WTO NOTICIAS: DISCURSOS — DG PASCAL LAMY

Liberar el potencial empresarial de Europa y navegar en un mundo globalizado


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Sr. Reynders, estimado Didier, señoras y señores:

Es un placer para mí asistir a esta undécima edición de la Cumbre Empresarial Europea. Es una buena oportunidad de volver a Bruselas en un momento muy propicio, cuando regresa la primavera, tras un invierno largo y gris.

Permítanme empezar por dar las gracias a BusinessEurope por el apoyo que ha ofrecido a la OMC, y a mí personalmente, en momentos verdaderamente difíciles. Especialmente, me gustaría dar las gracias al Presidente, Jurgen Thumann, por haber aceptado participar en el grupo de expertos que constituí para analizar el futuro del comercio mundial y que presentó su informe hace un par de semanas. Cuando establecí este grupo de expertos, quería que tuviera una fuerte presencia empresarial, ya que las empresas son una de las principales partes interesadas del sistema mundial de comercio, a las que haríamos bien en escuchar y con quienes deberíamos colaborar, en vista del papel que cumplen fomentando la innovación, generando crecimiento y creando empleo.

 

Liberar la competitividad europea

Señoras y señores, es indudable que el clima en Bruselas ha mejorado. Pero el invierno gris, largo y turbulento de la crisis económica aún está aquí. En Europa, las dificultades económicas persisten y el desempleo es la principal preocupación de todo el continente. Esto repercute desfavorablemente en el apoyo al proyecto europeo, como hemos observado en una encuesta del Centro de Investigaciones Pew, divulgada esta misma semana.

Como tema principal de la cumbre de este año han elegido ustedes el de “Liberar la competitividad europea”. Creo que se trata de un tema oportuno y pertinente.

Es “oportuno” porque la clave para mantener el puesto de Europa en la economía mundial guarda estrecha relación con la mejora de su competitividad, especialmente en un momento en que la geografía económica mundial está cambiando debido al auge de las economías emergentes.

Es “pertinente” porque la creación de empleo es, en gran medida, el resultado de sus propias actividades económicas. Sólo las empresas pueden generar los tan necesitados empleos. Además, para lograr esa estabilidad y esa certidumbre, es indispensable que se den ciertas condiciones.

Mientras persistan las dudas sobre la orientación, la forma y el alcance de las reformas internas, mientras persista la incertidumbre en cuanto a la solvencia del sector financiero, mientras las corrientes de crédito a las empresas, y en particular a las PYME, sigan siendo lentas, mientras queden dudas sobre una mayor integración de la zona del euro, las empresas seguirán mostrándose reticentes, tendrán pocos deseos de hacer nuevas inversiones y seguirá sin alcanzarse el potencial de creación de empleo.

Entonces, ¿qué hay que hacer para liberar la competitividad europea?

Parto de la base de que Europa ocupa una posición ventajosa en el comercio mundial. Hasta el momento, ha logrado mantener en torno al 20% de las exportaciones mundiales, mientras que los Estados Unidos y el Japón han visto descender las partes que les corresponden. Su balanza comercial es, en general, positiva y desde 2005 se ha quintuplicado.

Sin embargo, también es evidente que dentro de la Unión Europea sigue habiendo notables diferencias. Es evidente que existe riesgo de aumentar las divergencias entre países europeos, tanto en lo que respecta al desarrollo industrial como al comercio. Estas divergencias tienen poco que ver con las normas comerciales, que son las mismas en todos los países europeos, ya que la Unión Europea tiene una política comercial externa común. Tienen más que ver con los costos laborales, con la competitividad de los precios y de los demás factores, con la estructura del sector empresarial y con la productividad, por mencionar sólo unos pocos factores.

 

Aprovechar mejor el mercado interno europeo

A mi juicio, gran parte de la respuesta a la cuestión de la mejora de la competitividad europea reside en aprovechar más y mejor la ventaja comparativa de Europa: el tamaño de su mercado interno.

El mercado interno de la Unión Europea ha contribuido a ampliar y profundizar las cadenas de suministro europeas. El comercio ya no es una cuestión de productos acabados o servicios completos sino de tareas. El 60% del comercio de mercancías consiste en productos intermedios. Se trata de añadir valor, contribuyendo a una fase de la elaboración del producto acabado o prestando servicios. El mercado europeo ofrece a las empresas un excelente marco para que las cadenas de valor prosperen.

Sin embargo, hay una esfera en la que el potencial del mercado interno de la Unión Europea no se explota plenamente: la esfera de los servicios. Mientras los servicios representan alrededor de un 20% del comercio total, esa proporción se duplica cuando consideramos su contribución al comercio mundial en términos de “valor añadido”. Entre los servicios incorporados en el valor de los productos que son objeto de comercio figuran la investigación y el desarrollo y la logística moderna. De hecho, en un mundo de cadenas de valor, la frontera entre bienes y servicios no está bien definida.

Comprender el papel crucial que tienen los servicios de alto valor añadido para el éxito de las cadenas de valor es especialmente importante para los países industrializados, ya que les indica dónde pueden tener una ventaja competitiva y dónde puede generar empleo el comercio. Por otro lado, también es de vital importancia para los países en desarrollo, porque les muestra la importancia de la facilitación del comercio y de contar con servicios adecuados de transporte y logística que hagan posible el comercio en términos de valor añadido.

Por lo tanto, un mayor esfuerzo para abrir el sector de los servicios en Europa contribuiría mucho a mejorar la competitividad europea. Se haga internamente o mediante acuerdos comerciales, el resultado sería el mismo. A fin de cuentas, la apertura del comercio, si es profunda e integral y encara los obstáculos arancelarios y no arancelarios, puede ser un poderoso factor para poner en marcha reformas estructurales.

Sin embargo, la competitividad europea también depende de que se invierta en su mayor activo: la competencia técnica de su mano de obra. Una política de empleo fundamental y que vale la pena impulsar es, precisamente, la de creación y fomento de una mano de obra capacitada, mediante la negociación entre empleadores y empleados, para contribuir a que esa mano de obra se adapte a los cambios tecnológicos y del mercado. La economía europea del conocimiento debe basarse firmemente en los conocimientos y las capacidades técnicas de su mano de obra. Y tal vez ésta sea una esfera en que aunando recursos a nivel europeo se obtendrían mejores economías de escala y efectos positivos.

Evidentemente los programas de tecnología están vinculados con las capacidades técnicas en esferas como la energía, el medio ambiente o la investigación aplicada. Estos programas deberían alentar la cooperación entre empresas, incluidas las que compiten entre sí, en vez de apoyar a las grandes empresas nacionales. Por ello, una vez más, Europa haría bien en aprovechar su tamaño.

Sin embargo, a mi juicio, la principal tarea que ustedes tienen por delante es la de volver a crear las condiciones para una convergencia real dentro de la Unión Europea. Eso requiere que se replanteen las políticas de fomento del crecimiento, tanto nacionales como europeas, ya se trate de políticas regionales, políticas laborales, políticas de capacitación técnica e innovación o políticas de competencia.

Habrán ustedes observado que he evitado cuidadosamente entrar en el actual debate sobre austeridad frente a crecimiento. No lo he hecho porque no me parece el momento oportuno para abordar esa cuestión. Los Estados Unidos, que están realizando un ajuste fiscal dos veces más aprisa que la Unión Europea, también registran tasas de crecimiento positivas. Hacen falta las dos. Es perfectamente posible hacer ambas cosas a la vez, siempre que se hagan en la medida apropiada y en el orden apropiado.

Una última observación: no es necesario que el crecimiento y la cautela en materia fiscal se hagan en detrimento de las redes de protección social. Europa también ofrece un ejemplo ilustrativo de esto. Esa es precisamente la esencia del modelo europeo: la “Sozialmarktwirtschaft”, la economía social de mercado, a mitad de camino entre mucho de economía y poco de social o entre poco de economía y poco de social.

Gracias por su atención.

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