DISCURSOS — DG ROBERTO AZEVÊDO

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Observaciones del Director General Roberto Azevêdo

Gracias Señora Presidenta.
Secretario General,
Excelencias,
Señoras y señores:

Buenas tardes.

En primer lugar, deseo suscribir lo dicho por la Presidenta: Secretario General, Señor Guterres, es un gran placer para nosotros darle la bienvenida a la OMC.

Nos sentimos honrados por su presencia y por su apoyo a la labor que realizamos aquí. Gracias por sumarse a nosotros.

Cuando pienso en la historia, a menudo me parece un relato de cooperación.

Los momentos definitorios y los puntos de inflexión tienden a surgir cuando las personas -los individuos, los pueblos, las tribus y las naciones- optan por luchar entre sí, o por trabajar en colaboración.

En este sentido, la era multilateral de la posguerra representa el punto álgido de la cooperación, de la competencia constructiva y del empeño común. De nuestros días más oscuros surgieron las esperanzas más luminosas de la humanidad.

Sin embargo, cada generación presencia cambios transformadores de algún tipo y tiene que responder nuevamente a esta pregunta: ¿cómo queremos interactuar con nuestros vecinos y con la comunidad mundial en su conjunto? Además, actualmente nos enfrentamos a un cambio transformador que se está produciendo a un ritmo sin precedentes. Las nuevas tecnologías, las nuevas perspectivas y las nuevas realidades políticas ponen una vez más esa pregunta en primer plano.

Permítanme hablar claro: considero que la cooperación multilateral, a través de las Naciones Unidas, la Organización Mundial del Comercio y la familia de instituciones multilaterales, ha sido una gran fuerza positiva, que contribuye al crecimiento económico, el desarrollo, la estabilidad y la paz. Y sigue siéndolo hoy en día.

El mundo se enfrenta a numerosos desafíos, nuevos y antiguos: tensiones económicas, pobreza, cambio climático, conflictos, migración, resistencia a los antimicrobianos y un largo etcétera.

En mi opinión, hace falta más cooperación, no menos, para superar cada uno de esos desafíos. Hace falta más cooperación, no menos, para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

No obstante, el sistema multilateral también afronta enormes desafíos en este momento decisivo. Se está poniendo en cuestión la eficacia de la cooperación mundial tal y como la conocemos actualmente y esto se ve reflejado en la OMC.

Es en el marco de esta Organización donde se están materializando las tensiones entre las economías más importantes. Estamos trabajando con ahínco para ayudar a atender las preocupaciones de los Miembros, solucionar las diferencias y reducir las tensiones de manera urgente.

Esa situación ha suscitado un debate sobre cómo puede el sistema de comercio funcionar mejor para facilitar una mayor cooperación.

A fin de cuentas, las tensiones que vivimos hoy no podrán resolverse más que con voluntad política, pero hay quien considera que la reforma de la OMC es un paso fundamental en ese viaje.

Es evidente que tenemos ahora la oportunidad de renovar y fortalecer el multilateralismo comercial en los años venideros, y creo que debemos aprovecharla por el bien de todos nuestros Miembros.

El hecho es que es esencial para todos nosotros contar con normas y compromisos comunes sobre el comercio mundial.

Esas normas y compromisos aportan estabilidad y previsibilidad, evitan una carrera de mínimos en la que todos acaban encontrándose en peor situación, y reportan enormes beneficios económicos.

Las normas comunes no constituyen una infracción de la soberanía, sino expresiones de la misma, ya que son compromisos que los Gobiernos negocian entre sí y a los que se adhieren libremente, sobre la base de intereses comunes. Y se adhieren a esos compromisos porque no son un juego de suma cero.

Es siguiendo esas normas como los Gobiernos velan por sus intereses comunes.

Las normas multilaterales no son valiosas en sí mismas, lo son porque nos ayudan a defender los intereses de nuestras economías y regiones de manera más eficaz mediante la cooperación con los demás. Solo se acuerdan y aceptan si se consideran una transacción útil de la que se benefician todos.

La credibilidad de las normas depende de su exigibilidad. Depende de su transparencia y de su capacidad de inclusión. Y depende de su capacidad para evolucionar con los tiempos.

A este respecto, nos enfrentamos a otro desafío al que debemos plantar cara. Las normas no pueden fosilizarse. Deben responder a los cambios que están transformando nuestro mundo y exigiendo nuestra atención.

Tenemos que encontrar formas de avanzar, de ser flexibles e innovadores, de obtener resultados que sean ambiciosos, sin dejar de dar cabida a las sensibilidades existentes y sin imponer nada a nadie.

Esto es más fácil de decir que de hacer, pero, por el bien del sistema y de todo lo que representa, la inacción no es una opción. No podemos permitir que el multilateralismo se convierta en sinónimo de parálisis.

Teniendo en mente todo lo anterior, la presencia hoy aquí del Secretario General, Señor Guterres, no podría ser más oportuna.

En su condición de Secretario General, está usted en una posición inigualable desde la que evaluar esos desafíos con una perspectiva más amplia.

Las cuestiones con las que peleamos en nuestra labor cotidiana aquí en la OMC -las tensiones comerciales, los efectos de la rápida evolución de la economía, el deseo de reforma y renovación- son una manifestación de un fenómeno mucho más amplio. Las fuerzas económicas y políticas mundiales están interactuando de una manera que apenas hemos visto antes, y que no siempre es previsible.

Conozco al Secretario General, Señor Guterres, desde hace muchos años y he seguido de cerca su trayectoria. Es muy poco frecuente encontrar en una persona tan extraordinaria combinación de perspicacia política, capacidad de análisis, carisma y autoridad ejecutiva. Esos son los atributos de un verdadero líder.

Así pues, Señor Secretario General, es un privilegio contar hoy con su presencia entre nosotros para darnos a conocer sus opiniones, sus ideas y sus consejos.

Tengo la sensación de que podemos estar llegando de nuevo a uno de los puntos de inflexión de la historia. Todos estamos buscando el camino adecuado para seguir adelante y, en ese esfuerzo, no podríamos esperar un guía mejor.

Gracias.

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