DISCURSOS — DG ROBERTO AZEVÊDO

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Observaciones del Director General

Señor Ministro de Relaciones Exteriores, Rodolfo Nin Novoa,
Doctor Enrique Iglesias,
Doctor Sergio Abreu,
Excelencias,
Señoras y señores:

Buenas tardes.

Es un gran placer estar aquí con ustedes hoy para celebrar el vigésimo quinto aniversario del cierre de la Ronda Uruguay. Muchas gracias por su amable invitación.

Esta es mi segunda visita al Uruguay como Director General de la OMC. También tuve la oportunidad de servir durante tres años en la Embajada del Brasil en Montevideo, en una etapa anterior de mi carrera. Y, por supuesto, he interactuado con el Uruguay en varias ocasiones como negociador comercial.

He podido, pues, ser testigo de la importancia del comercio para este país. Acá tenemos un ejemplo del papel que puede desempeñar el comercio para generar oportunidades e impulsar la competitividad.

Lo ha podido lograr gracias a la visión de sus líderes. De hecho, el Uruguay ha ayudado a construir y fortalecer el sistema multilateral de comercio.

La historia de vida de Julio Lacarte – cómo no mencionarlo – es prácticamente inseparable de la historia del GATT y la OMC. Asistió a la histórica conferencia de La Habana en 1946, donde todo comenzó. Y, casi medio siglo después se convirtió en el primer presidente del Órgano de Apelación. Julio alzó al Uruguay a un lugar único en la historia de la cooperación comercial global.

El Uruguay es miembro – y un actor importante – del sistema mundial de normas comerciales desde hace más de 65 años. El país ha hecho muchas contribuciones para construir este bien mundial de importancia vital.

Y, por supuesto, el liderazgo del Uruguay como anfitrión de la Reunión Ministerial del GATT celebrada en Punta del Este en 1986 fue un gran hito en ese camino.  

Esa reunión – presidida por Enrique Iglesias, a quien tuvimos el honor de escuchar hace unos instantes – puso en marcha la Ronda Uruguay. Fue la mayor negociación comercial hasta entonces, y culminó en la creación de la OMC. Sentó las bases del sistema multilateral de comercio que hoy conocemos. Y la persona que bajó la maza para ratificar el acuerdo en Marrakech fue Sergio Abreu, quien nos brindó igualmente sus palabras.

La Ronda fue innovadora en muchos aspectos.

Reorientó el mandato y el alcance del GATT al ampliar el ámbito de las negociaciones comerciales, incluyendo en particular el comercio de servicios, la propiedad intelectual, la agricultura y los textiles.

Sin embargo, el objetivo principal de la Ronda Uruguay no era solamente ampliar la cobertura de las normas, sino también que estas normas fueran universales.

En última instancia, la Ronda Uruguay supuso la más grande reforma del sistema internacional de comercio desde el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando se creó el GATT.

Esa reforma incluyó el establecimiento de una organización mundial de comercio permanente – la OMC – para administrar los nuevos acuerdos comerciales multilaterales, supervisar las políticas comerciales nacionales y resolver las diferencias comerciales.

Al crear la OMC, se asumieron compromisos en una gama mucho más amplia de cuestiones. Ahora el sistema no solo se ocupa del movimiento transfronterizo de las mercancías, sino también de los servicios, el capital, las ideas y las personas. Y establece reglas multilaterales vinculantes en cuestiones no arancelarias, relacionadas incluso a normas de comercio dentro de las fronteras. Esto ha ayudado a elaborar un marco jurídico mucho más sólido y claro para el comercio internacional.

Todo esto ha ayudado a dar paso a una economía global más abierta e integrada.

Las negociaciones de la Ronda Uruguay dieron lugar a reducciones arancelarias de hasta el 40% y a la liberalización de nuevos sectores.

El nuevo sistema también reflejó un mundo más diverso y globalizado. En 1947 el GATT contaba con apenas 23 Partes contratantes. Este número llegó a 128 al final de la Ronda Uruguay. Actualmente, la OMC ya cuenta con 164 Miembros y 22 países en proceso de adhesión.

Hoy día, todas las grandes economías del mundo forman parte de un único sistema económico, que abarca el 98% del comercio mundial.

Si bien es cierto que los países industrializados dominaban el GATT, en la OMC los países en desarrollo cumplen una función fundamental en la gestión de la Organización, en la configuración de su programa de trabajo y en la negociación activa de los acuerdos.

De hecho, desde 1995, la participación de los países en desarrollo en el comercio mundial de mercancías ha pasado del 27% a más del 43%. Su participación en el PIB mundial ha pasado del 41% a más del 53%.

El sistema también ha desempeñado un papel esencial al promover el imperio de la ley en las relaciones económicas internacionales y dotar a las relaciones comerciales de estabilidad y previsibilidad.

El sistema de solución de diferencias de la OMC ayuda a los Miembros a resolver las tensiones comerciales, al ofrecer una herramienta útil para despolitizar áreas de fricción.

El sistema de solución de diferencias es sumamente eficaz y uno de los pilares fundamentales de la gobernanza económica y de la paz mundiales. Hasta la fecha, la OMC ha tratado casi 600 diferencias comerciales. Muchas diferencias se resuelven antes de llegar a la fase de litigio, e incluso cuando llegan a esa fase el cumplimiento de las resoluciones es muy elevado, ronda el 90%.

Como ustedes saben, algunos Miembros han planteado preocupaciones sobre el funcionamiento del sistema de solución de diferencias. Estamos trabajando intensamente para abordar esas preocupaciones y promover un diálogo que permita mejorar este pilar esencial de la OMC. Pero se trata de una tarea compleja y, por ahora, no puedo decir que tengamos una solución a la vista.

Por otro lado, en lo que respecta a las negociaciones y a la actualización de las normas comerciales, puedo decir que hemos conseguido logros importantes en los últimos años, con beneficios económicos considerables.

En 2013, los Miembros de la OMC alcanzaron el primer acuerdo multilateral de la Organización: el Acuerdo sobre Facilitación del Comercio. Este acuerdo tiene por objeto agilizar, simplificar y estandarizar los procedimientos aduaneros.

Se estima que podría reducir los costos del comercio en un 14,3%, en promedio, a nivel global, aportando más de 1 billón de dólares anuales al comercio. Se trata de un efecto mayor del que tendría la eliminación de todos los aranceles que se siguen aplicando hoy en el mundo.

En 2015, los Miembros han alcanzado el acuerdo para la eliminación de las subvenciones a la exportación de productos agropecuarios. Fue la mayor reforma del comercio agropecuario en 20 años.

Al mismo tiempo, un grupo de Miembros de la OMC acordó eliminar los aranceles sobre varios productos de tecnología de la información de nueva generación. El comercio de esos productos se valora en torno a 1,3 billones de dólares anuales, lo cual supera el valor del comercio mundial de automóviles y sus componentes.

Además, los Miembros han adoptado decisiones para ayudar a los países menos adelantados a integrarse mejor en el sistema de comercio. También han tomado medidas para mejorar la seguridad alimentaria, y han puesto en vigor la enmienda al Acuerdo sobre los ADPIC, que facilita y abarata el acceso de los países en desarrollo a los medicamentos genéricos.

En conjunto, estos acuerdos representan las mayores reformas del comercio en una generación.

Por lo tanto, si repasamos nuestra trayectoria, hay mucho que celebrar. El sistema ha promovido una mayor cooperación entre las naciones, lo que ha propiciado enormes avances en lo que respecta al bienestar económico en todo el mundo. Ha favorecido la creación de empleo, la prosperidad y el desarrollo. Y ha ayudado a sacar de la pobreza a millones de personas.

Sin embargo, cuando se concluyó la Ronda Uruguay, los líderes mundiales no podían imaginar hasta qué punto cambiaría la economía mundial. Tampoco podían prever la magnitud de esos cambios ni los desafíos que plantearían.

Las nuevas tecnologías están revolucionando la economía mundial. Están transformando por completo la manera en que se diseñan, producen, pagan e intercambian las mercancías, los servicios y la información.

El proceso de innovación tecnológica no tiene nada de nuevo, por supuesto. Pero ahora, en el siglo XXI, son el ritmo y la rapidez de estos nuevos adelantos tecnológicos lo que no tienen precedentes.

El comercio de servicios, de datos y de información registra un gran incremento en todas las plataformas digitales. Y sabemos que también el comercio tradicional de artículos manufacturados, productos agropecuarios o recursos naturales se beneficia cada vez más de las tecnologías digitales.

Según las estimaciones actuales, solamente en 2017 las ventas mundiales de comercio electrónico crecieron un 13%, hasta alcanzar aproximadamente los 29 billones de dólares.

Gracias a todo esto, surgen numerosas oportunidades para aprovechar el comercio como herramienta en la promoción del desarrollo económico. Al mismo tiempo, estos avances tecnológicos sin precedentes también están generando grandes cambios estructurales.

El aumento de la productividad derivado de las nuevas tecnologías está reduciendo la demanda de mano de obra en los sectores más tradicionales. Estudios indican que en el sector manufacturero hasta 8 de cada 10 puestos de trabajo se podría perder debido al aumento de la productividad, y no al abaratamiento de las importaciones – a las que se les suele echar la culpa.

Tenemos que reaccionar ante todo eso y adaptarnos. Son desafíos a los que se enfrentan los gobiernos y las sociedades de todo el mundo, tanto en las economías desarrolladas como en desarrollo.

Y el sistema de comercio también debe dar respuesta a estos desafíos.

En estas circunstancias, un elemento fundamental es ayudar a disipar las tensiones comerciales.

En la OMC estamos trabajando de manera urgente para reducir las tensiones.

También observamos que se empiezan a alzar voces. Los líderes y las asociaciones empresariales están instando a los gobiernos a que se abstengan de levantar nuevas barreras. Piden que los gobiernos negocien y encuentren soluciones, que protejan el sistema. El sistema es el último bastión entre lo que tenemos ahora y la ley de la selva.

Afortunadamente, la mayoría de las personas empieza a entender que las tensiones comerciales generan incertidumbre, y que el aumento de la incertidumbre puede entrañar la retirada de inversores y la pérdida de puestos de trabajo.

En un mundo en proceso de cambio, creo que la única manera de fortalecer el sistema es ayudándolo a evolucionar. Y eso es, precisamente, lo que estamos tratando de hacer en la OMC.

Los Miembros de la Organización están participando en una serie de debates para hacer que la OMC sea más ágil y más capaz de proporcionar respuestas.

Están analizando cómo podríamos mejorar la labor ordinaria de la Organización.

También están estudiando la manera de hacer avanzar la labor de negociación, por ejemplo, explorando nuevas flexibilidades y enfoques innovadores.

Si queremos que el sistema de comercio responda realmente a las necesidades de esta nueva economía, es fundamental actualizar nuestro conjunto de normas.

La cuestión principal es si podemos o no progresar de manera multilateral, con compromisos entre todos los Miembros.

Tenemos que encontrar formas innovadoras de imprimir nueva energía e impulso a cuestiones multilaterales que están con nosotros hace mucho tiempo.

Entre ellas figuran la agricultura y la seguridad alimentaria, y también las negociaciones para abordar las subvenciones a la pesca. Este último es un tema muy importante, y los Miembros están esforzándose por cumplir el plazo límite de fin de año para llegar a un acuerdo.

Asimismo, grupos de Miembros buscan complementar la vía multilateral con las iniciativas puestas en marcha en la Conferencia Ministerial de Buenos Aires en 2017. Estos grupos debaten temas de importancia económica emergente.

No todos los Miembros de la OMC forman parte de estos grupos; pero cada uno de ellos está abierto a todos aquellos que quieran sumarse o simplemente participar en los debates.

Observamos que esta labor está cobrando verdadero impulso.

Un tema importante que se está debatiendo es el comercio electrónico. Un total de 80 Miembros, que representan el 90% del comercio mundial, participan en las negociaciones.

Y creo que eso está muy bien. Sin duda, cualquier sistema de comercio moderno y eficaz tiene que ver con el comercio digital.

El pasado mes de junio, este tema recibió un fuerte impulso en la cumbre del G-20. Líderes de 24 economías presentaron la "Declaración de Osaka sobre la Economía Digital" en la que se comprometen a lograr "progresos importantes" en las negociaciones para la Duodécima Conferencia Ministerial de la OMC en junio de 2020.

Otro tema es la facilitación de las inversiones. En estos debates participan 70 Miembros que representan alrededor del 72% del comercio y el 66% de las entradas de Inversiones Extranjeras Directas. El objetivo es elaborar un marco multilateral para agilizar la burocracia y aumentar la transparencia de las inversiones.

Asimismo, un grupo de Miembros está examinando nuevas disciplinas de reglamentación relacionadas con el comercio de servicios. Está integrado por 60 Miembros, que representan el 73% del comercio mundial.

Por último, otros grupos de Miembros también están llevando a cabo debates sobre las micro, pequeñas y medianas empresas y el empoderamiento económico de las mujeres.

El Uruguay participa en todos estos debates. El Embajador José Luis Cancela hace un excelente trabajo como Coordinador del grupo de MiPyMEs.

La Duodécima Conferencia Ministerial, que se celebrará en Kazajstán en junio del año próximo, es un punto de referencia evidente para todas estas conversaciones.

Tenemos que seguir trabajando intensamente en todos esos frentes si queremos ver avances. Y deberíamos ser pragmáticos y obtener resultados donde se pueda y cuando se pueda.

Al celebrar los veinticinco años del cierre de la Ronda Uruguay, conmemoramos un gran hito en la historia del multilateralismo comercial.

Desde luego, el multilateralismo no es perfecto. No hace desaparecer por arte de magia nuestras diferencias y desacuerdos; pero sí nos da los medios para resolverlos de una manera pacífica y cooperativa.

Experimentamos un período de grandes cambios que se suceden con mucha rapidez.

Estos cambios trascienden las fronteras nacionales: necesitan una respuesta mundial.

Necesitamos volver a identificarnos con un objetivo común para mejorar y poner al día la cooperación mundial, que se adapte a los desafíos del mundo contemporáneo.

No tengo ninguna duda de que el Uruguay seguirá siendo uno de los principales protagonistas. Espero con interés seguir trabajando con todos ustedes para conseguir ese objetivo.

Gracias.

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