Treinta años después: Llamamiento a la acción para restablecer la cooperación económica en la OMC
Anabel González, Vicepresidenta de Países del Banco Interamericano de Desarrollo
POR INVITACIÓN
“Oportunidad”. Esa fue la palabra que Peter Sutherland, el primer Director General de la OMC, utilizó para describir la creación del nuevo marco mundial que regiría el comercio de bienes y servicios, allá por 1994. Se refirió concretamente a las “oportunidades de expansión del comercio, el crecimiento económico y el empleo”, las “oportunidades de promover el desarrollo sostenible” y “la oportunidad — la más importante que hemos tenido en los últimos 50 años — de sentar nuevas bases para la cooperación económica mundial”.
En la actualidad, la OMC y sus normas siguen siendo fundamentales para ayudar a las naciones a aprovechar las nuevas oportunidades para el crecimiento del comercio, recurrir al comercio para hacer frente a los desafíos mundiales y distender las tensiones comerciales. Sin embargo, en un contexto de aumento de las tensiones geopolíticas, el compromiso de algunos de los principales actores con la interdependencia económica ha disminuido, socavando así ciertos principios fundamentales de la gobernanza del comercio mundial y dificultando el logro de una convergencia económica sostenible, en particular para aquellos que siguen al margen del desarrollo económico (sean personas, empresas o países enteros).
Treinta años después de la puesta en marcha de la OMC, es momento de reactivar el espíritu de cooperación económica que inspiró su creación, en esta ocasión para apoyar la denominada reglobalización y hacer que el comercio sea más inclusivo y más equitativo. La inacción, la complacencia o la esperanza de que, de pronto, cambien de parecer aquellos a quienes no convence el sistema multilateral de comercio no funcionarán. Para restablecer la práctica de la colaboración entre los Miembros de la OMC se precisan medidas audaces: en primer lugar, debe destacarse el papel de la política comercial como catalizador del crecimiento y el desarrollo; en segundo lugar, deben reajustarse las preocupaciones en materia de seguridad nacional; y en tercer lugar, es necesario un compromiso tangible para restablecer la confianza entre las economías y actualizar el conjunto de normas de la OMC para que estén más en consonancia con las realidades actuales.

Reivindicar la función de la política comercial como motor del crecimiento
En el mundo actual, la política comercial se utiliza con demasiada frecuencia para alcanzar objetivos nacionales, entre ellos algunos que pueden ser encomiables. Sin embargo, la eficacia del uso de los aranceles, las subvenciones u otros instrumentos de política comercial para alcanzar objetivos geopolíticos, climáticos o tecnológicos es, en el mejor de los casos, dudosa. Una cosa está clara: poner trabas al comercio no reduce el costo de las mercancías, y son principalmente los consumidores, sobre todo los más vulnerables, quienes acaban pagando unos precios más elevados. Las pruebas también confirman que quienes sufren las consecuencias de las restricciones al comercio raramente se quedan de brazos cruzados, y que rápidamente pueden tomarse medidas de represalia, con el consiguiente riesgo de que se produzca un conflicto comercial.
En los últimos 30 años, el comercio ha impulsado el crecimiento de los ingresos de manera sistemática, incluso en muchos países en desarrollo. Sin embargo, la incertidumbre y las tensiones han moderado la expansión del comercio en los últimos años. Se prevé que el crecimiento del comercio mundial en 2024 se sitúe muy por debajo de las tasas medias registradas en los decenios anteriores a la pandemia. Los encargados de la formulación de políticas deben reivindicar la función de la política comercial como motor del crecimiento económico, comenzando por la plena utilización de la OMC para garantizar la apertura y la certidumbre en el sistema de comercio.
Restablecer el equilibrio entre seguridad nacional y comercio
Si bien la seguridad nacional y el aumento de las amenazas implícitas en la concentración excesiva de la producción o determinadas tecnologías disruptivas constituyen una preocupación legítima para los Gobiernos, también existe el riesgo de que recurrir cada vez con mayor frecuencia a los riesgos para la seguridad nacional pueda distorsionar el comercio y crear tensiones comerciales. El Profesor Daniel Drezner sostuvo recientemente que, a medida que se añadían más artículos a la cesta de la “seguridad nacional”, más difícil les resultaba a los encargados de la formulación de políticas concentrarse en lo que era verdaderamente importante en materia de política exterior, y añadió que se necesitaba una “reestructuración” de las amenazas para la seguridad nacional. Ello, a su vez, podría contribuir a aumentar la transparencia y mejorar la comprensión mutua de la razón de ser y las ventajas de las medidas comerciales motivadas por las preocupaciones en materia de seguridad.
Reformar la OMC para el mundo de hoy
La OMC necesita importantes reformas para seguir siendo eficaz. Una de esas reformas consistiría en fortalecer las disciplinas que abordan las políticas causantes de distorsión del comercio, como las subvenciones, incluso examinando si podrían ser necesarias normas especiales para gestionar las particularidades de los distintos sistemas económicos. Otra reforma consistiría en flexibilizar más la forma en que trabaja la OMC, facilitando las negociaciones entre el grupo de economías mediante conversaciones plurilaterales que pudieran integrarse más tarde en el marco mundial. Otra reforma más podría promover las iniciativas comerciales que favorezcan el crecimiento — una cuestión especialmente pertinente para las economías en desarrollo — mediante el apoyo a un comercio verde, digital e inclusivo. Por último, en aras de una mayor certidumbre y previsibilidad del comercio internacional, es necesario restablecer la plena funcionalidad del sistema de solución de diferencias de la OMC.
De la globalización a la reglobalización en la OMC
Bajo la dirección de Peter Sutherland, la OMC se convirtió en una plataforma para crear oportunidades por medio de la globalización. Treinta años más tarde, bajo el mandato de la Directora General Ngozi Okonjo-Iweala, la OMC debe evolucionar y convertirse en una fuente renovada de oportunidades por medio de la reglobalización, garantizando que los beneficios del comercio lleguen a más personas, más empresas y más economías, sin dejar a nadie atrás.
