Lo que está ocurriendo en la OMC

WTO NOTICIAS: DISCURSOS — DG MIKE MOORE

Consejo General de la OMC
31 de julio de 2002
Discurso de despedida del Director General

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Discursos: Mike Moore

Informe del Presidente del CNC al Consejo General



Hacer clic aquí para pasar a la página del Programa de Doha para el DesarrolloEn 1999, en mi discurso de despedida ante el Parlamento de Nueva Zelandia, dije que mi nuevo cargo en la OMC era la continuación de una vida dedicada al servicio público. Dije que viajaría a Ginebra y que me consagraría a estas funciones con todas mis fuerzas. Así lo he hecho.

Vine aquí con un programa. Un programa tendencioso. Quería que se iniciara una nueva ronda centrada en los problemas del desarrollo. Quería ampliar el número de Miembros. Quería reubicar a la OMC y promover el multilateralismo.

Ahora que mi mandato de Director General de la Organización Mundial del Comercio toca a su fin, al despejar mi escritorio y descolgar las pinturas de bellos paisajes de Nueva Zelandia que adornan las paredes de mi despacho, quiero decirles que cada día que he podido servir a esta institución ha sido para mí un gran honor personal y cada día ha sido un privilegio.

No tengo intención de pasar revista al tiempo que hemos pasado juntos. Ese será el tema de mi próximo libro que, una vez terminado, podrán adquirir en las buenas librerías. Salgo de él bastante airoso, pero he dado instrucciones a la editorial de que no ponga los nombres de ustedes en el índice, así que no tendrán más remedio que comprar el libro.

Al cabo de tres años, creo que tenemos derecho a pasar revista a un historial de logros sumamente sólidos. Ello nos ayudará también a recordar cuánto queda todavía por hacer y por qué esta labor es tan importante y tan urgente.

Cuando llegué a Ginebra, en septiembre de 1999, la OMC se encontraba en una encrucijada. Nunca antes había disfrutado el sistema multilateral de comercio de tal eminencia en la vida internacional; a la vez, nunca antes había sido objeto de un ataque tan intenso. Nunca antes habían sido tan justificados y necesarios los principios fundamentales del sistema, esto es, el consenso, la no discriminación y el imperio del derecho; sin embargo, tampoco antes había sido tan arduo lograr que se aplicasen en la práctica. Nunca antes había podido el libre comercio dentro de un sistema basado en normas hacer tanto por elevar el nivel de vida y mejorar las oportunidades; sin embargo, nunca antes había sido tan flagrante la persistencia de la pobreza y la exclusión.

En Seattle la intersección de estos intereses convirtió a la ciudad en escena de un gran choque en cadena, una colisión, una pugna de prioridades e imperativos. Mucho se ha escrito sobre Seattle. Algunas de la cosas que se han dicho son incluso ciertas. Había habido fracasos de Conferencias Ministeriales, pero ninguno tan espectacular. En verdad, no fracasamos a causa de los manifestantes que protestaban o de deficiencias en nuestros procesos, aunque ni aquéllos ni éstas nos ayudaron. Fracasamos en lo sustantivo, y porque los Miembros estaban demasiado distanciados respecto de las cuestiones clave.

Seattle nos costó dos años y, al menos para algunos, puso en tela de juicio la legitimidad y la supervivencia mismas del sistema multilateral de comercio. Con todo, merced a la fe que hemos conservado en los principios y objetivos básicos de esta institución, así como a la ardua labor de los Embajadores, los Ministros, los funcionarios y la Secretaría, hemos reanudado, y mucho, la marcha.

Me enorgullezco de lo que juntos hemos logrado en estos tres últimos años. Se ha restablecido la confianza en el sistema después del revés sufrido en Seattle. Aunque hemos seguido teniendo la mira básicamente puesta en la liberalización del comercio, también hemos situado legítimamente las cuestiones del desarrollo y los intereses de nuestros Miembros más pobres en el centro de nuestros trabajos. Estamos haciendo más que nunca por brindar asistencia a los Miembros más pobres y pequeños para que puedan integrarse en el sistema de comercio y participar fructíferamente en los procesos de la OMC. Considero asimismo que el éxito notable del lanzamiento de una nueva ronda de negociaciones comerciales en Doha el año pasado ha creado enormes posibilidades de promover las condiciones de los pueblos de todo el mundo.

También podemos enorgullecernos del dinamismo que hemos mantenido desde Doha. Nuestras estructuras de negociación están establecidas y los trabajos sustantivos están bien encaminados. Los Miembros, además, han actuado decisivamente al aprobar un mayor presupuesto para 2002 y prometer 30 millones de francos suizos con destino a un nuevo Fondo Fiduciario Global para la asistencia técnica. Corresponde ahora a los negociadores trabajar con dedicación y flexibilidad para hacer realidad los beneficios que ofrece el sistema multilateral de comercio.

Esta tarea es urgente. Es urgente porque sólo quedan 13 meses hasta la Quinta Conferencia Ministerial, que se reunirá en Cancún. Es urgente porque los Ministros se han dado plazo hasta enero de 2005 para completar la ronda (no se trata de una ronda de tres años, porque ya hemos pasado cuatro años en ella). El Programa de Doha para el Desarrollo también es urgente porque más de la mitad de la población del mundo sigue viviendo con menos de 2 dólares por día, y la feliz conclusión de la ronda puede ayudar a sacar a miles de millones de personas de la pobreza. Esta Programa está destinado a ellas. Nuestra mayor motivación son los pueblos a cuyo servicio estamos.

Es para mí motivo de gran satisfacción personal que en los últimos tres años hayamos podido acoger en la Organización Mundial del Comercio a más de la cuarta parte de la población mundial: hablo de la adhesión de Estonia, Jordania, Georgia, Albania, Omán, Croacia, Lituania, Moldova, China y Taipei Chino. Rindo tributo a los laboriosos negociadores y funcionarios de la Secretaría que lograron llevar a buen término esos procesos de adhesión. Viendo la larga lista de países que aún esperan la adhesión a la OMC, confío firmemente en las perspectivas a largo plazo de esta institución. En lo inmediato, Armenia, la ex República Yugoslava de Macedonia y Vanuatu se sumarán este año a los Miembros de nuestra Organización. Si incorporamos a Rusia para la fecha de la Quinta Conferencia Ministerial el año próximo, habremos obtenido una gran victoria. Si Rusia no se ha adherido para la fecha de la Sexta Conferencia Ministerial, en 2005, habremos sufrido un gran revés.

Podemos enorgullecernos de los cambios introducidos en la forma en que funciona la OMC. Veamos brevemente algunos de estos cambios.

Primero, nuestros procesos son ahora mucho más inclusivos. Solía ser difícil que los Miembros más pequeños y más pobres asistieran a las reuniones en Ginebra y siguieran nuestros procesos. Ahora nos estamos encargando de traer a estos representantes y estamos programando actividades de formación para que puedan estar también presentes en las reuniones clave del Consejo General y del Comité de Negociaciones Comerciales. También hemos ampliado grandemente nuestras actividades de asistencia técnica y de capacitación, tanto en Ginebra como en las capitales, y estamos empleando tecnologías nuevas como Internet y los servicios de aprendizaje a distancia.

Segundo, somos más transparentes y nos responsabilizamos más en nuestra forma de actuar y de adoptar decisiones. Ello se pone de manifiesto en todas las esferas de nuestra labor: en la asistencia técnica, donde tenemos nuevos sistemas de auditoría y evaluación; en los Consejos y Comités, donde ahora suprimimos el carácter reservado de los documentos en mucho menor plazo; y en nuestro sitio Web, donde la información sobre las actividades de la OMC se comunica libremente a las delegaciones y al público.

Tercero, mantenemos una cooperación más estrecha que nunca con organismos internacionales y regionales. Asimismo, el reconocimiento de la función cada vez más importante de nuestra institución en la gestión de la economía mundial se sigue manifestando en las invitaciones que recibimos para participar en diversas conferencias de las Naciones Unidas, en las cumbres del Grupo de los Ocho y en muchas otras reuniones a nivel ministerial. Ha sido un honor colaborar de cerca con grandes funcionarios públicos internacionales como Kofi Annan, Jim Wolfensohn y Horst Kohler. Creo que hemos hecho auténticos progresos en nuestro empeño por velar por la coherencia de la labor de nuestras respectivas instituciones. Me complacen también los progresos realizados en la tarea de revitalizar el Marco Integrado y el Programa Integrado Conjunto de Asistencia Técnica (JITAP) y ampliar nuestro diálogo con las instituciones regionales y de desarrollo.

Cuarto, considero que hemos hecho verdaderos progresos en nuestros esfuerzos por mejorar la imagen de la OMC y dar participación a la sociedad civil. Nos ponemos en contacto con las organizaciones no gubernamentales mediante seminarios y simposios periódicos. Hemos establecido nuevos e importantes vínculos con legisladores y encargados de la formulación de políticas. También estamos tratando de alentar una mayor intervención de los dirigentes económicos, los sindicatos y otros sectores de la sociedad civil.

Por último, la Secretaría se ha reubicado para prestar una mejor asistencia a los Miembros en el programa de trabajo. Hemos consolidado nuestras estructuras internas y reorientado nuestras prioridades para responder claramente al Programa de Doha para el Desarrollo.

Debo decir también, en cuanto a la Secretaría, que hemos continuado los esfuerzos por lograr en ella la mayor diversificación posible, en consonancia con los más altos niveles de competencia, integridad y eficiencia. En sólo 10 años, se ha duplicado con creces el número de mujeres que ocupan cargos profesionales, y el número de países en desarrollo representados en la Secretaría se ha acrecentado en más de 40 por ciento. Asimismo, sólo en los tres últimos años, hemos observado un movimiento sumamente alentador en el número total de nacionalidades representadas en la Secretaría, y nuestro programa revitalizado de pasantías recibe ahora casi el doble de jóvenes de países en desarrollo que hace tres años.

El Dr. Supachai Panitchpakdi tomará posesión de su cargo en la OMC el 1º de septiembre. Las disposiciones de transición están bien avanzadas y desde hace varios meses el Dr. Supachai viene recibiendo toda la documentación. Estoy en constante contacto con él y haré cuanto esté en mis manos para prestarle apoyo, a él y a la OMC.

Aprovecho esta oportunidad para agradecer a todos ustedes el apoyo, la cooperación y la amistad que me han brindado en el curso de mi mandato. Les agradezco asimismo la sabiduría, la iniciativa, la comprensión y el empeño de que han hecho gala. Son ustedes representantes sobresalientes de sus pueblos. Quiero rendir homenaje a ustedes, a sus Ministros y a sus Gobiernos.

Quisiera también rendir homenaje al Presidente del Consejo General, a los Presidentes anteriores y a otros diplomáticos distinguidos que han presidido nuestros comités y grupos de trabajo.

Este es también el momento, de rendir homenaje a los Directores Generales que me han precedido, en particular a Arthur Dunkel, Peter Sutherland y Renato Ruggiero. Nunca olvidaré los consejos y el apoyo que recibí de estos tres grandes funcionarios públicos. En los momentos más difíciles de mi mandato, sus llamadas telefónicas y sus palabras de aliento contribuyeron siempre a levantarme el ánimo.

Tanto ustedes como yo hemos recibido excelentes servicios de la Secretaría de la OMC. Los funcionarios de la Secretaría han trabajado con denuedo, determinación y consagración en los últimos tres años. Son profesionales. Son objetivos. Tengo una gran deuda para con los Directores Generales Adjuntos. Quisiera también hacer llegar mi reconocimiento y mi agradecimiento a los demás funcionarios: los de mi gabinete, los Directores, los funcionarios de las divisiones, los oficiales de conferencias, los traductores, los guardias, el personal de limpieza, los choferes, en una palabra: todos. Todos ustedes forman parte del equipo. Todos han hecho una excelente labor.

Quiero manifestar mi especial agradecimiento a los intérpretes. Una Embajadora recientemente manifestó su pesar de que me alejara del cargo, diciendo que sólo comenzaba a entender mi inglés. "Esa es precisamente la razón por la que debo irme", le dije. Y añadí: "No se preocupe: tampoco me entendía nadie en Nueva Zelandia." Agradezco a los intérpretes que han tenido que contender con un cuarto idioma oficial: el neozelandés.

Sé que a veces he causado ofensa y presento mis excusas. He cometido algunos errores, pero nunca con mala intención. En su mayor parte, mis errores han nacido del entusiasmo por llevar adelante los trabajos, completar nuestros programas y prestar servicio al público. George Bernard Shaw dijo que las personas razonables no hacen cambios y que todo el progreso humano depende de las personas irrazonables. A veces, pues, he sido irrazonable.

Quiero concluir con la cita de un gran hombre de Estado británico. Cuando le preguntaron qué atributos debía tener un político — y añado yo un Director General, Churchill respondió con estas palabras: “La capacidad para predecir lo que va a ocurrir mañana, la semana próxima, el mes próximo y el año próximo, y la capacidad para explicar luego por qué no ocurrió así”. Mi libro, que se publicará en su momento, mostrará cómo ocurrieron las cosas en esta institución. Y mostrará de qué manera ustedes y yo, juntos, hicimos que estas cosas ocurrieran.

Continuaré prestando servicio al público. No creo que exista una vocación superior. Cabe incluso que me sume a alguna organización no gubernamental, o que marche junto a los manifestantes hasta las puertas de esta misma institución. Me reconocerán inmediatamente. Mi pancarta dirá: “Justicia ahora: a concluir la Ronda”.