DDG Jean-Marie Paugam

Reflexiones sobre el comercio mundial

por Jean-Marie Paugam, Director General Adjunto de la OMC & Lawrence Haddad, Executive Director, GAIN

Aprovechar las normas de la OMC para combatir la malnutrición

Jean-Marie Paugam, Director General Adjunto de la Organización Mundial del Comercio (OMC)
Lawrence Haddad, Director Ejecutivo de Global Alliance for Improved Nutrition (GAIN)

El comercio de alimentos no es un lujo: es una necesidad. Más de 30 países correrían el riesgo de padecer hambruna si se interrumpiese el comercio internacional de alimentos. Aunque la inseguridad alimentaria supone un grave riesgo para los países menos desarrollados que dependen del comercio, la dependencia del comercio para la seguridad alimentaria también es un motivo de preocupación para los países más ricos. Los países árabes del Golfo, que se enfrentan a una grave escasez de agua, importan entre el 80% y el 90% de sus alimentos, Singapur importa el 90% y Haití importa el 50%. A nivel mundial, el 25% de la producción de alimentos es objeto de comercio internacional.

En la actualidad, se comercializan diariamente casi 5.000 billones de kilocalorías — más del doble que en 2000 —, mientras que el comercio diario de alimentos per cápita ha aumentado de 930 kilocalorías a 1.640 kilocalorías en los últimos 25 años. El valor del sector ha alcanzado USD 2,3 billones, lo que confirma su papel fundamental en la economía mundial.

Las ventajas del comercio suelen considerarse en términos económicos, pero su repercusión humana — sobre la malnutrición en particular — es innegable. La malnutrición frena el desarrollo, debilita la inmunidad y deteriora la salud ósea y muscular.

El 9 de diciembre de 2024, el simposio anual de la OMC sobre la agricultura, en el que participaron Global Alliance for Improved Nutrition (GAIN) y otros organismos intergubernamentales, puso de relieve el intrincado vínculo existente entre comercio y nutrición.

El comercio es vital para la seguridad nutricional mundial. En 2010, la diversidad de alimentos disponibles para el consumo a través del comercio era casi un 60% mayor que la variedad producida a nivel nacional; en 2020, esta cifra se había elevado a casi el 90%. El acceso a una gama más amplia de alimentos favorece dietas más saludables y permite obtener mejores resultados para la salud.

Las decisiones comerciales pueden tener consecuencias de largo alcance. Desde el estallido de la guerra en Ucrania, las perturbaciones del suministro de aceite de girasol han disparado los precios. Como consecuencia, Indonesia, ante las comprensibles presiones internas, interrumpió sus exportaciones de aceite de palma. Entre las repercusiones ulteriores en las economías importadoras cabe citar la suspensión del programa de enriquecimiento de aceite comestible de Bangladesh. Esto ilustra cómo los cambios de política en una región pueden causar inadvertidamente carencias nutricionales a miles de kilómetros de distancia.

Un estudio publicado en 2022 en la revista Nature Food cuantificó lo que estaba en juego: el comercio internacional de alimentos nutritivos como verduras, frutas, legumbres y frutos secos contribuyó a reducir la mortalidad por enfermedades no transmisibles en 1,4 millones de muertes a nivel mundial.

La cuestión es cómo se puede aprovechar el comercio para maximizar sus efectos positivos en la nutrición. Una solución consiste en alinear las políticas comerciales con los objetivos de salud. Los aranceles elevados sobre los alimentos nutritivos o las subvenciones a los productos poco saludables socavan la salud pública. Las políticas comerciales deben incentivar la elección de alimentos sanos y desalentar el consumo de los que no lo son.

Se están dando ya algunos pasos. GAIN ha defendido con éxito la reducción de los derechos de importación sobre las mezclas de vitaminas y minerales en Pakistán, lo que ha permitido reanudar los programas de enriquecimiento. Y hay muchos otros ejemplos de alineación exitosa de la política comercial y los objetivos de nutrición. En 2024, Nigeria redujo del 20% al 5% los aranceles sobre el maíz, el arroz integral, el trigo y los caupís. Anteriormente, Fiji había reducido los aranceles sobre determinadas verduras y frutas importadas de niveles tan altos como el 32% al 5%, promoviendo explícitamente dietas más saludables. Del mismo modo, Samoa y Tonga han introducido impuestos sobre las carnes grasas y las bebidas azucaradas.

El Acuerdo sobre Medidas Sanitarias y Fitosanitarias y el Acuerdo sobre Obstáculos Técnicos al Comercio de la OMC facultan a los Gobiernos para garantizar la inocuidad de los alimentos importados y utilizar etiquetas nutricionales y de advertencia, así como otras herramientas, para concienciar a los consumidores y combatir la desinformación. Otros Acuerdos, como el Acuerdo sobre Facilitación del Comercio, reducen los trámites burocráticos y agilizan los procedimientos aduaneros, minimizando las pérdidas de alimentos y nutrientes al acelerar las cadenas de suministro.

No se puede subestimar la incidencia del corpus de normas de la OMC sobre la nutrición. Al ayudar a sus Miembros a comprender los efectos de la política comercial sobre la nutrición, la OMC puede desempeñar un papel clave en la transición hacia sistemas alimentarios más sanos y nutritivos. Juntos, debemos practicar el comercio de manera que la malnutrición desaparezca de la faz de la tierra.