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NOVENA CONFERENCIA MINISTERIAL DE LA OMC, BALI, 2013

Carta a todos los periodistas acreditados en la Novena Conferencia Ministerial

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> Conferencia Ministerial de Bali

Estimado colega:

Del 3 al 6 de diciembre, los 159 gobiernos Miembros de la OMC asistirán en Bali a la reunión más importante que ha celebrado nuestra Organización en muchos, muchos años. Los próximos días podrían configurar el futuro de la OMC y del sistema mundial de comercio. De momento, el resultado de la reunión es muy incierto.

El “paquete de Bali” es muy denso, pero las cuestiones tratadas pueden resultar complicadas incluso para los expertos. No le va a resultar fácil tratar de comprender esos textos. Mi equipo de oficiales de prensa estará a su disposición para ayudarle a familiarizarse con estos asuntos complejos. Permítame que trate de ayudarle también resumiendo brevemente las cuestiones que se plantean en la Novena Conferencia Ministerial. El paquete comprende los siguientes elementos:

  • Medidas de “facilitación del comercio” destinadas a simplificar los procedimientos aduaneros y reducir al mínimo las demoras innecesarias en la frontera, y que traerían consigo empleo y oportunidades en una época de desempleo y lento crecimiento. Se estima que estas simples medidas supondrían hasta 1 billón de dólares cada año para la economía mundial. El paquete también traería consigo asistencia técnica en esta esfera para una mejor integración de los países en desarrollo y de los países menos adelantados (PMA) en la economía mundial. El concepto de asistencia técnica para ayudar a los países en desarrollo y los PMA a aplicar los Acuerdos de la OMC es novedoso y podría tener una gran repercusión.
  • Medidas específicas en apoyo de los PMA, entre ellas: mejora de los esquemas de acceso a los mercados libre de derechos y de contingentes; normas de origen simplificadas y más accesibles para sus exportaciones; mejora del acceso a los mercados para el sector de los servicios; y un impulso renovado a las negociaciones sobre el algodón.
  • Un mecanismo para el examen y fortalecimiento de las disposiciones relativas al trato especial y diferenciado (que son fundamentales para los países en desarrollo y los PMA) en todos los Acuerdos de la OMC.
  • Algunas cuestiones muy importantes sobre la agricultura que nos encaminarían a una reforma de las subvenciones a la exportación y de las medidas de efecto equivalente, permitirían una mejor aplicación de los compromisos en materia de contingentes arancelarios, y ofrecerían una protección temporal para los programas de seguridad alimentaria, al tiempo que sentarían las bases para unas negociaciones en las que se abordarían las preocupaciones relacionadas con la sostenibilidad de los programas legítimos de seguridad alimentaria y ayuda alimentaria.

Un resultado positivo en esta reunión reportaría pues importantes beneficios. Y, a la inversa, un fracaso tendría consecuencias muy negativas. Supondría renunciar a todo lo que antecede y pondría en peligro la capacidad de la OMC para negociar acuerdos futuros.

No es ningún secreto que los gobiernos han estado explorando otras vías para liberalizar el comercio. Estas iniciativas son positivas, pero no pueden sustituir a los acuerdos y normas mundiales. Los acuerdos regionales o plurilaterales son exclusivos por definición y los países excluidos son, la mayoría de las veces, los más pobres y débiles. Si fracasáramos en Bali, no solo fallaríamos a la comunidad empresarial, sino que fallaríamos también a los más vulnerables de entre nosotros.

Como muchos de ustedes saben, hemos trabajado denodadamente en Ginebra para salvar las distancias entre los países y encontrar un terreno común. Cientos de horas de trabajo en reuniones en las que participaron todos los Miembros de la OMC nos acercaron al éxito, pero no fuimos capaces de cruzar la línea de meta. En la reunión del Consejo General del 26 de noviembre escuché atentamente a los Miembros, y lo que dijeron me pareció alentador. Prácticamente todos los Miembros de la OMC afirmaron que habíamos avanzado tanto y habíamos trabajado tan duro que no podíamos dejar que el paquete fracasara. Escuché muchas sugerencias y tomé nota de todas ellas.

Lo que más me sorprendió, sin embargo, fue la determinación que mostraron todas las partes. El Grupo de los PMA, el Grupo Africano y el Grupo de Estados de África, el Caribe y el Pacífico señalaron de manera inequívoca que no debíamos dejar que un posible acuerdo, que ofrece oportunidades reales de desarrollo para el presente y el futuro, se desvaneciera. La OMC es para estos países la mejor oportunidad de integración en la economía mundial. Pero los países desarrollados mostraron la misma actitud positiva y se manifestaron en el mismo sentido. Es evidente que con respecto a este paquete no existe una fractura entre países desarrollados y países en desarrollo, sino que todos los países trabajan juntos en su mutuo beneficio.

En los últimos días, los Miembros se han esforzado en encontrar soluciones y he colaborado con los Ministros en la búsqueda del mejor modo de avanzar. Una vez más, se me ha informado del firme deseo de seguir adelante. Creo que hay un amplio consenso en que no es posible llegar más lejos por las vías de negociación tradicionales. Las distancias que persisten entre las diferentes posiciones pueden ser salvadas. Nada de lo que está sobre la mesa exige a ningún Miembro hacer más de lo que es factible. Si los Ministros desean alcanzar un acuerdo, es muy posible que se alcance. Lo que necesitamos es voluntad política.

Es mucho lo que queda por hacer y son pocos los días para hacerlo. El desafío que tienen ante sí los Miembros es considerable; esperemos que lo superen.

Atentamente,

Roberto Azevêdo

 

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