DISCURSOS — DG ROBERTO AZEVÊDO

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Observaciones del Director General Azevêdo

Señoras y señores,
Buenos días.

Me complace estar hoy aquí con ustedes. Deseo dar las gracias al Centro Nacional para el APEC, así como a Deloitte y Moody's, por su amable invitación.

Hoy han estado ustedes debatiendo cuestiones importantes y arduas, tales como la evolución del comercio, la tecnología y la globalización, y también han examinado cómo conseguir que los beneficios derivados de todo ello se repartan más ampliamente.

No cabe duda de que vivimos tiempos difíciles.

En este contexto debemos velar por que los dirigentes y la población sean capaces de afrontar estos desafíos, sin dejar de promover un crecimiento sostenible e inclusivo entre los miembros del APEC, y en todo el mundo.

La crisis financiera irrumpió hace casi un decenio, pero es evidente que todavía estamos padeciendo sus consecuencias.

El crecimiento y las inversiones aún no han vuelto a los niveles en que se encontraban antes de la crisis. Sin embargo, tras un largo período de lento crecimiento, el comercio mundial empieza a recuperarse.

En septiembre, los economistas de la OMC revisaron notablemente al alza nuestras previsiones de crecimiento del comercio para 2017.

Ahora nuestras previsiones de crecimiento del comercio, medido en volumen, son del 3,6%. Eso representa una mejora sustancial con respecto al escaso incremento del 1,3% registrado en 2016. Además, este es el primer año desde 2011 en que probablemente superemos el 3%.

Es una buena noticia. La expansión de las corrientes comerciales ha generado importantes beneficios para la economía en su conjunto. Ha contribuido a crear nuevas oportunidades y puestos de trabajo mejores, y a sacar a muchas personas de la pobreza.

Los miembros del APEC se encuentran entre los principales beneficiarios de este fenómeno.

Pero es evidente que el crecimiento por sí solo no basta.

Está claro que muchas personas se sienten desconectadas del progreso económico, y se observa un rechazo cada vez mayor a la globalización.

En este debate, se señala con frecuencia al comercio como fuerza perturbadora en los mercados laborales. Aunque el comercio efectivamente incide en ellos, en realidad es la tecnología la principal fuerza impulsora del cambio y las perturbaciones en las economías de todo el mundo.

La automatización, la digitalización y las nuevas técnicas de gestión están revolucionando la economía mundial.

El aumento de la productividad derivado de las nuevas tecnologías está reduciendo la demanda de mano de obra en sectores tales como el agrícola o el manufacturero. En el sector manufacturero de algunas economías, 8 de cada 10 puestos de trabajo se pierden debido al aumento de la productividad, no a una disminución del costo de las importaciones.

Por tanto, a pesar de que el comercio y la tecnología son sin duda sumamente beneficiosos, estas ventajas generales no sirven de consuelo a quienes se han quedado sin empleo.

Estas son preocupaciones legítimas a las que es necesario responder. A este respecto, las políticas nacionales en materia de educación, formación y seguridad social, por ejemplo, desempeñan un papel destacado.

No obstante, si consideramos que las perturbaciones del mercado laboral están relacionadas únicamente con el comercio, estaremos respondiendo solo a una parte del problema, que además es la menos importante.

Recurrir al proteccionismo no solo no resolvería los problemas reales ante los que nos encontramos, sino que causaría muchos más. Debemos ver el comercio -y la tecnología- como soluciones a los problemas que se nos plantean.

Habrá quienes digan que las dificultades a las que nos enfrentamos en la actualidad ponen en tela de juicio el futuro de la cooperación económica mundial, del sistema multilateral de comercio y de la Organización Mundial del Comercio.

En realidad, a mi modo de ver, la OMC se creó precisamente para tiempos como estos. Es en los momentos de máxima tensión cuando más necesitamos un sistema de comercio sólido basado en normas. Este es un elemento esencial para la estabilidad económica mundial.

Proporciona un marco para garantizar que los intercambios comerciales tengan lugar de la forma más fluida y previsible posible, así como un sistema de solución de diferencias para asegurar que las diferencias comerciales no degeneren en conflictos de mayor envergadura.

Este sistema se creó como respuesta mundial al caos de la década de los treinta, en la que el aumento del proteccionismo eliminó dos tercios de las corrientes comerciales mundiales.

La crisis de 2008 representó una difícil prueba para el sistema, y este la superó. No hemos presenciado un aumento significativo del proteccionismo.

El porcentaje de las importaciones mundiales afectadas por medidas de restricción de las importaciones aplicadas desde octubre de 2008 es tan solo del 5%. No hay duda de que ese porcentaje podría ser aun inferior, pero demuestra que el sistema cumplió su cometido. Aunque el sistema no es perfecto, es esencial.

Habida cuenta de todo ello, debemos seguir consolidando el sistema, poniendo en práctica nuevas reformas e intentando impedir que se creen nuevos obstáculos al comercio.

Teniendo en cuenta la marcada dimensión regional del evento de hoy, permítanme afirmar que el respaldo al sistema multilateral de comercio no tiene por qué ocurrir a expensas de un programa activo de negociaciones bilaterales y regionales.

No es un juego donde unos ganan y otros pierden, como se suele afirmar. Esas iniciativas pueden tener una incidencia mutua positiva y significativa.

El APEC es un excelente ejemplo de ello, y hay en marcha muchas otras iniciativas regionales y bilaterales en la región de Asia y el Pacífico que pueden complementar las normas multilaterales y son componentes básicos del sistema mundial.

Sin embargo, esto no cambia el hecho de que, aun en el caso de que todos los acuerdos regionales se concluyeran mañana, seguiríamos necesitando a la OMC.

Prácticamente ninguno de los retos del comercio mundial que afrontamos hoy en día, tanto si guardan relación con la economía digital como con las subvenciones a la agricultura o la pesca, podría resolverse con mayor facilidad al margen del sistema multilateral.

Por eso es tan importante que sigamos fortaleciendo y mejorando el sistema multilateral. En este frente hemos hecho grandes avances.

Durante muchos años y hasta 2013, se consideraba que la OMC era un lugar en el que no se podía llegar a ningún trato.

Ahora eso ya no es así. Hemos estado innovando, adoptando enfoques distintos, y el éxito de las últimas negociaciones de la OMC pone de manifiesto que el sistema puede lograr resultados.

En 2013, concertamos el Acuerdo sobre Facilitación del Comercio, que fue el primer gran acuerdo multilateral en la historia de la Organización, y un acuerdo de peso. Tiene una enorme trascendencia en el plano económico. La plena aplicación podría reducir los costos del comercio a nivel mundial en alrededor del 14,3% en promedio, un efecto mayor que la eliminación de todos los aranceles que se aplican aún en el mundo en la actualidad.

Más tarde, dos años después de este logro, llevamos a cabo la mayor reforma jamás realizada en materia de agricultura, tomando la decisión de eliminar las subvenciones a la exportación de productos agropecuarios.

Además de eso, un grupo de Miembros convino en ampliar el Acuerdo sobre Tecnología de la Información. Gracias a este acuerdo, se eliminan los aranceles sobre una serie de productos de TI de última generación, cuyo comercio alcanza un valor de 1,3 billones de dólares anuales.

Estos acuerdos no quedaron solo en papel. Estamos velando por que se hagan realidad. Este año han entrado en vigor el Acuerdo sobre Facilitación del Comercio de la OMC y la enmienda del Acuerdo sobre los ADPIC, que facilita el acceso de los países más pobres a los medicamentos esenciales.

Más allá de su importancia económica, estos avances son, a mi juicio, algo más que la suma de sus partes. Demostraron que los 164 Miembros de la OMC podían trabajar en provechosa colaboración para resolver los problemas más complejos a que se enfrentan.

Debemos mantener esta dinámica, fortaleciendo y mejorando el sistema de comercio para que se pueda generar más crecimiento, desarrollo e inclusividad.

En este frente, un importante hito es la próxima Conferencia Ministerial de la OMC, que se celebrará en Buenos Aires en diciembre.

En la actualidad, los Miembros están debatiendo cómo podemos avanzar en diversas esferas.

La agricultura es un tema destacado, muy centrado en la ayuda interna y las cuestiones relacionadas con la seguridad alimentaria en los países en desarrollo.

Análogamente, algunos han mostrado interés en adoptar medidas con respecto a las reglamentaciones en materia de servicios.

Los Miembros están estudiando formas de limitar las subvenciones que dan lugar a la sobrepesca.

Están examinando medidas de apoyo a los países en desarrollo y los países menos adelantados.

Hay un creciente interés entre algunos Miembros en debatir otras cuestiones, tales como el comercio electrónico, la facilitación de las inversiones, y la manera de ayudar a comerciar a las pequeñas y medianas empresas.

Estas conversaciones siguen siendo muy constructivas y dinámicas. En mi opinión, se observa en nuestros debates más pragmatismo, realismo y flexibilidad que nunca.

Ahora bien, en la actualidad no hay una solución fácil o evidente en ninguna de estas esferas. Y, como ustedes saben, necesitaremos la participación de todos los Miembros. Por lo tanto, la tarea será ardua, y debemos seguir trabajando en ello.

Buenos Aires es un hito muy importante para la Organización y para el comercio mundial. Deberíamos procurar alcanzar el mayor número de resultados posible de aquí a diciembre, pero sin perder de vista el plazo más largo.

Al irnos de Buenos Aires, es necesario que los Miembros tengan la firme determinación de fortalecer el sistema de comercio y que esté claro cómo seguir para hacer avanzar nuestra labor futura.

El sistema mundial de comercio ha sido -y sigue siendo- una obra en curso.

La cooperación a nivel mundial será esencial para garantizar que el sistema sea lo más sólido e inclusivo posible. Como siempre, a este respecto cuento con el liderazgo del APEC.

En una época de rápidos cambios económicos, debemos velar por que el comercio contribuya a resolver el sinfín de problemas a los que se enfrenta el mundo en la actualidad.

Muchas gracias.

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