Dunkel estaba firmemente
convencido — lo que hoy resulta ya poco frecuente — de que los
obstáculos son perjudiciales y de que la mejor forma de eliminarlos
consiste en vivir y trabajar juntos y en elaborar normas basadas en los
valores universales de justicia y equidad. El país de Arthur Dunkel era
el mundo. Al recordar sus ideas y sus
convicciones, desearía referirme a una de sus convicciones más
destacadas: la de que las normas multilaterales que promueven el
comercio abierto son buenas y las excepciones a esas normas, por mucho
que puedan resultar necesarias por motivos políticos en determinados
momentos, deben seguir siendo lo que son — excepciones y no reglas — y
la comunidad multilateral debe esforzarse por superarlas.
Todos debemos recordar que el conjunto de normas que rige la labor de
esta Organización y constituye la base del sistema multilateral de
comercio es, en muy gran medida, obra de Arthur Dunkel. Recuerdo muy
claramente que el famoso “Proyecto Dunkel” distó mucho de agradar a todo
el mundo, en primer lugar, al Presidente de la Comisión Europea, de cuyo
Gabinete era yo Director en ese momento. El Proyecto Dunkel fue quemado
en público en algunas partes del mundo, lo que constituye un antecedente
de las manifestaciones que suelen tener ahora lugar enfrente de este
edificio y en todos los lugares en los que se celebra una conferencia de
la OMC. A este respecto también, el ejemplo de Arthur Dunkel puede
servirnos de inspiración: Arthur Dunkel no cambió de orientación para
seguir la moda, sino que siguió siendo profundamente fiel a su propia
convicción de que un sistema de comercio más abierto y justo es un
instrumento de paz y prosperidad. La solidez de
las ideas de Dunkel y la exactitud de su visión son los cimientos de una
Organización que presenta muchas características notables. Una de ellas
es el mecanismo de solución de diferencias, que en el curso de los diez
últimos años se ha convertido en la piedra angular de las relaciones
comerciales internacionales. El impresionante número de asuntos que se
sustancian cada año es la prueba de que los Miembros consideran el
sistema fiable y digno de confianza. El mecanismo de solución de
diferencias ha reforzado la capacidad de esta Organización para asegurar
la previsibilidad de las relaciones comerciales y ha dado mayor peso a
las normas multilaterales. Debemos también en
gran medida a Arthur Dunkel, que se consideraba, con la Secretaría, el
guardián de los acuerdos comerciales, la fama de fiabilidad y de
profesionalidad de que goza esta casa por lo que respecta a la gestión
de los acuerdos comerciales multilaterales. Esta parte de la actividad
de la OMC, que no suele atraer la atención del público, es esencial para
el buen funcionamiento del sistema. Desde fuera resulta difícil entender
exactamente qué es lo que debaten los delegados en cientos, tal vez
miles, de horas destinadas cada año a las reuniones de un número enorme
de consejos, comités, grupos de trabajo, y reuniones en sesión
extraordinaria, además de consultas informales, etc.
Con un poco más de perspectiva, podemos constatar que las reuniones de
esos consejos, comités y otros órganos no son más que los detalles de un
cuadro más amplio, un elemento del mecanismo que permite gestionar las
actividades normales vinculadas a las normas comerciales multilaterales,
el lugar en el que se forja la confianza entre los Miembros, confianza
cuya importancia es tan decisiva en las relaciones comerciales, y en el
que se resuelven los problemas y se aclaran los malentendidos. Arthur
Dunkel, que no tenía miedo de las largas reuniones, incluso nocturnas, y
que comprendía la necesidad de dialogar, de hablar y aún más de
escuchar, estaría sin duda satisfecho de que sus métodos sigan
aplicándose en esta casa. En lo que respecta a
la actual ronda de negociaciones comerciales, Arthur Dunkel encontraría
hoy similitudes sorprendentes con determinados momentos de la ronda
anterior. Encontraría también algunas características nuevas, aunque no
demasiado sorprendentes, porque el origen de muchas de las nuevas
características de las negociaciones actuales se remonta a la época de
Dunkel. Para comenzar con las similitudes,
permítanme citar una frase pronunciada por Arthur Dunkel en su
intervención ante el Congreso Mundial de Agricultores en Québec en junio
de 1992: “Algunos críticos del proceso de negociación tienden a decir
que la Ronda [...] está forzando unos cambios injustificados en las
políticas agrícolas [...]. La realidad es que el mundo está cambiando y
las políticas agrícolas [...] cambian y seguirán cambiando”.
Entre las negociaciones dirigidas de forma firme y discreta por Arthur
Dunkel y la ronda actual hay algunas similitudes notables: el temor al
cambio, la acusada visibilidad política, las tácticas dilatorias y el
bloqueo de determinados temas para presionar a las demás partes. Hay
también un límite de tiempo, un horizonte cerrado para las negociaciones
debido a la legislación estadounidense. Muchas de las cuestiones que son
objeto de negociación son las mismas, aunque el grado de complejidad sea
diferente. Y la esfera más sensible de las negociaciones es, ahora como
entonces, la agricultura. En cambio, la situación es diferente en otros
aspectos. ¿Qué ha cambiado desde la época de
Dunkel? En primer lugar y ante todo, la coordinación y la claridad de
los objetivos de los países en desarrollo. El G-20, constituido en
vísperas de la Conferencia Ministerial de Cancún de 2003, ha modificado
la escena de las negociaciones. Este grupo ha dado una nueva dinámica a
las negociaciones y ha incrementado cualitativamente el liderazgo de los
países en desarrollo. Lo mismo puede decirse del grupo de países que
integran el G-90, que comprenden los países menos adelantados, los
países ACP y los grupos africanos que se esfuerzan activamente por
reforzar la dimensión de desarrollo de la Ronda.
Esos nuevos aspectos, por mucho que establezcan una diferencia con la
época de Arthur Dunkel, podían ya preverse en esa época. En palabras de
David Woods, que publicó el pasado mes de junio un retrato fiel y
emotivo del Sr. Dunkel, “uno de los grandes éxitos de Dunkel consistió
en ayudar a los Miembros más pobres del GATT a aceptar la ambición de
las naciones industriales y a sacar partido de ella ... Su paciencia y
la habilidad de que dio pruebas para impedir que países como el Brasil,
la India y Egipto perdieran el tren que se disponía a abandonar la
estación, con ellos o sin ellos, fueron un modelo de diplomacia sutil,
de búsqueda laboriosa de un consenso y de inteligencia”. Desde entonces,
fue sólo una cuestión de tiempo que, los países en desarrollo pasaran al
primer plano de las negociaciones y definieran el programa de la nueva
Ronda lanzada en Doha. De forma análoga, el
nivel de ambición, especialmente el nivel de ambición de los países en
desarrollo, constituye también una novedad. Esos países son ahora los
que plantean más exigencias, los que más presionan para que se otorguen
nuevas concesiones en las negociaciones: los países de África en
relación con el algodón, la India en relación con los servicios, y Chile
en relación con las disciplinas relativas a las subvenciones a la pesca
y para impulsar como objetivo general el aumento del acceso a los
mercados para las mercancías y los servicios.
Además de esas diferencias, hay que mencionar la atención creciente de
los medios de comunicación a todos los aspectos de las negociaciones y
de las actividades de la OMC, y la creciente participación de la
sociedad civil en los debates relativos a las cuestiones comerciales.
Recientemente he tenido la ocasión — no sin cierta emoción — de ver a
militantes que representaban a la sociedad civil y escuchar sus
opiniones sobre cuestiones relativas a la OMC.
Recordando a Arthur Dunkel, y su fidelidad al ideal de la igualdad de
oportunidades y de un sistema multilateral de comercio justo, hemos de
preguntarnos con absoluta sinceridad, en este momento decisivo de las
negociaciones en curso, por qué necesitamos esta Ronda o, para decirlo
de forma aún más rotunda, qué perderíamos si esta Ronda no llegara a
buen término. La respuesta es sencilla:
necesitamos esta Ronda para fomentar el desarrollo económico y
contribuir a la reducción de la pobreza. Podemos hablar durante horas de
ello, pero la verdad es sencilla (y no debemos tener temor de decirlo):
los resultados de la Ronda serán más crecimiento y más desarrollo. No
debemos olvidar que esta Ronda ha recibido el nombre de Programa de Doha
para el Desarrollo; por lo que, nuestra atención debe centrarse en el
desarrollo. Y hoy, nuestra atención debería
centrarse en los costos que supondría el hecho de que esta Ronda no
llegara a buen término. ¿Cuál sería el costo de ello? En agricultura, se
habría perdido la oportunidad de conseguir que las actividades agrícolas
en todo el mundo se adapten mejor al futuro. En primer lugar, habríamos
perdido una oportunidad histórica de eliminar las subvenciones a la
exportación utilizadas para vender los productos agropecuarios en
condiciones de dumping en los mercados de los países en desarrollo.
Habríamos perdido también la ocasión de limitar el recurso a los
créditos a la exportación, la ayuda alimentaria y las empresas
comerciales del Estado como medio encubierto y causante de distorsiones
para fomentar las exportaciones de productos agropecuarios. En segundo
lugar, perderemos también la ocasión de conseguir y consolidar
reducciones reales de las subvenciones a la agricultura de las economías
ricas que distorsionan el comercio. De hecho, sin la Ronda de Doha esos
países podrían incluso aumentar las distorsiones que afectan actualmente
al sistema de comercio de productos agropecuarios.
De no haber nuevos compromisos de reducción, los Estados Unidos, por
ejemplo, podrían aumentar sus gastos en medidas de ayuda del
compartimento ámbar en 5.000 millones de dólares EE.UU., la Unión
Europea en 25.000 millones de dólares EE.UU. aproximadamente, el Japón
en 25.000 millones de dólares EE.UU. aproximadamente y el Canadá en poco
más de 2.000 millones de dólares EE.UU. sin violar los actuales
compromisos en el marco de la OMC. En relación con la otra cara de la
moneda — los beneficios que dejarían de obtenerse — un estudio reciente
del Banco Mundial indica que el hecho de que la Ronda no llegara a buen
término equivaldría a renunciar a importantes beneficios, que, en
función de la reforma del comercio, podrían ir de 10.000 y 200.000
millones de dólares EE.UU. de aquí a 2015. Prácticamente todos los
países perderían, pero los países en desarrollo perderían más que los
demás, pues sin nuevas reformas en el sector agropecuario de los países
desarrollados la situación no sólo mejoraría, sino que incluso podría
empeorar. En la presente Ronda están también en
juego la eliminación de las distorsiones y el desmantelamiento de los
obstáculos al comercio de un producto concreto: el algodón, que reviste
una importancia vital para muchos de los países africanos más pobres.
Esta Ronda nos proporciona un marco único para abordar los problemas de
las subvenciones al algodón y los derechos de aduana sobre ese producto.
Sin una ronda, ese marco no existiría y se perdería la oportunidad de
mejorar las condiciones de vida de millones de personas cuya
subsistencia depende del algodón en los países en desarrollo.
La oportunidad de negociar nuevas normas para la agricultura, en
general, se presenta muy pocas veces en las negociaciones
multilaterales, especialmente si se tiene en cuenta que lo que está ya
sobre el tapete es más del doble de lo que se consiguió en la Ronda
Uruguay. Si no conseguimos hacer avanzar ahora las negociaciones y
concluir la Ronda en 2006, perderemos esa oportunidad, así como la
ocasión de poner fin a las excepciones a las normas del comercio
multilateral y de promover el desarrollo. Por
último, en lo que respecta al acceso a los mercados, si la Ronda no
llegara a buen término se perdería la oportunidad de reducir los
derechos de aduana sobre los productos agropecuarios hasta un nivel
próximo a un dígito. A este respecto también, las propuestas prudentes
con las que contamos hoy nos ofrecen la posibilidad de reducir los
derechos de aduana por encima de lo conseguido en la Ronda Uruguay, lo
que proporcionaría un “acceso real a los mercados”.
Tenemos también necesidad de esta Ronda porque debemos conseguir, en lo
que respecta a los derechos de aduana sobre los productos industriales,
lo que no se consiguió plenamente en las negociaciones anteriores: la
eliminación de los elevados derechos de aduana aplicados por los países
desarrollados a determinados productos de interés para los países en
desarrollo y la reducción de los derechos de aduana de los países en
desarrollo. Sería la primera vez que redujéramos los derechos de aduana
sobre los productos industriales con arreglo a una fórmula que aplicara
reducciones mayores a los derechos de aduana más elevados, y que, según
todos los especialistas, constituye una técnica mucho más eficaz para
reducir los derechos de aduana que los promedios o las peticiones y
ofertas que se utilizaron en la época en que Arthur Dunkel era Director
General del GATT. Echar por la borda esa oportunidad equivale a mantener
intactas las crestas arancelarias que impiden a los países en desarrollo
exportar productos textiles a las economías ricas o que impiden a las
naciones pobres producir productos de mayor valor añadido. En síntesis,
desaprovecharíamos nuevas oportunidades de acceso a los mercados tanto
para los países en desarrollo como para los países desarrollados. Según
las estimaciones, si la Ronda no llegara a buen término en lo que
respecta a los productos industriales las pérdidas se situarían entre 50
y 250.000 millones de dólares EE.UU.
Necesitamos esta Ronda porque tendrá como resultado mayores compromisos
en el sector de los servicios, lo que permitirá a los exportadores de
los países en desarrollo aprovecharse de su nueva potencia competitiva.
Como todos sabemos, las actividades de servicios son importantes no sólo
por el valor de los servicios reales objeto de comercio, sino porque la
existencia de un sector de servicios eficaz y competitivo (como los
servicios bancarios y de telecomunicaciones) constituye la base
indispensable de cualquier tipo de desarrollo. Si no llegara a buen
término la Ronda se perderían las nuevas oportunidades en relación con
el comercio de servicios, sin que haya una idea clara de las nuevas
posibilidades de apertura de mercados en esa esfera.
También está en juego en la presente Ronda el mejoramiento de las normas
en la esfera de las medidas antidumping, las subvenciones y las medidas
compensatorias, y por primera vez también de las subvenciones a la
pesca, que son contrarias a los intereses a largo plazo de gran número
de países en desarrollo. También están en juego en ella las
posibilidades comerciales concretas resultantes de las negociaciones en
lo que respecta a la facilitación del comercio, que revisten enorme
importancia para las empresas pequeñas y medianas que representan una
elevada proporción de las empresas de los países en desarrollo; los
aspectos de los derechos de propiedad intelectual relacionados con el
comercio y la salud pública, el comercio y el medio ambiente y el
reforzamiento y aclaración de las normas de solución de diferencias. Y
las citadas son únicamente algunas de las esferas establecidas por los
Ministros en Doha. El nivel de ambición de los Ministros era, sin duda,
muy elevado en 2001. Y lo que hay ya sobre el tapete pone de manifiesto
que es posible mantener ese nivel de ambición.
En conjunto, las consecuencias de que la Ronda no llegara a buen término
serían crueles para los países en desarrollo. Hemos de recordar el
objetivo y los componentes de desarrollo de la presente Ronda. Ese será
el criterio más importante para valorar el éxito. En Doha prometimos a
los países en desarrollo rectificar, en favor suyo, las distorsiones
existentes en el sistema mundial de comercio. De aquí a Hong Kong
debemos tener a la vista resultados sustanciales en cada una de las
esferas de negociación, para llegar globalmente a cumplir la promesa del
Programa de Doha para el Desarrollo. Hemos de recordar que el desarrollo
estará presente en todos y cada uno de los aspectos que he enumerado. Si
la Ronda no llegara a buen término, habríamos privado a los países en
desarrollo de la esperanza de nuevas posibilidades de mercados y de una
mayor justicia y equidad de nuestro sistema multilateral de comercio.
Por todas estas razones, los Miembros que firmaron la Declaración de
Doha y el Paquete de Julio de 2004 deberían poner ahora de manifiesto su
determinación. Debe haber un compromiso de terminar las dos terceras
partes de la Ronda de aquí a Hong Kong para que, a fines de 2006, cuando
estén a punto de expirar las facultades de negociación de la
Administración estadounidense, podamos finalizar la Ronda de Doha. Para
alcanzar este objetivo, todos los Miembros — y principalmente aquellos
que tienen una responsabilidad mayor en el comercio mundial — deben
sumarse al esfuerzo común para hacer avanzar las negociaciones.
Las contribuciones a las negociaciones están, lógicamente, en función de
las posibilidades de cada Miembro, pero el esfuerzo para hacer avanzar
todo el proyecto es un esfuerzo colectivo. Arthur Dunkel pensaba — y
todos nosotros debemos pensar también — que estas negociaciones no son
un juego de suma cero. La Ronda dará lugar a una situación beneficiosa
para todos, en la que todos los Miembros ganarán, si llega a buen
término. Pero antes de poder recoger sus beneficios, hemos de conseguir
que progrese. Estas últimas semanas se han
presentado propuestas serias en el sector de la agricultura. Es
necesario que en los próximos días las negociaciones avancen aún más en
relación con todas las cuestiones en todas las esferas. Sobre la base de
las numerosas propuestas presentadas hasta ahora, necesitamos hablar de
cantidades, cifras y coeficientes. Ello es siempre una tarea difícil,
pero esencial en toda negociación. Como dice el principal personaje del
libro “Saint Germain ou la négociation”, escrito por el diplomático
belga Francis Walder, “no hay nada más difícil y que repugne más al
espíritu diplomático que establecer una magnitud”.
Es preciso superar las dificultades para fijar cifras — y a tal fin,
todas las partes deben demostrar que están dispuestas a dialogar, a
buscar de formar creativa la mejor forma de llegar a una posición común,
a un terreno intermedio —. Debe haber un proceso de concesiones mutuas,
de transacción, y sólo lo habrá si todos los Miembros participan de
forma sincera en el proceso y demuestran un espíritu flexible. No es el
momento de adoptar actitudes de “lo toma o lo deja” o propuestas de ese
tipo, sino de conjugar la flexibilidad con la ambición y con el valor y
la determinación política para progresar y alcanzar nuestros objetivos
en la presente Ronda. No hay tiempo que perder.
Ha llegado el momento de demostrar que todos estamos comprometidos, como
declararon en Doha en 2001 y reafirmaron en Ginebra en el pasado mes de
julio los Ministros, con la conclusión con éxito del Programa de Doha
para el Desarrollo. Si no se demuestra, en este momento, que ese
compromiso era serio, el futuro de todo el sistema multilateral de
comercio y de la economía mundial se verá negativamente afectado.
Muchos se han beneficiado, sin ser conscientes de ello, de los mercados
abiertos y del comercio libre. Ha llegado el momento de hacer examen de
conciencia y reflexionar de manera seria y consciente sobre nuestra fe
colectiva en los principios de esta Organización y los objetivos
establecidos en Doha. Los ideales y el ejemplo de Arthur Dunkel,
deberían inspirar nuestros pensamientos, y lo que es aún más importante,
nuestros actos. Muchas gracias. |
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