DIRECTORA GENERAL ADJUNTA ANABEL GONZÁLEZ

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Según la DDG González: “Las conclusiones del informe son un posible cambio de ritmo, no solo en el concepto que tenemos de las políticas de ayuda a la agricultura, sino también en la forma en que pensamos en las oportunidades de cooperación comercial para propiciar la transformación de los sistemas agroalimentarios.”

La DGA González señaló que el propio conjunto de normas sobre la agricultura de la OMC estaba estructurado para fomentar una transición de la ayuda causante de distorsión de la producción o del comercio a la ayuda no causante de distorsión del comercio. Añadió que algunos Miembros de la OMC habían tomado medidas en ese sentido al adoptar poco a poco programas de protección del medio ambiente y otras formas de ayuda a la agricultura no causante de distorsión del comercio. Aún así, dijo que seguía habiendo un gran volumen de dinero de los contribuyentes invertido en la agricultura, con rendimientos limitados para los agricultores, el medio ambiente y la economía.

La DGA González subrayó la importancia de adoptar un enfoque coherente para garantizar que la gama completa de políticas comerciales agrícolas reportara beneficios en materia de seguridad alimentaria, medios de subsistencia y sostenibilidad. Añadió que la labor en curso en la OMC brindaba oportunidades para que eso sucediera y aprovechar la digitalización, fomentar las inversiones y facilitar el acceso a las tecnologías verdes en los mercados agroalimentarios. En su opinión, los desafíos eran enormes y solo trabajando todos juntos podríamos llevar a cabo las reformas necesarias para lograr mejores resultados en el comercio de los productos agropecuarios.

En un nuevo estudio del IFPRI y el Banco Mundial, Repurposing Agricultural Policies and Support: Options to Transform Agriculture and Food Systems to Better Serve the Health of People, Economies, and the Planet, se constata que cambiar la asignación de una parte del gasto público consagrado a la agricultura cada año para desarrollar y difundir tecnologías más eficientes en materia de emisiones para los cultivos y la ganadería permitiría conseguir grandes beneficios económicos, podría reducir las emisiones globales de la agricultura en más del 40% y rehabilitar millones de hectáreas de tierra en hábitats naturales.

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