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Introducción

Me complace estar hoy con ustedes en el Foro Mundial sobre la Agricultura y contribuir a los debates acerca de las tecnologías digitales y su función en la cadena de valor alimentaria.

El mundo está cambiando rápidamente, y debemos prestar atención a los posibles beneficios de los adelantos tecnológicos para la producción y el comercio de productos agropecuarios. No es de extrañar que en la OMC los Miembros mantengan constantemente debates sobre dos temas cada vez más interrelacionados: la agricultura y el comercio electrónico.

Las perspectivas de hacer avanzar la labor en estas esferas son halagüeñas. En los debates que hemos mantenido desde la Conferencia Ministerial celebrada en Buenos Aires el año pasado, los Miembros de la OMC han manifestado claramente que están a favor de avanzar en estas cuestiones. También son prometedores los debates sobre las MIPYME que se han desarrollado en el seno de la OMC, y la aplicación de las tecnologías digitales en la esfera de la agricultura permite albergar esperanzas a los productores más pequeños. Gracias a las tecnologías digitales, para los pequeños productores es más fácil obtener información esencial, tomar decisiones inteligentes sobre la producción y conectar con los mercados. Los Miembros de la OMC ven con sumo interés los posibles efectos positivos que se derivarán a nivel mundial de una labor conjunta en estos ámbitos.

En el año 2050, el sector agropecuario tendrá que procurar alimentos a 9.000 millones de personas con unos recursos naturales limitados y de una manera más sostenible. Los adelantos tecnológicos en general tienen un papel fundamental que desempeñar en la consecución de este objetivo y, en particular, las tecnologías digitales mediante la difusión de la información, los conocimientos y las buenas prácticas pertinentes.

En mi charla de hoy deseo poner de relieve los cuatro elementos principales mediante los cuales la OMC contribuye a velar por que el sistema mundial de comercio de productos agropecuarios esté a la altura de este desafío.

  1. Comercio inclusivo: el marco de la OMC contribuye a asegurar que los beneficios de la TIC se comparten ampliamente y a crear un sistema de comercio inclusivo.
  2. Transparencia: la labor de la OMC de recopilación, sintetización e integración de los datos de los Miembros mejora la transparencia, con lo que los responsables de la adopción de decisiones disponen de la información que necesitan.
  3. Flexibilidad: desde Buenos Aires, los Miembros de la OMC han estado reflexionando acerca de los posibles enfoques para compartir la información, promover el diálogo y hacer avanzar los debates.
  4. Soluciones colaborativas: dada la complejidad de estas cuestiones, las soluciones colaborativas son esenciales.

Las tecnologías digitales pueden apoyar el comercio inclusivo: el marco de la OMC contribuye a asegurar que los beneficios de la digitalización se compartan ampliamente y a crear un sistema de comercio inclusivo

Las nuevas tecnologías pueden ayudar a reducir los obstáculos a la participación en el sistema de comercio de productos agropecuarios, y garantizar así que los beneficios que este reporta se compartan más ampliamente. Estas tecnologías proporcionan beneficios capaces de transformar el comercio de productos agropecuarios; entre otras cosas, facilitan la integración en los mercados y garantizan el comercio seguro. El G-20 también ha reconocido y defendido el papel de las nuevas tecnologías en la agricultura como un medio eficaz para aumentar la seguridad alimentaria a nivel mundial y superar las desigualdades de ingresos. La OMC contribuye a crear un entorno propicio para la adopción y la utilización de las tecnologías digitales en los sistemas de comercio de productos agropecuarios.

Las nuevas tecnologías y las innovaciones han transformado la gestión de los riesgos sanitarios y fitosanitarios en las cadenas de valor alimentarias. El Fondo para la Aplicación de Normas y el Fomento del Comercio (STDF), una iniciativa mundial, reúne a expertos de las esferas del comercio, la salud y la agricultura para abordar los desafíos sanitarios y fitosanitarios y promover soluciones con el fin de impulsar el comercio seguro, contribuyendo así a la consecución de los objetivos de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas. Muchas de estas soluciones se basan en las nuevas tecnologías y las herramientas digitales.

Gracias a las herramientas digitales, es más probable detectar riesgos en las cadenas de valor. Por ejemplo, en la región de Asia y el Pacífico, los países se benefician de un proyecto del STDF cuya finalidad es facilitar el comercio mediante el fortalecimiento de los sistemas de información para la vigilancia y la notificación de plagas.

Las herramientas digitales pueden reducir el papeleo innecesario. Otro proyecto del STDF tiene por objeto evaluar la utilización de la certificación electrónica para el comercio de animales y de productos de origen animal, e identificar así cómo pueden beneficiarse de ello las autoridades veterinarias de los países en desarrollo. La transición a los sistemas de certificación automatizados reduce el tiempo dedicado a procesar y transmitir datos, lo que lleva a un aumento de las exportaciones y del ahorro en el sector privado.

Tanto si se trata de las pruebas de diagnóstico rápido mediante teléfonos inteligentes como de los rastreadores de plagas o la certificación electrónica, las herramientas digitales ayudan a los países en desarrollo a acceder a lucrativos mercados regionales e internacionales. Estas herramientas pueden contribuir al crecimiento económico sostenible, la reducción de la pobreza y el aumento de la confianza entre los interlocutores comerciales.

Dicho esto, añadiré que sigue preocupando la desigualdad existente entre los países en cuanto a conectividad, acceso a la información y nuevas tecnologías, así como la aptitud para aplicarlas. Los posibles efectos positivos de las herramientas digitales dependen sustancialmente de las políticas oficiales de apoyo y de que se adopten medidas concretas encaminadas a que el acceso a la información y las nuevas tecnologías sea más equitativo.

Las normas de la OMC sobre la agricultura proporcionan a los Gobiernos margen de actuación para establecer políticas de apoyo e invertir en investigación, formación, y servicios de divulgación y asesoramiento, lo que incluye contribuir a asegurar que la información llegue a los productores y los consumidores.

Por supuesto, es necesario hacer más para facilitar el comercio, sobre todo mediante la reducción de los obstáculos comerciales tradicionales a la circulación de mercancías y servicios, así como la eliminación de las distorsiones del comercio, a fin de que no menoscaben los posibles beneficios de la adopción de las tecnologías digitales.

La transparencia es esencial para la confianza: la digitalización de la agricultura también proporciona mecanismos nuevos para el intercambio de información y la transparencia. La labor de la OMC -recopilar, sintetizar e integrar los datos de los Miembros- mejora la transparencia, con lo que los responsables de la adopción de decisiones disponen de la información que necesitan

La agricultura es un sector que ha requerido siempre un gran volumen de datos, pero a menudo los agricultores -probablemente más que otras partes interesadas de la cadena de valor alimentaria- no podían acceder a los datos. Y cuando accedían, carecían de las herramientas necesarias para sintetizarlos y analizarlos.

Las nuevas tecnologías han desempeñado un papel esencial en la democratización de los datos. Ahora los agricultores pueden disponer de información en tiempo real en sus teléfonos móviles para fundamentar sus decisiones en materia de producción y comercialización. Los pequeños agricultores de zonas remotas pueden descargar las estadísticas sobre los pronósticos meteorológicos, las condiciones de los cultivos y la prevalencia de plagas, así como acceder a información sobre los precios, las normas de los mercados de exportación y los servicios financieros en cada etapa de la cadena de valor alimentaria.

Además, las herramientas digitales pueden desempeñar un papel importante en la reducción de las asimetrías de información entre las distintas partes interesadas que intervienen en las cadenas de valor alimentarias. Una comunicación mejor entre compradores y productores minimiza los malentendidos y aumenta la confianza. En última instancia, el sistema internacional de comercio se fortalece mediante la confianza que generan estas conexiones más sólidas.

Tanto la OCDE como la OMC contribuyen a asegurar la transparencia del comercio y la política agrícolas. La OCDE, con su labor de vigilancia de las políticas, en particular en la esfera de la agricultura, pone de relieve las actuales políticas y prevé las futuras consecuencias de las pautas de las políticas y la producción. Arrojando luz sobre las políticas agrícolas, la OCDE proporciona a los países información y análisis y fomenta la concienciación colectiva con respecto a la necesidad de afrontar las distorsiones del mercado.

La transparencia también está consagrada en las normas y los procesos de la OMC. En la esfera de la agricultura, los Miembros proporcionan a sus interlocutores comerciales información sobre la ayuda interna a la agricultura, las importaciones realizadas en el marco de contingentes arancelarios y las políticas de competencia de las exportaciones. Esta información es una aportación esencial para las futuras negociaciones, sirviendo de base a un debate más fundamentado y al entendimiento.

En la OMC, se están poniendo en aplicación nuevos sistemas de datos. Este mismo año los Miembros podrán introducir sus notificaciones directamente en un sistema de presentación en línea de las notificaciones. Este sistema mejorará la transparencia fomentando la presentación armonizada de datos y garantizando la precisión por medio de cálculos automatizados. La base de datos proporcionará una recopilación de datos de todos los Miembros sintetizando la información de un modo que permita una mayor comprensión de las políticas. En la Secretaría se están desarrollando y ampliando otros sistemas que vincularán las bases de datos, lo que permitirá la búsqueda y el análisis en todas las fuentes de información sobre políticas comerciales de que dispone la OMC.

Los rápidos cambios exigen enfoques flexibles: desde Buenos Aires, los Miembros de la OMC han reflexionado acerca de nuevos enfoques flexibles sobre cómo compartir la información, promover el diálogo y hacer avanzar los debates.

Se observa la firme determinación de hacer progresos en todas las principales cuestiones del comercio agropecuario: la ayuda interna, el acceso a los mercados y la competencia de las exportaciones.

En mi opinión, opinión que comparten cada vez más Miembros de la OMC, esto nos brinda la oportunidad de un nuevo inicio. Ahora los Miembros pueden centrarse en los verdaderos obstáculos al comercio agrícola y elaborar disciplinas capaces de promover un sistema justo y orientado al mercado que pueda aumentar la producción a fin de procurar alimentos a la creciente población mundial y aumentar la seguridad alimentaria de los países.

La economía mundial está cambiando rápidamente. La tecnología ofrece posibles soluciones a lo que antes se consideraba problemas insalvables en la esfera de la agricultura. La impresionante rapidez de los cambios exige enfoques nuevos y flexibles, enfoques que promuevan el entendimiento en lugar de exacerbar las diferencias.

El nuevo Presidente de las negociaciones sobre agricultura en el seno de la OMC, el Embajador Ford de Guyana, ha aceptado el reto con entusiasmo. Doctorado en Economía Agraria, con muchos años de experiencia como economista en la FAO, está altamente capacitado para ponerse al frente de estos debates técnicos. Entiende la agricultura y el papel esencial que desempeña el comercio de productos agropecuarios en la economía mundial. Está impaciente por estudiar nuevos enfoques flexibles para que los Miembros intercambien y examinen la información, a fin de crear el necesario terreno fértil para el diálogo y el debate.

Una masa crítica de Miembros de la OMC piensa que también hay margen de mejora en otras esferas de las normas de la Organización para aumentar el crecimiento económico mundial y el nivel de vida de todos los países. En estas esferas, las tecnologías digitales desempeñan un papel fundamental.

  • En la última Conferencia Ministerial celebrada en Buenos Aires, 71 países, que representan tres cuartas partes del PIB mundial, acordaron buscar un terreno común con respecto a las normas relacionadas con el comercio electrónico.
  • Más de 80 países decidieron abordar las necesidades de las microempresas y las pequeñas y medianas empresas (MIPYME) para fomentar su participación en los mercados regionales y mundiales. Una vez más insisto en que mejorar el acceso a una información oportuna y fiable se encuentra entre las necesidades más acuciantes de las MIPYME.

En el contexto de estas iniciativas, los países ya han empezado a estudiar en qué medida es posible realizar reformas que fortalezcan la elaboración de políticas comerciales mundiales y apoyen el sistema multilateral de comercio.

Soluciones colaborativas: dada la complejidad de estas cuestiones, las soluciones colaborativas son esenciales.

El cambio tecnológico; el desarrollo agrícola; la incertidumbre en cuanto al medio ambiente. Estas cuestiones interactúan de maneras complejas. A fin de alcanzar soluciones sostenibles a problemas apremiantes, debemos seguir trabajando juntos, a nivel individual, nacional y multilateral. Las organizaciones pueden colaborar para aunar distintos puntos de vista a fin de identificar las oportunidades y los riesgos futuros.

Ya he mencionado un ejemplo de colaboración eficaz: el STDF.

El STDF es una iniciativa de la FAO, la OIE, la OMS, la OMC y el Grupo del Banco Mundial, las secretarías del Codex y de la CIPF, donantes bilaterales, expertos de países en desarrollo, otras organizaciones internacionales o regionales que intervienen en la creación de capacidad sanitaria y fitosanitaria, y el sector privado. Trabajando sobre la base de los diversos conocimientos de estas organizaciones, el STDF identifica las buenas prácticas y aprovecha los recursos para ayudar a los países en desarrollo a cumplir las normas internacionales, lo que a su vez los ayuda a participar en las cadenas de valor mundiales. Con sus proyectos, el STDF apoya a agricultores, empresas de transformación, comerciantes y Gobiernos de todo el mundo. En su mayor parte, los proyectos se basan en un enfoque de colaboración entre los sectores público y privado.

El Sistema de información sobre el mercado agrícola (SIMA) es otro ejemplo de colaboración provechosa. El SIMA es una plataforma interinstitucional establecida para mejorar la transparencia en los mercados alimentarios y dar respuestas a los problemas de seguridad alimentaria. Integrado por los principales países comerciantes de productos agropecuarios, el SIMA evalúa los suministros mundiales de alimentos, centrándose en el trigo, el maíz, el arroz y la soja, y proporciona una plataforma para coordinar la actuación política en tiempos de incertidumbre en el mercado. Mediante la mejora de la transparencia y la coordinación de políticas en los mercados internacionales de alimentos, el SIMA ha ayudado a prevenir las subidas de precios inesperadas y a fortalecer la seguridad alimentaria mundial.

La colaboración es difícil y requiere tiempo. Puede tener un alto costo. Exige paciencia y la voluntad de ver las cuestiones desde perspectivas distintas. Pero solo mediante esfuerzos significativos para entablar el diálogo con los demás obtendremos respuestas a las preguntas que nos ayudarán a identificar soluciones a problemas acuciantes.

Observaciones finales

Con una población mundial cada vez más numerosa, se necesitan sistemas agrícolas innovadores con el fin de asegurar una producción de alimentos suficiente para todos los países y promover su seguridad alimentaria.

Nunca se insistirá bastante en la importancia del papel que desempeña el comercio internacional de productos agropecuarios. El sistema multilateral de comercio basado en normas ha contribuido considerablemente a mejorar el acceso de los países con déficit de producción a alimentos de alta calidad y al mismo tiempo a aumentar el nivel de vida de muchas personas en todo el mundo.

Las tecnologías digitales desempeñan un papel cada vez más importante tanto en la producción de alimentos como en su fluida circulación desde el lugar donde se producen hasta el lugar donde se necesitan. Las cadenas de valor alimentarias contemporáneas se basan cada vez más en los datos. Las normas de la OMC proporcionan amplio margen para las políticas de apoyo y para las muy necesarias inversiones encaminadas a mejorar el acceso a la información y a los conocimientos para todos. Este margen de actuación, combinado con nuevas posibles normas comerciales, contribuirá significativamente a aumentar la seguridad alimentaria, la inocuidad de los alimentos y la producción sostenible.

Tengo la firme convicción de que entablando debates pragmáticos, específicos y reflexivos, como el que mantenemos hoy aquí, podremos ayudar a establecer el camino a seguir para una mayor cooperación en el seno de un sistema internacional basado en normas. Podemos concebir, y después crear, nuevas vías para una reforma de la política agrícola sostenible y un crecimiento económico inclusivo.

MUCHAS GRACIAS.

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