DIRECTOR GENERAL ADJUNTO ALAN WM. WOLFF

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PUBLICACIÓN DEL INFORME DEL ESTADO DE LOS MERCADOS DE PRODUCTOS BÁSICOS AGRÍCOLAS 2020
Observaciones de Alan Wm. Wolff, Director General Adjunto de la Organización Mundial del Comercio

1)¿Cuál es el futuro del comercio agropecuario y de las cadenas de valor mundiales del sector agrícola?

Quiero felicitar a la FAO por su edición más reciente del informe El estado de los mercados de productos básicos agrícolas (SOCO 2020).

En el informe se demuestra que el comercio internacional de productos alimenticios y agropecuarios es absolutamente fundamental para el futuro de la agricultura. El mundo está actualmente tan interconectado que no podemos mencionar o concebir la seguridad alimentaria mundial sin comercio internacional.

El comercio internacional de productos alimenticios permite alimentar a una de cada seis personas en el mundo y, como se demuestra en el informe, esta proporción ha crecido de modo constante. De hecho, el comercio internacional de productos alimenticios y agropecuarios se ha duplicado en términos reales desde la entrada en vigor del Acuerdo sobre la Agricultura de la OMC, es decir, desde el 1 de enero de 1995. En la actualidad, ese comercio alcanza un valor de USD 1,5 billones al año.

El comercio internacional de productos alimenticios hace posible el desplazamiento de esos productos desde las tierras en que abundan hacia las zonas en que escasean. Nada es más importante que la supervivencia humana. El comercio permite la distribución óptima de los productos alimenticios y la reducción del hambre a niveles mínimos.

El comercio conduce también a una distribución más eficaz de los recursos naturales destinados a la producción de alimentos. Decir “comercio de productos agropecuarios” es como decir “comercio de tierra y agua”. Como nos muestra el PNUD, sin el comercio internacional de productos alimenticios, un país como Egipto necesitaría tres ríos Nilo, en lugar de uno, para lograr la autosuficiencia alimentaria.

La actual crisis climática hace incluso más imperativa la cooperación mundial en materia de alimentos, y en particular la política comercial agroalimentaria. Por desgracia, vivimos en un mundo en el que es previsible que las calamidades climáticas y los desastres naturales se conviertan en un elemento ordinario de nuestras vidas, y el comercio será fundamental para impedir que los vecinos en situación de necesidad pasen hambre.

Por todo ello, el comercio internacional de productos agroalimentarios es esencial para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y los principales pilares de la Agenda 2030. Ese comercio puede ayudar a reducir la pobreza al ampliar las oportunidades de mercado para los agricultores; combatir el hambre al lograr que haya alimentos disponibles donde, en otro caso, no los habría; y mejorar la distribución de los recursos naturales escasos del mundo.

En la actualidad, aproximadamente la tercera parte de todas las exportaciones de productos agrícolas y alimenticios del mundo se comercializa a través de cadenas de valor mundiales. El comercio internacional de productos alimenticios no se parece ya en nada al saco de arroz o al costal de trigo que cruzan la frontera de un país. En realidad, los productos básicos primarios cruzan las fronteras nacionales al menos dos veces, ya que se exportan para ser transformados en productos alimenticios y, una vez realizada esa transformación, muchos de ellos vuelven a su lugar de origen.

A la vista de esos hechos ¿cuáles deberían ser nuestras prioridades en materia de comercio?

A mi modo de ver, las siguientes:

  • En primer lugar, mantener los mercados abiertos. En el momento más álgido de la pandemia de COVID-19 preocupaba seriamente la posibilidad de que se repitiera la crisis de los precios de los productos alimenticios de 2008, desencadenada por una oleada de restricciones a la exportación de esos productos. Ese temor determinó a los responsables de las políticas mundiales y a los Ministros de Agricultura y Ministros de Comercio del G-20 a hacer un llamamiento a favor de la moderación en materia de políticas. El llamamiento obtuvo una amplia respuesta. Muchas de las restricciones que se habían puesto en vigor se han reducido gradualmente. 
    • Los Ministros pidieron que no se desorganizasen las cadenas de valor mundiales de productos agrícolas. Actualmente se llevan a cabo en la OMC negociaciones sobre restricciones a la exportación de productos alimenticios con miras a dar más transparencia a esas medidas y avisar con mayor antelación a los importadores de productos alimenticios. El informe SOCO 2020 de la FAO acierta al poner de relieve esa cuestión.
  • En segundo lugar, continuar el largo y arduo recorrido de la reforma de las políticas comerciales agrícolas en la OMC. 
    • La andadura se inició con la adopción del Acuerdo sobre la Agricultura de la OMC en 1995, pero no ha concluido. El Acuerdo lleva implícito un llamamiento para un programa de reformas continuas.  
    • El promedio arancelario aplicado a los productos agrícolas es casi el doble que el aplicado a los productos industriales, y sigue habiendo un amplio desfase en la OMC entre los tipos arancelarios consolidados y aplicados por los países. 
    • Las subvenciones agrícolas y la ayuda interna a la agricultura — según la terminología de la OMC — son muy elevadas y, con frecuencia, comparables a las subvenciones a la energía por su tamaño. Esas subvenciones distorsionan el comercio y desdibujan las señales de los precios que hacen eficiente la actividad comercial. Para que el comercio haga posible una asignación óptima de los recursos (naturales y de otro tipo), es necesario que las señales de los precios subyacentes no induzcan a error. 
    • Las políticas de competencia de las exportaciones deben contribuir también a crear condiciones de igualdad.
    • La seguridad alimentaria debe garantizarse mediante un sistema de comercio que sea flexible sin distorsionar por inadvertencia el comercio mundial. 
  • En tercer lugar, reconocer que el comercio de productos agroalimentarios no es posible sin el comercio de otros muchos bienes y servicios  
    • Las normas de la OMC deben ser consideradas como un todo. 
    • Por ejemplo, si se liberalizase el comercio de productos agrícolas, pero se restringiese el comercio de abonos, el sector agrícola sufriría inevitablemente las consecuencias. En la OMC, los abonos son un producto industrial cuyo comercio internacional alcanza un volumen de unos 190 millones de toneladas al año y hace posible la agricultura. Lo mismo cabe decir de los tractores, los arados y todos los demás productos, incluidos los drones y el moderno equipo controlado a distancia, que son esenciales para la producción agrícola contemporánea. 
    • El comercio de servicios es igualmente esencial. Los agricultores necesitan servicios de pronóstico meteorológico, bolsas de productos básicos, servicios de banca y seguros, servicios de transporte y otros.
    • Es preciso reconocer el derecho de los agricultores a participar plenamente en la economía digital mundial.  
  • Por consiguiente, debemos propugnar una mayor apertura del comercio en todos los sectores de la economía con objeto de promover la agricultura y, en particular, las cadenas de valor mundiales de productos esenciales para el presente y para el futuro.

La reafirmación en las posiciones del pasado no favorecerá los avances. Las soluciones a los problemas mundiales dependen de que los Miembros de la OMC presenten propuestas con perspectivas de futuro, participen en deliberaciones serias y lleguen a un entendimiento común que después se plasme en acuerdos.

La pandemia de COVID-19 ha afectado menos al comercio en el sector agrícola que en otros sectores de la economía. Ello se debe a que las conmociones de la demanda sectorial no se concentraron en el sector alimentario, sino en sectores afectados por la distancia social (tales como el turismo, los viajes, los hoteles y restaurantes, y las celebraciones) y por la incertidumbre económica. También es cierto que el consumo de alimentos no puede reducirse o aplazarse sin graves riesgos.

A pesar de ello, la COVID-19 ha planteado serios problemas a los responsables de la política alimentaria, y ha estado en el origen de los llamamientos mundiales en favor de la moderación en la aplicación de políticas. Aunque, al comenzar la crisis, se adoptaron algunas medidas restrictivas de las exportaciones de productos alimenticios, muchas de esas medidas se han eliminado ya, y también se ha adoptado un número sustancial de medidas de liberalización del comercio para facilitar el acceso a los productos alimenticios (por ejemplo, la aceptación de certificados electrónicos para esos productos en las fronteras aduaneras y la reducción de aranceles).

La crisis de la COVID-19 nos enseña que es necesario no solo aplicar una política de comercio agrícola más resiliente, sino también lograr un sector agrícola mundial más dinámico y capaz de dar respuesta a las necesidades de la población mundial.

2)  ¿Cuál es la función de la política comercial en el aumento de los ingresos agrícolas y la mejora de la situación de los agricultores?

La agricultura es una actividad económica y los agricultores son las personas que ejercen esa actividad. Para llevarla a cabo necesitan:

  • Políticas estables
  • Políticas previsibles
  • Políticas transparentes
  • Y condiciones de igualdad, es decir, oportunidades justas para competir

Esto es lo que trata de ofrecer el marco de la OMC en la esfera de la agricultura y también en todos los demás sectores económicos. Básicamente, el objetivo de la OMC es crear condiciones de equidad. Si alguien es eficaz en su actividad, con independencia de que esa actividad sea la agricultura o la transformación ulterior de los productos alimenticios, debe tener la oportunidad de prosperar tanto en su mercado nacional como en los mercados mundiales.

Para ayudar a los agricultores es necesario seguir reformando las políticas comerciales en la OMC. Hay mucho trabajo por delante. Los acuerdos comerciales regionales y bilaterales solo pueden dar respuestas limitadas. En ningún sector económico es tan necesario el multilateralismo como en el sector agrícola.

Permítanme explicarme. Hasta la fecha, no ha habido un solo acuerdo comercial regional o bilateral que haya abordado la cuestión de las subvenciones agrícolas. Los acuerdos de menor alcance suelen centrarse en las necesidades inmediatas de acceso a los mercados y no tratan de corregir las distorsiones comerciales más arraigadas que impiden a los agricultores, y en particular a los minifundistas, competir con perspectivas estables de éxito. En realidad, sería poco práctico que los acuerdos de rango inferior al multilateral tratasen de dar solución a las cuestiones más difíciles, como la ayuda interna. Las soluciones requieren una participación amplia.

Cuando el Acuerdo sobre la Agricultura de la OMC entró en vigor en 1995, inmediatamente se utilizó para reducir las subvenciones agrícolas con mayores efectos de distorsión del comercio, conocidas con el nombre de “compartimento ámbar”, lo que obligó a los países desarrollados, en particular, a hacer recortes significativos. También se redujeron otros tipos de subvenciones perjudiciales. En ningún foro regional o bilateral habría logrado el mundo en desarrollo ese resultado. En época más reciente, en la Conferencia Ministerial de la OMC celebrada en Nairobi en 2015, los Miembros de la OMC reglamentaron la completa eliminación de las subvenciones a las exportaciones agrícolas. Otro hito.

Aunque la reforma continua de las políticas comerciales agrícolas en la OMC puede parecer difícil y, a veces, decepcione por su lentitud, es esencial seguir avanzando. Se necesita un mayor compromiso basado en propuestas serias para iniciar el proceso de búsqueda de soluciones con la participación de todos.

Para lograr una política comercial eficaz, son esenciales las políticas nacionales y la asistencia de los donantes. En el informe SOCO 2020 se examina la función de lo que yo llamo “deficiente infraestructura comercial” que impide a los agricultores del mundo en desarrollo beneficiarse más plenamente del comercio internacional. Por ejemplo, en el informe se nos dice que, aunque en los países en desarrollo casi todos los agricultores compran y venden en los mercados, estos no siempre funcionan bien y los costos de transacción son elevados.

Los pequeños agricultores, en particular, registran tasas bajas de comercialización. Algunos mercados, como los de seguros y crédito, no funcionan adecuadamente o faltan por completo, lo que constituye un grave inconveniente para la seguridad alimentaria, los medios de subsistencia y el desarrollo.

La iniciativa de Ayuda para el Comercio impulsada por la OMC alienta a los gobiernos de los países en desarrollo y los donantes a reconocer la función que el comercio puede desempeñar en el desarrollo. En particular, su objetivo es movilizar recursos para hacer frente a las limitaciones relacionadas con el comercio que el informe SOCO 2020 especifica en la esfera de la agricultura. Mediante iniciativas como la Ayuda para el Comercio debemos ayudar al mundo en desarrollo a subsanar sus deficiencias en materia de infraestructuras comerciales. Entre 2006 y 2017, la iniciativa de Ayuda para el Comercio ha hecho posible el desembolso de USD 410.000 millones para el mundo en desarrollo y menos adelantado con los que se han financiado más de 178.000 proyectos. Otros instrumentos de asistencia al desarrollo, como el Marco Integrado mejorado y el Fondo para la Aplicación de Normas y el Fomento del Comercio (STDF) están contribuyendo también a subsanar las deficiencias en materia de infraestructuras comerciales.

Hace varios años, el Director General de la OMC y el Director Ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos de entonces celebraron una reunión en la que colocaron yuxtapuestos dos mapas muy interesantes: el mapa del hambre mundial y el mapa del comercio agrícola mundial. La comparación de ambos puso de manifiesto un hecho evidente. Donde no hay mercados en funcionamiento y, por consiguiente, el comercio nacional, regional e internacional es limitado, inevitablemente hay una correspondencia con el hambre, así como con menos ingresos agrícolas y más pobreza.

Debemos seguir esforzándonos para hacer posible el comercio, a fin de permitir que los agricultores prosperen y mejoren nuestra seguridad alimentaria colectiva. El mundo agrícola ha mejorado gracias a los acuerdos aplicados como parte del acervo de la OMC. Es de vital importancia que los Miembros traten ahora de mejorar el bienestar de los agricultores y prestar un mejor servicio a las poblaciones del mundo cuya vida y salud dependen del sector agrícola.

 

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