WTO NOTICIAS: DISCURSOS — DG ROBERTO AZEVÊDO

Exposición del Director General Roberto Azevêdo


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Discursos: Roberto Azevêdo

  

Ante todo, quiero dar las gracias al Presidente y a los Miembros por brindarme la oportunidad de dirigirme hoy a ustedes.

Deseo agradecerles el apoyo prestado durante este período, tanto a ustedes como a mi equipo aquí presente: los Directores Generales Adjuntos, las personas que me apoyan directamente en mi Oficina y todo el personal de la Secretaría.

Ha sido un gran honor trabajar a su servicio durante estos casi cuatro años.

Sin duda corren tiempos difíciles para el sistema multilateral de comercio. Pero eso mismo ocurría hace cuatro años, aunque de una manera distinta.

En 2013 se oía decir con frecuencia que la OMC atravesaba un “momento crítico” o incluso que se encontraba “en una situación límite”.

Por entonces la sensación de crisis era palpable, y muy real. No habíamos obtenido resultados negociados importantes a nivel multilateral desde 1995. La credibilidad de la Organización pendía de un hilo.

Recuerdo muy bien el momento en que, allá por enero de 2013, en esta misma sala, me presenté ante ustedes como candidato al cargo de Director General. Aproveché la oportunidad para exponer los objetivos que me fijaría si llegaba a asumir esa función. Y me comprometí a fortalecer todos los pilares de la Organización, a ayudarlos a ustedes a reavivar nuestra labor negociadora, y a dar el máximo nada más ocupar el puesto.

Pienso que, con su ayuda, he cumplido mis promesas.

Cien días después de asumir el cargo de Director General, acordamos el paquete de Bali.

Es a ustedes a quienes debe atribuirse el mérito de ese éxito, y me gustaría pensar que yo los ayudé a conseguirlo.

El paquete de Bali fue un hito histórico. Era la primera vez que se producía un hecho así en la Organización. E introdujo reformas que tendrán repercusiones reales, en particular para los Miembros más pobres.

Después, pasados solo dos años, volvimos a conseguirlo.

En Nairobi acordamos un nuevo conjunto de medidas, entre ellas nuestra mayor reforma en la esfera de la agricultura. Una vez más, el desarrollo estuvo en el centro de ese conjunto de medidas.

Al mismo tiempo, algunos Miembros convinieron en ampliar el Acuerdo sobre Tecnología de la Información, concertando así el primer acuerdo importante de reducción arancelaria en el seno de la OMC desde 1996.

Se mire por donde se mire, eso representa un drástico cambio de ritmo. Ha sido todo un éxito para la Organización.

Estos avances no fueron fruto de la casualidad. No se debieron a que de pronto las condiciones nos favorecieran, sino a que trabajamos intensamente y, sobre todo, a que los Miembros adoptaron una actitud creativa, flexible y pragmática. No se alinearon los astros, sino que nosotros alineamos a los astros. Tenemos que aprender de esa experiencia.

En mi presentación de hace cuatro años también me comprometí a situar en primer plano el Programa de Doha para el Desarrollo (PDD), y eso hicimos, aunque no fue fácil avanzar.

Recordarán cuál era por aquel entonces la situación. El PDD llevaba estancado desde 2008. Las conversaciones prácticamente se habían interrumpido. Por consiguiente, después de Bali intentamos reactivar la Ronda. Dejamos de eludir las cuestiones difíciles y las situamos en primer plano. Probamos enfoques nuevos. Creamos confianza. Y conseguimos un gran nivel de participación.

Para llevar a cabo esa labor, fijamos unos parámetros: la posición central del desarrollo, la viabilidad, el equilibrio, la creatividad, la inclusividad, la urgencia, y una actitud abierta.

Los Miembros mantuvieron conversaciones y plantearon ideas nuevas sobre muchas de las cuestiones fundamentales. Tanteamos todos los enfoques que se nos ocurrieron, sobre todo en 2015.

Trabajamos con ahínco e hicimos frente a las dificultades de manera abierta y honrada.

Pese a todos esos esfuerzos, no conseguimos salvar las diferencias existentes entre las posiciones de los Miembros.

Esas diferencias persisten, y por tanto debemos seguir trabajando. Afectan a cuestiones que son de vital importancia para muchos Miembros. Debemos seguir trabajando para hacerlas avanzar y buscar las maneras de salvar las diferencias.

Como vimos en la Declaración de Nairobi, está claro que los Miembros discrepan sobre cómo debe llevarse a cabo esa labor. No obstante, todos ellos mantienen la firme determinación de hacer avanzar esas cuestiones.

Eso se lo oigo decir a los Miembros a menudo. Pero también oigo hablar de la necesidad de que el sistema siga logrando resultados y mantenga el impulso que hemos creado.

Con los éxitos de Bali y Nairobi se consiguió algo más que la suma de sus partes, mucho más que simplemente dos paquetes o 16 Decisiones Ministeriales.

Además de incidir en la vida y los medios de subsistencia de las poblaciones de todos los Miembros, esos éxitos demostraron también que la OMC es un lugar en el que se pueden hacer cosas. Y demostraron que 164 Miembros pueden trabajar en provechosa colaboración para resolver los complejos problemas a los que se enfrentan.

Debemos acostumbrarnos a obtener resultados: debemos seguir intentando avanzar gradualmente y cosechar resultados dondequiera y cuandoquiera que sea posible.

Además de avanzar en las negociaciones, también se ha progresado en el fortalecimiento de otros pilares de nuestra labor.

El sistema de solución de diferencias está más solicitado que nunca, y está funcionando bien.

El sistema se está usando muy activamente. Han participado en él, como partes o terceros, 98 Miembros, con igual presencia de países desarrollados y países en desarrollo Miembros. El sistema ha atendido más de 500 reclamaciones desde que se estableció la OMC. Y en los últimos años hemos observado un aumento considerable del número y la complejidad de los casos.

Cuando accedí al cargo de Director General, el sistema se hallaba sometido a una presión considerable, y actuamos con prontitud para responder a esa situación. Realizamos diversos cambios a fin de aumentar los recursos disponibles para esa labor, dentro de los parámetros presupuestarios establecidos por ustedes.

Conseguimos así poner fin a la lista de espera, y seguimos atendiendo eficazmente un enorme volumen de trabajo. Pero eso no significa que la situación sea sostenible. He de ser sincero con ustedes. El sistema carece de capacidad sobrante para responder a un futuro incremento en el número de casos. Debemos seguir buscando maneras de fortalecer este pilar de nuestra labor.

La reasignación de recursos al sistema de solución de diferencias se llevó a cabo como parte de un exhaustivo examen estratégico del conjunto de la Secretaría.

Trabajando dentro de los límites de un crecimiento presupuestario nulo y con restricciones de personal, mi objetivo era atender las preocupaciones de los Miembros en diversas esferas, en particular la estructura de la Secretaría y determinados procesos.

Las reformas resultantes de ese ejercicio se están llevando ahora a la práctica, y, a mi modo de ver, vamos camino de introducir una amplia gama de mejoras muy significativas. Eso nos permitirá ofrecer a los Miembros servicios de mejor calidad, así como oportunidades y condiciones laborales mejores para el personal.

La labor ordinaria de los órganos de la OMC tiene una importancia creciente. Por ejemplo, está aumentando la actividad de los Comités MSF y OTC, y los Miembros recurren a estos foros para plantear y resolver problemas de forma práctica y a medida que se plantean. Esta es una labor esencial, y recuerda la visión inicial que se tenía de la OMC como foro de negociación permanente.

Los comités no solo se concibieron para ocuparse del seguimiento de los compromisos existentes, sino también como órganos permanentes en los que los Miembros podían participar, dialogar e invitar a expertos con el propósito de ayudar a promover normas e ir mejorando los textos de forma pragmática y progresiva. Es una práctica que los Miembros deberían quizás plantearse fomentar más en el futuro.

Nuestra labor de vigilancia también ha cobrado importancia en los últimos años. Estamos trabajando para perfeccionar y fortalecer este esfuerzo, en particular mediante mejoras en el proceso de examen de las políticas comerciales.

La entrada en vigor de la enmienda del Acuerdo sobre los ADPIC y el Acuerdo sobre Facilitación del Comercio son claras señales de que los Miembros están aplicando los compromisos adquiridos. Necesitamos ver esa misma determinación en la aplicación de todas las decisiones. No obstante, los recientes avances deben valorarse muy positivamente.

La enmienda del Acuerdo sobre los ADPIC quedó frenada durante 11 años, desde que se acordó en 2005 hasta que entró en vigor el mes pasado.

Me interesé por la situación de la enmienda cuando empezamos a examinar los procedimientos de ratificación para el Acuerdo sobre Facilitación del Comercio y, para mi sorpresa, descubrí que esta importante medida no se había llevado a término. Era una iniciativa de un país en desarrollo — en esencia una iniciativa africana — que podía tener grandes efectos sobre el terreno, por lo que debíamos llevarla adelante sin demora.

Por eso decidimos intentar dar nuevo impulso a la enmienda, y los resultados han sido positivos. En los últimos dos años se han recibido alrededor del 37% de las ratificaciones necesarias.

Con su entrada en vigor el mes pasado, esta certeza jurídica adicional en torno al acceso a los medicamentos queda ya consagrada en los textos jurídicos.

Y es señal de que estamos consiguiendo que el sistema vuelva a funcionar.

Esto queda patente en el hecho de que el proceso del Acuerdo sobre Facilitación del Comercio concluyó en poco más de dos años, desde la adopción del Protocolo de Enmienda en noviembre de 2014 hasta su entrada en vigor hace una semana, cuando se rebasó el umbral de las 110 ratificaciones.

En mi opinión, esto demuestra que existen entre los Miembros unos niveles de energía y compromiso impresionantes, lo que se refleja a su vez en el deseo de otros países de adherirse a la Organización.

Desde septiembre de 2013 hemos acogido a cinco Miembros nuevos, entre ellos tres PMA. Esa es una circunstancia sumamente positiva, y hay otros muchos países en proceso de adhesión.

Pero eso, naturalmente, no es más que una parte del conjunto. Para crear un sistema comercial más inclusivo, no basta con aumentar el número de Miembros; también hay que apoyar a nuestros Miembros para que le saquen el máximo provecho.

Solo es posible avanzar con la plena participación de los Miembros. Pero las posibilidades de participar están vinculadas a la cuestión de la capacidad. Quiero hacer más para habilitar a los Miembros a fin de que sientan el sistema como propio, y esto es aplicable sobre todo a los Miembros más pequeños y menos adelantados.

Por tanto, la asistencia técnica y la creación de capacidad adquieren cada vez mayor importancia. Acaso los fundadores de la OMC no concibieran esas actividades como un elemento central de su labor, pero hoy día sin duda lo son. Y es de vital importancia que el comercio desempeñe plenamente su función en el fomento del desarrollo tal como está previsto en los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Estamos obteniendo buenos resultados en la esfera de la asistencia técnica relacionada con el comercio, tal como mostró la reciente evaluación independiente. También están dando frutos iniciativas de la OMC tales como la Ayuda para el Comercio, el Fondo para la Aplicación de Normas y el Fomento del Comercio (STDF), el Mecanismo para el Acuerdo sobre Facilitación del Comercio y el Marco Integrado mejorado (MIM), que puso en marcha su segunda fase en 2015. El Examen Global de la Ayuda para el Comercio previsto para julio marcará un hito importante.

Huelga decir que los donantes desempeñan una función fundamental en buena parte de esta labor. Han sido generosos en el pasado, y conforme crezca la Organización seguiremos contando con su humanitarismo y su sentido de la solidaridad.

La colaboración con otras instituciones también es esencial para ofrecer ese apoyo. En los últimos años hemos fortalecido nuestros lazos con diversos asociados, como el FMI, el Banco Mundial y los distintos organismos de las Naciones Unidas, así como con otras entidades, por ejemplo, el APEC, la Unión Africana o el G-20. Esa colaboración puede resultar útil en muchas esferas de nuestra labor.

Si volvemos la vista atrás y vemos dónde estábamos hace cuatro años, puedo afirmar sin temor a equivocarme que la OMC es ahora más fuerte. Hemos cosechado grandes logros juntos, y, mirando hacia el futuro, creo que podemos cosechar muchos más, en todas las esferas que he mencionado hoy.

Esta Organización es todavía joven. No hemos desarrollado aún plenamente nuestro potencial.

A mi juicio, la OMC, como organización joven que es, se encuentra todavía en algunos aspectos, en fase de transición.

Hemos pasado del bien asentado modelo del GATT, con un número de Miembros relativamente reducido y un proceso de toma de decisiones no precisamente inclusivo, a un paradigma totalmente nuevo. Hoy día integran la OMC 164 Miembros, y creo que, en algunos aspectos, la cultura y los procesos de la Organización no se han adaptado aún del todo a la nueva situación.

En los últimos años hemos realizado cambios significativos, pero esos avances deben proseguir y acelerarse.

Debemos procurar ser aún más abiertos y transparentes. Necesitamos encontrar un equilibrio que nos permita avanzar más rápida y eficazmente, pero hemos de hacerlo de una manera realmente inclusiva, en la que se escuchen todas las voces y todos desempeñen plenamente su función para dar forma a los resultados que queremos alcanzar.

Bali y Nairobi fueron experiencias muy distintas, ninguna de ellas perfecta, pero las dos exitosas. Debemos aprender de esas lecciones: de las buenas y de las malas. Hay mucho que aprender, por ejemplo, de los enfoques innovadores y flexibles que nos permitieron concluir el Acuerdo sobre Facilitación del Comercio.

Y volviendo sobre el carácter central de la asistencia técnica y la creación de capacidad, elementos sin duda indispensables para un sistema de comercio inclusivo del siglo XXI, deseo analizar cómo es posible mejorar la calidad y la coordinación de nuestro apoyo a la creación de capacidad y trabajar sobre la base de lo conseguido hasta la fecha.

Con la vista puesta en la Undécima Conferencia Ministerial y en el período posterior, pienso que es mucho lo que podemos lograr, con respecto a las cuestiones del PDD, las relacionadas con los PMA, o cualesquiera otras que los Miembros deseen plantear.

Quiero que avancemos más y a mayor velocidad en todas las esferas, en particular en el apoyo a los participantes más pequeños. Quiero seguir haciendo cuanto esté a mi alcance para contribuir a ese resultado, sin escatimar esfuerzos.

No niego las dificultades a las que nos enfrentamos ni la complejidad de muchas de las cuestiones, como tampoco niego que existen divergencias. Pero hemos demostrado que, cuando tenemos una actitud abierta, inclusiva y pragmática, es posible lograr avances.

Al principio de esta presentación he dicho que corren tiempos difíciles para el sistema multilateral de comercio.

El crecimiento económico mundial es débil. El crecimiento del comercio es escaso. No podemos pasar por alto la amenaza del proteccionismo. El multilateralismo tiene ante sí enormes dificultades. Y debemos hacer frente a los persistentes desafíos de la pobreza, la desigualdad y el subdesarrollo.

Muchos se sienten excluidos de los beneficios del comercio. Se lo relaciona — erróneamente, en mi opinión- con el desempleo estructural.

¿Cómo debemos responder, pues?

En mi opinión, hemos de redoblar los esfuerzos para asegurarnos de que los beneficios del comercio lleguen a más personas, sobre todo en los países más vulnerables.

Es necesario que colaboremos con los gobiernos para ayudarlos a crear políticas que respondan a los muchos desafíos que plantea la economía hoy día: políticas que utilicen el comercio como parte de la solución.

Puede que el comercio no sea una poción mágica de efectos prodigiosos, capaz por sí sola de generar crecimiento, pero es un ingrediente fundamental y necesario de cualquier estrategia tendente a promover el desarrollo social y económico sostenible.

Es necesario también que promovamos los esfuerzos de cooperación a nivel internacional.

A mi juicio, en estos tiempos difíciles, la utilidad de las normas mundiales mutuamente acordadas es evidente, como lo es también la posibilidad de resolver de conformidad con esas normas los problemas económicos que puedan surgir entre las naciones.

Estas estructuras se crearon como respuesta directa a las lecciones cruentas de la historia.

Representan el enorme esfuerzo del mundo para evitar que se repitan los errores del pasado.

Además, proporcionan las herramientas necesarias para hacer frente a muchos de los problemas que ocupan el primer plano del debate en la actualidad.

Por tanto, a mi modo de ver, esta Organización es ahora más importante que nunca.

Todos debemos aunar esfuerzos en la defensa del sistema. Tenemos una función que desempeñar en la salvaguardia de este elemento fundamental de la gobernanza económica mundial. A este respecto, el papel de los Miembros es crucial, como lo es el de cada persona: los embajadores, los representantes permanentes, los miembros del personal de la OMC ... todo el mundo, y yo también.

No debemos dar por sentado el sistema multilateral de comercio. Tenemos que trabajar juntos para fortalecerlo y hacerlo más inclusivo, a fin de que los beneficios del comercio se repartan lo más ampliamente posible. A fin de que el sistema pueda desempeñar adecuadamente su función e impulse a nivel mundial los esfuerzos de colaboración necesarios para mejorar, allí donde sea posible, la vida y las condiciones de vida de las personas.

Si los Miembros me conceden el honor de ejercer un segundo mandato como Director General, ese seguirá siendo mi claro objetivo: no promover el comercio por el comercio en sí mismo, sino como medio esencial para impulsar el empleo, el crecimiento y el desarrollo; no fortalecer la OMC por la OMC en sí misma, sino como instrumento para preservar el imperio de la ley y la estabilidad y la seguridad en las relaciones económicas mundiales. A fin de que la labor de la OMC — nuestra labor — siga fomentando la paz y la solidaridad entre las naciones.

Ya encontramos dificultades en el pasado, y supimos atravesar esas aguas turbulentas. Hemos de procurar mantener ese enfoque firme e inalterable, pero también pragmático, en los años venideros.

Así pues, les doy las gracias una vez más por la confianza que han depositado en mí en estos últimos casi cuatro años.

Espero tener ocasión de seguir trabajando con ustedes en los próximos años.

Muchas gracias.

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