WTO NOTICIAS: DISCURSOS — DG PASCAL LAMY

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Discursos: Pascal Lamy

  

Es para mí un placer darles la bienvenida a la OMC.

Me gustaría comenzar expresando mi agradecimiento y reconocimiento a ustedes y sus colegas de la Cámara de Comercio Internacional y la Cámara de Comercio e Industria de Qatar por sus esfuerzos para promover el conocimiento de la OMC a través de su iniciativa “World Trade Agenda”.  Quiero agradecerles asimismo que se hayan tomado el tiempo necesario para reunirse hoy con los Miembros de la OMC y explicarles su campaña en favor de un sistema multilateral de comercio más abierto.

Los vínculos entre las empresas, la OMC y el GATT se remontan a los primeros días del sistema multilateral de comercio.  De hecho, la CCI viene participando en el sistema multilateral de comercio desde antes de que se creara la OMC e incluso el GATT.  En 1946, la CCI envió una delegación a Londres para asistir a la primera sesión del Comité Preparatorio de la malograda Organización Internacional del Comercio.  Durante decenios, ustedes han alentado e incitado a sus gobiernos para que hicieran avanzar el programa de apertura del comercio y fortalecimiento de las normas que rigen el comercio mundial.  Desde que abrimos nuestras puertas en 1995, ha habido representantes de la CCI y otras organizaciones empresariales en todas las Conferencias Ministeriales de la OMC, todos los Foros Públicos y prácticamente todas las demás reuniones de la Organización.

Esta asociación no tiene mucho misterio.  Para las empresas que buscaban previsibilidad, transparencia y estabilidad tras decenios de guerras y relaciones comerciales hostiles, el establecimiento de un sistema dedicado a la apertura del comercio en el marco de unas normas convenidas a nivel internacional resultaba sumamente atractivo.  Para los encargados de la formulación de políticas que fundaron el GATT y su sucesora, la OMC, era y sigue siendo fundamental contar con aportaciones de las empresas que son, a fin de cuentas, quienes hacen circular las mercancías y los servicios a través de las fronteras.  Establecer normas sobre el comercio sin consultar a quienes se dedican a comerciar sería corto de miras y contraproducente.  Son las empresas las que mejor saben dónde están los estrangulamientos que entorpecen el comercio y las que a menudo comprenden mejor cómo reducirlos.

Pero nuestra relación también es complicada y no siempre ha sido tan estrecha como afirman a veces los detractores de la OMC, de las empresas y de la apertura del comercio.  Las empresas influyen activamente en la determinación del programa comercial, pero también hay otros actores.  Son los gobiernos, al fin y al cabo, los que deciden sobre las normas que rigen el comercio internacional.  Además, no todas las empresas ven la apertura del comercio del mismo modo.

No cabe duda de que las fuerzas desencadenadas por el comercio han traído beneficios para las empresas, pero también han puesto a algunas en una situación desesperada.  Las empresas que operan en el mercado mundial tienen la oportunidad de llegar a miles de millones de nuevos consumidores y de aprovecharse buenamente de ello.  Pero para las empresas que no pueden hacer frente a la feroz competencia de los productores extranjeros, la célebre “destrucción creativa” de Joseph Schumpeter no es una conjetura académica sino una dolorosa realidad.

La aparición de cadenas de valor a escala local, regional o continental supone una mayor eficiencia para las empresas que pueden acceder a piezas y componentes de gran calidad a precios más asequibles que los existentes en el mercado interno.  Esas cadenas también pueden contribuir al desarrollo difundiendo inversión y tecnología en los nuevos mercados.  Pero para las empresas que quedan fuera de esas cadenas, la lucha por seguir siendo competitivas parece más ardua que nunca.

El comercio es un potente instrumento de mejora de la eficiencia, generación de riqueza y creación de empleo.  Procura ventajas a toda la economía en forma de bajada de precios, de una gama más amplia de productos y servicios, y de la innovación que resulta de una mayor competencia.  Pero hemos de reconocer que no todo el mundo se beneficia del comercio.  El comercio afecta a prácticamente todos, pero no de igual manera.  Es necesario mejorar los programas de formación, asesoramiento y colocación para quienes padecen sus efectos negativos.

En la OMC, estamos en la primera línea del debate sobre el comercio desde hace 17 años.  Agradecemos el apoyo recibido de nuestros partidarios, como la CCI, pero al mismo tiempo no podemos dar la espalda a los escépticos.

Somos una organización intergubernamental que debe tratar de establecer un equilibrio entre las necesidades y los intereses de 157 Miembros y de la miríada de colectivos que intentan influir en ellos.  Quizá esto explique, en parte, el alejamiento entre las empresas y la OMC que se produjo hace algunos años.

El ritmo lento de las negociaciones en la OMC ha decepcionado a muchos directivos de empresas, que han expresado su frustración por que ciertas cuestiones que consideran importantes parecen haber quedado fuera del programa;  a su juicio, el proceso de elaboración de normas en la OMC es lento en adaptarse a las necesidades cambiantes de sus empresas.

Pero la persistente y tremenda crisis económica ha relativizado todas estas cuestiones.  Ha puesto de manifiesto que la comunidad empresarial y la OMC se necesitan mutuamente.  La pérdida de interés por la apertura del comercio, latente ya en muchos países antes de la crisis, ha amenazado con transformarse en políticas de restricción del comercio.  Las empresas han constatado y han reconocido que la vigilancia de las políticas comerciales que lleva a cabo la OMC ha tenido un importante efecto disuasorio en las restricciones al comercio impuestas por los gobiernos.  Las empresas mundiales reconocen que en una era de producción y abastecimiento globales, ningún pacto regional o bilateral puede establecer condiciones de igualdad como puede hacerlo un acuerdo de ámbito mundial, y que ninguna entidad regional tiene la misma capacidad para mantener los mercados abiertos.  Esto no quiere decir que la amenaza proteccionista haya desaparecido por completo, ni que los efectos acumulados de las medidas aplicadas durante los cuatro últimos años no hayan obstaculizado el crecimiento.  Pero creo que todos nos damos cuenta de que sin una OMC activa en el centro del comercio mundial, la situación podría haber sido mucho peor.

Valoramos muy positivamente el lanzamiento en el año en curso de la iniciativa “World Trade Agenda” de la CCI, así como los esfuerzos desplegados por Jean-Guy y sus colegas en el marco del G-20, la OCDE y otros foros.  En la OMC sabemos bien que a menos que contemos con un grupo de respaldo importante a favor de una mayor apertura del comercio y del fortalecimiento de las normas comerciales, no podremos modernizar con éxito nuestro sistema de comercio.

Así pues, nosotros también nos hemos esforzado por tender puentes con las empresas.  En marzo acogimos aquí a la CCI cuando puso en marcha la iniciativa “World Trade Agenda”.  He hablado periódicamente con su junta directiva, y con el concurso de numerosos miembros de la Secretaría, hemos mantenido contactos con la CCI, con otras agrupaciones empresariales y con empresas de todo el mundo.  El mes pasado iniciamos una encuesta a empresas de más de 100 países, en la que se les invita a darnos su opinión sobre cómo podemos prestarles un mejor servicio.  Pronto publicaremos los resultados.  En breve podrán consultar también en nuestro sitio Web las nuevas páginas de información adaptadas para las empresas.  Asimismo, he convocado un Grupo de Expertos para definir el futuro del comercio mundial que cuenta con una importante presencia de representantes del mundo empresarial, entre ellos el Presidente Honorario de la CCI, Victor Fung.

Ahora que la negociación de los elementos de la Ronda de Doha como un todo está en un punto muerto y que ha decaído la energía política para respaldar las iniciativas internacionales, es necesario un fuerte impulso de las empresas si queremos vencer el proteccionismo e infundir nuevamente energía y vigor a las políticas comerciales.  Por ello, acogemos una vez más a la CCI en la OMC y le brindamos nuestro aliento y apoyo para la iniciativa “World Trade Agenda”.

 

 

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