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Secretaría de la OMC

Reorganizar las cadenas de valor mundiales en un entorno mundial cambiante

Durante las últimas dos décadas, las redes de producción internacionales se han visto sometidas a diversas pruebas: la pandemia de COVID-19, la intensificación de las fricciones geopolíticas, las crisis financieras y la aceleración de los desafíos climáticos. Estas crisis superpuestas han suscitado debates sobre la desglobalización —la reducción de la dependencia de los interlocutores comerciales— y la relocalización —el retorno de los procesos de producción a la economía de origen—.

Sin embargo, las pruebas presentadas en el Informe sobre el desarrollo de las cadenas de valor mundiales de 2025, publicado recientemente, son claras: las cadenas de valor mundiales (CVM) han seguido mostrando su resiliencia y siguen siendo indispensables para el funcionamiento de la economía mundial.

Los datos más recientes muestran que, aunque las CVM están sometidas a presiones, siguen representando el 46,3% del comercio mundial, una cifra no muy alejada del máximo del 48% que alcanzaron en 2022 (véase la figura 1). En lugar de desintegrarse, las cadenas de valor mundiales se están adaptando mediante una mayor digitalización y regionalización. Al mismo tiempo, estas cadenas se ven cada vez más condicionadas por consideraciones de seguridad, lo que podría tener implicaciones importantes para la sostenibilidad y la inclusión.

En el informe se hallan pruebas de que la reglobalización —la ampliación de la integración comercial a más personas, economías y cuestiones— se está produciendo en varias dimensiones, ya que las CVM ya no están tan concentradas y la digitalización, la transición verde y la geopolítica influyen cada vez más en los flujos comerciales y su gobernanza. 

Estas fuerzas están dando lugar a cambios en la composición sectorial de las CVM. Por ejemplo, tradicionalmente, las CVM se basaban sobre todo en el comercio de mercancías, ya que era más fácil fragmentar la producción de productos físicos que coordinar la división de la producción de servicios basados en el conocimiento. Sin embargo, desde 2019, las CVM han comenzado a representar una mayor proporción del comercio de servicios, ya que la digitalización facilita las cadenas de valor compuestas íntegramente por servicios, como se destacó en el Informe sobre el desarrollo de las cadenas de valor mundiales de 2021. Este cambio ayuda a explicar la resiliencia de las CVM en los últimos años. Por ejemplo, las CVM de servicios digitales se vieron mucho menos afectadas por la COVID-19 que las CVM de productos (véase la figura 2).

Una cuestión estrechamente relacionada con la evolución de la composición sectorial de las CVM es la forma en que la reglobalización afecta a quiénes participan en el comercio a través de estas, es decir, la evolución de la composición geográfica. Esto se ilustra en el informe mediante el examen de la cadena de valor de los vehículos eléctricos, que ha experimentado una transformación en la geografía del comercio mundial de vehículos de motor a medida que han aumentado las ventas de vehículos eléctricos (véase la figura 3). 

En términos más generales, la reglobalización se puede observar en la disminución de la participación en el comercio en el marco de las CVM de las diez economías más integradas en estas cadenas, que pasó del 76% en 2010 al 64% en 2024, a medida que la participación en las CVM de las economías emergentes aumentaba rápidamente. Por ejemplo, en Asia, Viet Nam, el Taipei Chino, Singapur, la India y Tailandia se han beneficiado de la reorganización de las cadenas de suministro impulsadas por China. Las primeras tendencias también indican un repunte de la participación en el comercio de África y América Latina, a pesar de que factores institucionales, como la brecha digital y las restricciones de capital, siguen limitando la participación de estas regiones en las CVM. 

África y América Latina también están desempeñando un papel cada vez más importante en la ampliación del marco de gobernanza de las CVM, otro tema importante del informe.

Las ágiles respuestas de los Gobiernos a las crisis recientes han ayudado a amortiguar el impacto de estos acontecimientos y han contribuido a la diversificación. En el informe se examina el auge de las políticas industriales y ambientales, que han aumentado a una escala sin precedentes. Los recientes ejercicios de cartografía muestran grandes intervenciones específicas, como subvenciones, en más de 70 economías, concentradas en sectores que hacen un uso intensivo de las CVM, como el de los semiconductores, las tecnologías de energía limpia, la infraestructura digital y los minerales críticos. 

El informe presenta un nuevo trabajo empírico, basado en tablas insumo-producto y datos a nivel de empresa, que muestra que los efectos indirectos de estas políticas industriales y ambientales en proveedores, clientes y competidores de terceros países pueden ser similares o incluso superiores a los efectos directos del apoyo gubernamental a nivel interno, generando tanto efectos positivos de difusión del conocimiento como riesgos negativos de desplazamiento para los interlocutores comerciales. 

Además, si bien estas políticas industriales y ambientales pueden contribuir positivamente a objetivos fundamentales, como la transición verde, el informe sostiene que se necesita más transparencia, coordinación y evaluación para evitar efectos indirectos negativos en otras economías y carreras de subvenciones infructuosas. 

En este contexto, el informe describe el rápido crecimiento del uso de acuerdos comerciales específicos (ACE), una herramienta flexible para la cooperación entre Gobiernos. Los ACE, a menudo denominados "miniacuerdos", son acuerdos relacionados con el comercio, de carácter sectorial o de alcance limitado, que suelen centrarse en abordar los obstáculos no arancelarios mediante disposiciones de derecho indicativo. 

Estos acuerdos permiten a los Gobiernos abordar de forma innovadora cuestiones emergentes, y pueden servir de base para posteriores negociaciones multilaterales. Sobre la base de un amplio ejercicio de cartografía, el informe muestra que, a finales de 2024, se habían firmado más de 185 ACE tan solo en los ámbitos del comercio digital y los minerales críticos, muchos de ellos entre 2019 y 2024. El número de pares de economías vinculadas por ACE en el ámbito del comercio digital se multiplicó por más de 30 entre 2019 y 2024, mientras que el 80% de todos los acuerdos relacionados con los minerales se han celebrado desde 2022 (véase la figura 4).

Los datos iniciales sugieren que los ACE pueden influir en los flujos comerciales y las decisiones de inversión, aunque no sean vinculantes. Las estimaciones indican que, en promedio, los ACE relacionados con minerales críticos han aumentado el valor del comercio entre los socios en un 12%, un efecto similar al de los acuerdos comerciales regionales superficiales. En el caso de los marcos comerciales digitales, solo se observan efectos significativos en los acuerdos más amplios. 

La flexibilidad de los ACE aporta beneficios, pero también plantea retos. Al igual que las políticas industriales, los ACE pueden adolecer en ocasiones de falta de transparencia. Por ejemplo, de los 185 ACE identificados, solo 55 textos oficiales estaban disponibles públicamente. 

Desde una perspectiva más amplia, la superposición de normas, si no se coordina, podría fragmentar el sistema mundial de comercio. Por otra parte, si dichos acuerdos se integran en mecanismos transparentes de diálogo y notificación, pueden complementar el marco multilateral.

En general, el Informe sobre el desarrollo de las cadenas de valor mundiales de 2025 ofrece un mensaje positivo sobre la situación de las cadenas de valor mundiales y el comercio mundial, pero también destaca el aumento de las tensiones que pueden dar lugar a volatilidad en el futuro. 

Los datos y las pruebas recopilados para el informe son anteriores a los aumentos arancelarios de 2025 y a la incertidumbre conexa. Sin embargo, los últimos datos disponibles a fecha de febrero de 2026 parecen confirmar las principales conclusiones del informe, según las cuales las cadenas de valor mundiales han seguido mostrando resiliencia y el crecimiento del comercio se ha mantenido sólido, a pesar del aumento de las tensiones y la incertidumbre y de unas perspectivas poco claras. 

Las cadenas de suministro han demostrado reiteradamente su capacidad de adaptación, gracias a los enfoques de política ágiles y creativos adoptados para gestionar las perturbaciones del comercio.