DISCURSOS — DG ROBERTO AZEVÊDO

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Observaciones del Director General Azevêdo

Excellencias,
Señoras y señores

Buenos días y bienvenidos al cuarto taller sobre comercio y género en el marco de la Declaración de Buenos Aires.

No me extenderé demasiado, pero no quería dejar pasar la ocasión de expresar mi opinión sobre esta cuestión tan importante.

La idea de que las normas comerciales son "neutrales desde el punto de vista del género" ha quedado muy atrás. Cada vez se reconoce más que el comercio y las normas comerciales pueden ser un mecanismo útil para respaldar el empoderamiento económico de las mujeres.

Ese cambio de actitud ha sido posible gracias a la Declaración de Buenos Aires sobre el Comercio y el Empoderamiento Económico de las Mujeres, de 2017, que ya ha sido firmada por 122 Miembros y observadores y ha dado un gran impulso a esta cuestión en el seno de la OMC.

En la Declaración se mencionan diversos instrumentos que pueden ayudarnos a comprender mejor los vínculos entre el comercio y el empoderamiento económico de las mujeres. Y los Miembros se han puesto manos a la obra.

Por ejemplo, han concentrado la atención en el proceso de examen de las políticas comerciales de la OMC. Los Miembros de la OMC recurren cada vez más a este proceso para facilitar información sobre sus políticas comerciales relacionadas con el género.

También hemos observado que en la iniciativa de Ayuda para el Comercio de la OMC se da ahora mucho más relieve a las cuestiones de género.

Hay que decir que los Miembros han intentado mejorar su comprensión de estas cuestiones. Tras Buenos Aires se han celebrado talleres temáticos sobre diversos asuntos concretos para poner en común las mejores prácticas y las experiencias nacionales al respecto.

La actividad de hoy es un paso más en esa dirección, y tengo entendido que hay más actividades previstas a lo largo de este año.

El tema que trataremos hoy es la función que desempeñan los acuerdos de libre comercio para promover la igualdad de género.

Las referencias explícitas al género en esos acuerdos no es un fenómeno reciente.

La División de Estudios Económicos y Estadística ha estado analizando los componentes relativos al género de 556 acuerdos comerciales preferenciales. El personal de la División facilitará información detallada durante el día de hoy, pero antes permítanme referirme a algunos puntos interesantes.

El primer artículo relacionado con el género que la División ha encontrado figura en el Tratado de Roma de 1957, por el que se estableció la Comunidad Económica Europea. Dicho artículo exige que cada Estado miembro aplique el principio de igual remuneración para mujeres y hombres.

Unos años después, en 1983, se firmó el Tratado Constitutivo de la Comunidad Económica de los Estados de África Central, el primer tratado suscrito por los países en desarrollo que contenía una disposición en ese sentido. En este caso, se trataba de mejorar las condiciones económicas, sociales y culturales de las mujeres de las zonas urbanas y rurales y de aumentar su grado de integración en las actividades de desarrollo.

En marzo de 2017 se habían notificado a la OMC 62 acuerdos comerciales regionales (ACR) en vigor en los que se incluía como mínimo una disposición relativa explícitamente a las mujeres y las cuestiones de género. Esos acuerdos representan en torno a una quinta parte de los ACR notificados.

Esta cifra se eleva aún más si tenemos en cuenta las disposiciones que se refieren de forma implícita a las cuestiones relacionadas con el género, tal como sucede en esferas como los derechos humanos, la dimensión social del desarrollo sostenible, la discriminación laboral y los grupos vulnerables.

Desde 2016 ha surgido una nueva tendencia, con la inclusión de capítulos dedicados exclusivamente al comercio y el género en los ACR negociados por el Canadá y Chile.

Algunos otros Miembros, como la Unión Europea y Nueva Zelandia, han declarado su intención de abordar el papel de la mujer de forma más explícita en sus nuevos acuerdos comerciales.

Huelga decir que estos esfuerzos han quedado reforzados con la Declaración de Buenos Aires.

Sin embargo, no es tarea fácil incorporar el género en las políticas comerciales y en los proyectos de desarrollo.

Una cosa es definir un objetivo para favorecer el empoderamiento de las mujeres y otra elaborar políticas y programas específicos que permitan lograr ese objetivo. Vemos que se están adoptando muchas medidas de diferente índole.

Algunos países han puesto en marcha procesos para plasmar en programas y políticas comerciales concretos sus objetivos en materia de igualdad de género. Otros están evaluando las repercusiones de sus estrategias de Ayuda para el Comercio con objeto de beneficiar más a las mujeres. Algunos están organizando consultas nacionales para tener una idea más clara de cómo debe integrarse el género en sus políticas comerciales. Y otros están considerando cómo elaborar nuevos tipos de acuerdos comerciales sobre la base de la labor realizada hasta ahora.

Todavía nos hallamos inmersos en la curva de aprendizaje. Por ese motivo, es importante que los Miembros sigan compartiendo información sobre las mejores prácticas, especialmente en foros como este.

Sin duda, no hay una sola solución que sea adecuada para todos, pero podemos aprender de las experiencias de los demás.

Confío, pues, en que los debates de hoy propicien una mayor comprensión y nos inspiren nuevas ideas sobre la manera en que las mujeres podrían beneficiarse más del comercio en todas sus vertientes.

Una cosa está clara: todos los datos muestran que dar a las mujeres las mismas oportunidades que a los hombres mejora la competitividad y la productividad, lo que a su vez estimula el crecimiento económico y favorece la reducción de la pobreza.

Por ello, les exhorto a que sigamos trabajando para encontrar el modo de que el impulso experimentado en esta esfera no decaiga y sigamos aprendiendo los unos de los otros.

Eso es exactamente lo que estamos haciendo hoy aquí; les deseo, pues, un debate muy interesante y productivo.

Gracias.

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