DIRECTOR GENERAL ADJUNTO ALAN WM. WOLFF

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  • Global Forum for Food and Agriculture

  

2020 fue un año difícil. A la lista de retos a los que se enfrentan los productores agropecuarios, entre los que figuran condiciones meteorológicas extremas, plagas y enfermedades, tensiones geopolíticas y una población mundial cada vez más numerosa que necesita alimentarse adecuadamente, se añadió una crisis sanitaria sin precedentes, con las consiguientes complicaciones de la oferta y la demanda. Se estima que el PIB mundial disminuyó un 4,2%(1), una de las mayores caídas registradas en los últimos decenios, sumiendo a millones de personas en la pobreza y socavando los esfuerzos mundiales por alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030.

Sin embargo, la pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto la extraordinaria capacidad de resistencia de la producción y el comercio agropecuarios. Sus resultados fueron muy buenos, sobre todo si se comparan con los del comercio y la producción en otros sectores. Esto se debe en gran medida a la naturaleza esencial de los productos alimenticios y al papel que desempeña el comercio en la alimentación de la población mundial.

Hay algunas lecciones fundamentales de la pandemia que los responsables de la formulación de políticas deberían tener en cuenta de cara al futuro:

En primer lugar, es necesario mantener abiertos los mercados. Esto es esencial no solo para los productos alimenticios, sino también para otros bienes y servicios. Los alimentos deben poder circular siempre a través de las fronteras. Una de cada seis personas del mundo depende casi por completo del comercio internacional para alimentarse, lo que equivale al 17% de la humanidad, es decir, 1.300 millones de personas. Más de 30 países dependen de las importaciones de alimentos para evitar la inanición. Es probable que esta dependencia del comercio internacional de la seguridad alimentaria se acentúe. La imposición de restricciones al comercio podría tener graves ramificaciones negativas. No es posible llevar a cabo una producción agrícola sostenible si no se mantiene el flujo comercial de muchos otros bienes y servicios, como abonos, tractores, drones y sofisticados equipos climáticamente inteligentes.

En segundo lugar, es preciso invertir con prudencia: los Gobiernos y los bancos centrales de todo el mundo han aprobado paquetes fiscales por valor de billones de dólares(2), y las subvenciones a los agricultores han proliferado. Aunque esto es totalmente comprensible, es necesario evitar la ayuda que distorsiona la producción y la competencia en materia de subvenciones. Para “reconstruir mejor”, hay que invertir los escasos recursos fiscales en innovación y sostenibilidad. Es esencial garantizar la seguridad alimentaria tanto de la generación actual como de las generaciones futuras. Todas las medidas de política que se adopten para hacer frente a los efectos de la COVID-19, incluidas las subvenciones, deben ser “puntuales, proporcionales, transparentes y [especialmente] temporales”. Los Gobiernos deben examinar con prontitud sus medidas para determinar si siguen siendo necesarias.

En tercer lugar, es necesario garantizar la transparencia: los mercados agropecuarios han mostrado una notable capacidad de recuperación, pero los mercados funcionan aún mejor cuando se dispone de información oportuna y de calidad, por ejemplo respecto a las medidas de política adoptadas por los Gobiernos de todo el mundo. Iniciativas como el Sistema de Información sobre el Mercado Agrícola (SIMA) son cruciales para poder diseñar respuestas de política bien fundamentadas.

Las negociaciones de la OMC beneficiarán en gran medida al sector agropecuario y facilitarán una recuperación económica sostenible:

En primer lugar, los Miembros de la OMC deberán actualizar continuamente las normas que rigen el comercio de productos agropecuarios para hacer frente a los retos actuales y futuros y aumentar la previsibilidad del suministro mundial de alimentos. Estos esfuerzos deben reducir sustancialmente la ayuda causante de distorsión del comercio; mejorar las disciplinas relativas a las restricciones a la exportación; mejorar las oportunidades de acceso a los mercados; y seguir mejorando las normas sobre competencia de las exportaciones. A este respecto, celebro el compromiso asumido esta semana por un grupo de Miembros de la OMC, que concentra la mayor parte de las exportaciones mundiales de productos agropecuarios, de abstenerse de imponer restricciones a la exportación de productos alimenticios adquiridos por el Programa Mundial de Alimentos con fines humanitarios no comerciales.

En segundo lugar, los Miembros de la OMC deben centrarse en el comercio y la sostenibilidad. Durante la Semana del Comercio y el Medio Ambiente de la OMC, celebrada en noviembre de 2020, se pusieron en marcha dos nuevas iniciativas: 50 Miembros comenzaron a mantener “debates estructurados” sobre el comercio y la sostenibilidad ambiental, y otro grupo de Miembros celebró la reunión inaugural del Diálogo informal sobre la contaminación producida por los plásticos y el comercio de plásticos ambientalmente sostenible. Una contribución inmediata al medio ambiente consistiría en llegar a un acuerdo que ponga freno a las subvenciones a la pesca perjudiciales en la próxima Conferencia Ministerial de la OMC que se celebrará a finales de año o antes de esa fecha.

En tercer lugar, el comercio digital mundial debe pasar a estar basado en normas. Hacer avanzar los debates sobre el comercio electrónico hacia una conclusión satisfactoria ayudaría a los agricultores a beneficiarse más plenamente de la economía digital mundial.

Los Ministros de Agricultura pueden cambiar diametralmente la configuración del sistema mundial de comercio. Pueden y deben trabajar en estrecha colaboración con sus homólogos de la cartera de Comercio para hacer avanzar las negociaciones en la OMC a fin de crear condiciones equitativas que ofrezcan oportunidades a todos los agricultores y refuercen la capacidad del sector agropecuario para afrontar los desafíos actuales y futuros. El año 2021 debe ser un año de renovación para la economía mundial y para el sistema de comercio, que es esencial para el bienestar de todos los pueblos.

 

Notas:

  1. https://www.oecd.org/economic-outlook/, diciembre de 2020. Vuelta al texto
  2. En julio, los países de la OCDE y del G-20 respondieron con paquetes de estímulo valorados en más de 11 billones de dólares EE.UU., una cifra que representa cerca del 10% del PIB mundial (https://www.cgdev.org/blog/price-inaction-during-covid-19-crisis). Según algunas fuentes, en noviembre esta cantidad se elevó a 19,5 billones de dólares EE.UU. (https://edition.cnn.com). Vuelta al texto

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