DISCURSOS — DG ROBERTO AZEVÊDO

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Observaciones del Director General Roberto Azevêdo

Buenos días a todos. Todos ustedes conocen el comunicado de prensa, por lo que seré breve, a fin de dejar más tiempo para las preguntas.

El formato de esta reunión informativa para la prensa no es lo único excepcional en lo que respecta a las previsiones para el presente año. La COVID-19 ha trastocado la economía mundial y, con ello, el comercio internacional.

La pandemia es, ante todo, una crisis sanitaria. En la OMC hay profunda tristeza por las vidas que se ha cobrado en todo el mundo. Varios de nuestros colegas se han contagiado con el virus y han contraído la enfermedad. Compartimos la ansiedad que sufren los hogares en todas partes.

Sin embargo, esta pandemia es también causa de una importante crisis social y económica. Millones de personas de todo el mundo han perdido ya sus puestos de trabajo y sus fuentes de ingresos. Nuestra previsión refleja las enormes conmociones que actualmente afectan a la oferta y la demanda.

Según nuestras proyecciones, en 2020, el comercio se reducirá drásticamente en todas las regiones del mundo y en todos los sectores de la economía.

Dada la incertidumbre existente en lo que respecta a la duración y las repercusiones económicas precisas de la pandemia, las previsiones se basan inevitablemente en hipótesis arriesgadas. Como resultado, nuestros economistas han elaborado dos situaciones hipotéticas aceptables, en lugar del conjunto único de datos que preparan normalmente.

En una situación hipotética optimista, nuestros economistas estiman que el volumen del comercio mundial de mercancías se reducirá este año en el 13% en comparación con 2019.

Si la pandemia no se controla y los gobiernos no aplican y coordinan respuestas de política eficaces, el descenso podría ser del 32% o más.

Una vez más, quiero insistir en que todas estas proyecciones son muy inciertas, dado el gran número de factores desconocidos que intervienen en este caso. Por ejemplo, las tensiones del mercado crediticio están afectando a la disponibilidad de financiación para el comercio.

No obstante, las cifras son poco esperanzadoras, de eso no cabe duda. Las comparaciones con la crisis financiera de 2008, e incluso con la Gran Depresión de 1930, son inevitables.

Por esa razón quiero subrayar que las causas fundamentales de la actual crisis económica son muy distintas de las que provocaron las crisis anteriores. Nuestros bancos no están subcapitalizados. El motor económico se halla en buen estado. Pero la pandemia ha cortado el tubo de alimentación de combustible de ese motor. Si el tubo de alimentación vuelve a conectarse correctamente, es posible que se produzca una reactivación rápida y vigorosa.

Dos factores determinarán la fuerza de nuestra recuperación. En primer lugar, la rapidez con que la pandemia se ponga bajo control. Y en segundo lugar, las decisiones de política de los gobiernos.

Las probabilidades de que se produzca una recuperación firme serán mayores si los responsables de las políticas ofrecen a las empresas y los hogares razones para creer que la crisis económica causada por la pandemia es temporal y excepcional. Para ello, es necesario que las políticas fiscal, monetaria y comercial se muevan en la misma dirección. Un giro proteccionista introduciría nuevas perturbaciones que se sumarían a las que estamos sufriendo ya. Mantener los mercados abiertos al comercio y a las inversiones internacionales ayudará a las economías a recuperarse con más rapidez.

 

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Conferencia de prensa relativa a las previsiones sobre el comercio

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