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Estimados amigos:
Bienvenidos
a Cancún. Esta Conferencia Ministerial marca un hito importante en el
camino para completar la ronda de negociaciones comerciales del Programa
de Doha para el Desarrollo. Un desenlace fructífero y exitoso de esta
Quinta Conferencia Ministerial nos hará dar un gran paso adelante para
alcanzar resultados que satisfagan expectativas ambiciosas en estas
negociaciones dentro del plazo establecido por los Ministros en nuestra
Conferencia de 2001 en la capital de Qatar, que vence el 1º de enero
de 2005.
Un
resultado de estas negociaciones que satisfaga expectativas ambiciosas
sería un elemento importante para resolver los problemas que hoy se
nos plantean. La economía mundial ha entrado en una fase de desaceleración
inquietante; los desafíos del desarrollo sostenible son cada vez más
apremiantes; y las incertidumbres de la situación geopolítica acentúan
la necesidad de impulsar la cooperación mundial en todos los sectores.
Aunque el sistema de comercio no ofrece una solución completa de estos
problemas, ofrece sin duda una contribución importante.
La
pregunta que muchos de ustedes me han hecho es qué constituiría un resultado
exitoso en Cancún. Lo primero que yo señalaría es que esta reunión,
cualquiera que sea su desenlace, será distinta de las reuniones de Seattle
y de Doha en un aspecto muy importante: su resultado no será una simple
alternativa binaria. En Seattle y en Doha los gobiernos de los Miembros
de la OMC tenían que optar entre iniciar o no iniciar una ronda de negociaciones.
En Cancún el objetivo es un poco más sutil y diversificado.
En
la Declaración Ministerial de Doha los Ministros se fijaron tres tareas
para la Quinta Conferencia Ministerial: “hacer un balance de los progresos
realizados en las negociaciones, impartir la orientación política que
se requiera y adoptar las decisiones que sean necesarias”.
Todos
estos elementos tendrán gran importancia en nuestra labor desde ahora
hasta el final del próximo año.
Mi
propio balance de los progresos realizados hasta ahora sería un tanto
ambiguo. Aunque hemos hecho progresos importantes en algunas esferas,
y globalmente hemos avanzado mucho más que en el mismo espacio de tiempo
en la Ronda Uruguay, también hemos tenido no pocas decepciones. El buen
trabajo que se ha hecho para impulsar las negociaciones sobre las modalidades
para la agricultura y el acceso a los mercados para los productos no
agrícolas no puede ocultar el hecho de que no hemos acordado esas modalidades
en las fechas previstas. Hemos avanzado mucho en las esferas de las
normas y los servicios, pero no hemos respetado los plazos establecidos
para resolver las importantes cuestiones relativas a la aplicación,
el trato especial y diferenciado para los países en desarrollo, la reforma
del Entendimiento sobre Solución de Diferencias ni, por supuesto, para
ponernos de acuerdo sobre las modalidades para la agricultura.
(Tampoco
hemos logrado cumplir el plazo establecido para resolver la cuestión,
de vital importancia, de un mejor acceso a los medicamentos para los
países más pobres que carecen de la capacidad necesaria para fabricar
medicamentos genéricos bajo licencia. Esta cuestión es de gran importancia
para la OMC, no sólo por su carácter humanitario, sino porque su solución
demostrará a los países en desarrollo que esta Organización es capaz
de atender a sus preocupaciones más apremiantes.)
Sin
embargo, a pesar de estos reveses, los negociadores de nuestros 146
países Miembros no han escatimado esfuerzos en su búsqueda de soluciones.
Resulta
difícil predecir cuál será la índole exacta de la orientación política
que nos impartirán nuestros Ministros en Cancún. Siempre es delicado
hacer semejantes predicciones cuando se trata de evaluar las necesidades
y aspiraciones de 146 protagonistas diferentes. Con todo, no me cabe
duda de que todos los Ministros alentarán a sus negociadores para que
procuren que estas negociaciones desemboquen en una conclusión que satisfaga
expectativas ambiciosas dentro de los plazos establecidos. Desde luego,
su orientación tendrá que traducirse en hechos en la mesa de negociación.
Me
ha impresionado el grado de participación de todos los Ministros en
esta ronda. Lo que tal vez sea más extraordinario aún es la participación
que he observado a nivel de jefes de Estado y de Gobierno. Me he reunido
con más 60 jefes de Estado y de gobierno durante el año que llevo en
mi cargo, y me atrevería a afirmar que el compromiso de esos dirigentes
con el sistema mundial de comercio no tiene precedentes. En cada uno
de esos encuentros he exhortado a los gobernantes a que instaran a sus
ministros y negociadores a cumplir los compromisos asumidos al más alto
nivel. Puedo asegurarles a todos que seguiré urgiendo a los gobiernos
a esos efectos durante el resto del año y a lo largo de 2004.
Las
decisiones que se tomarán aquí abarcarán temas muy variados. Los Ministros
tendrán que decidir si se adopta o no un acuerdo sobre las modalidades,
o un marco, para la negociación de los llamados “temas de Singapur”:
las inversiones, la competencia, la transparencia de la contratación
pública y la facilitación del comercio. También se ha encomendado a
los Ministros que lleguen a un acuerdo sobre un sistema de notificación
y registro de las indicaciones geográficas para los vinos y las bebidas
espirituosas.
Los
Ministros deberán asimismo examinar las recomendaciones que les presentarán
los órganos de la OMC, entre ellas las del Consejo General sobre medidas
concernientes a las pequeñas economías y las del Comité de Comercio
y Medio Ambiente sobre medidas futuras concernientes a varios temas,
que podrían incluir la conveniencia de entablar futuras negociaciones
en algunas esferas.
Por
supuesto, el hecho de que no hayamos podido cumplir algunos plazos importantes
significa que en Cancún la adopción de decisiones será más trabajosa
de lo que se previó en Doha. Habrá que adoptar decisiones, sin duda,
en materia de agricultura, acceso a los mercados para los productos
no agrícolas, aplicación y trato especial y diferenciado.
A
mi juicio, el problema medular será la agricultura, por la gran importancia
que tiene para tantos de nuestros Miembros, desarrollados y en desarrollo.
Aunque los gobiernos han dado ejemplo de liderazgo dejando de lado la
decepción por la falta de acuerdo sobre las modalidades en la agricultura
y han seguido trabajando intensamente en todos los aspectos de nuestra
labor, a nadie se le oculta la vinculación que existe entre la agricultura
y los demás aspectos de nuestras negociaciones. Es del todo evidente
que un resultado que satisfaga expectativas ambiciosas en lo que respecta
a las modalidades para la agricultura generaría un poderoso impulso
general y mejoraría considerablemente nuestras perspectivas de completar
la ronda con éxito y dentro de los plazos establecidos.
La
gran diversidad de opiniones sobre todos los problemas planteados ante
la OMC hace que el “éxito” sea un concepto subjetivo. No obstante, creo
que todos podemos convenir en que cualquier resultado, para que pueda
significar un éxito, debe contener dos elementos. El primero guarda
relación con el desarrollo. La Ronda de Doha es la primera negociación
mundial que pone en su núcleo mismo los problemas de los países en desarrollo.
El
segundo elemento es el nivel de las expectativas. Los gobiernos se fijaron
en Doha expectativas muy ambiciosas, y lo hicieron impulsados por las
preocupaciones que les inspiraban la economía y los problemas de los
países en desarrollo en sus esfuerzos por mitigar la pobreza.
Llegados
al día de hoy, no sólo persisten estos problemas, sino que la acción
de los gobiernos ha adquirido una importancia fundamental. Por eso debemos
crear mayores oportunidades de crecimiento económico y desarrollo. Una
de las formas de hacer frente a todos estos problemas consiste en llevar
a buen fin las negociaciones de Doha. Un desenlace feliz de nuestros
trabajos en Cancún pondrá ese importante objetivo más a nuestro alcance.
Supachai
Panitchpakdi
Director General de la OMC |