DISCURSOS — DG ROBERTO AZEVÊDO

Observaciones del Director General Azevêdo

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  • Se prevé una recuperación del comercio en 2017 y 2018, en un contexto de incertidumbre sobre las políticas

  

Buenos días a todos y bienvenidos.

Como ya han tenido la oportunidad de leer el comunicado de prensa, voy a limitarme a exponer brevemente los aspectos generales y a destacar algunas de las cuestiones que considero fundamentales. Para empezar, déjenme decirles que, a menos que se especifique otra cosa, todas las cifras relativas al comercio que voy a mencionar están expresadas en volumen.

Comencemos echando un vistazo a 2016. El pasado mes de septiembre publicamos una previsión actualizada en la que se advertía que en 2016 el comercio mundial iba a crecer al ritmo más lento desde la crisis financiera. Al final resultó ser una previsión exacta.

La cifra definitiva del año fue del 1,3%, por debajo incluso de nuestra estimación revisada del 1,7%, que a su vez ya era inferior a las estimaciones de otras instituciones. Los resultados desfavorables registrados durante el año se debieron sobre todo a la desaceleración en los mercados emergentes, donde el año pasado las importaciones se estancaron y apenas crecieron en volumen.

En 2016, el valor en dólares del comercio mundial de mercancías se redujo por segundo año consecutivo, mientras que las exportaciones cayeron en un 3,3%, situándose en 15,46 billones de dólares. La disminución fue menos acusada que en 2015, cuando el valor del comercio cayó en un 13,5%. Estas variaciones se debieron a las grandes variaciones en los precios de los productos básicos y en los tipos de cambio que se habían producido sobre todo en 2015, pero cuyos efectos aún eran perceptibles en 2016.

Pasemos ahora a las perspectivas del comercio mundial para 2017 y más adelante.

Algunos indicadores tempranos apuntan a una recuperación del crecimiento del comercio en 2017. Por ejemplo, el tráfico portuario de contenedores ha registrado un aumento sin precedentes. Las cifras relativas a los pedidos de exportación mundiales han alcanzado su nivel más alto en varios años.

Estos factores, sumados a la recuperación prevista del PIB mundial, permiten albergar un prudente optimismo.

La OMC, por lo tanto, prevé que en 2017 el crecimiento del comercio mundial remonte hasta el 2,4%. Ahora bien, debido al elevado nivel de incertidumbre económica y normativa, hemos situado este valor en una horquilla comprendida entre el 1,8% y el 3,6%.

Para que el pronóstico del 2,4% se haga realidad, los gobiernos deberán aplicar una combinación apropiada de políticas y deberán cumplirse las previsiones relativas al PIB. La coyuntura económica debería mejorar mucho más para que el crecimiento del comercio se acercara al extremo superior de la horquilla. Por otra parte, cambios imprevistos de las políticas monetarias, fiscales y comerciales podrían traducirse en resultados más cercanos al extremo inferior de la misma.

En cuanto a 2018, nuestras previsiones sitúan el crecimiento del comercio entre el 2,1% y el 4,0%. Esta previsión está sujeta a los mismos factores de incertidumbre ya mencionados.

En los últimos años hemos seguido muy de cerca la relación entre el crecimiento del comercio y el del PIB.

En 2016, la relación descendió a 0,6:1. Es la primera vez desde 2001 en que ha bajado de 1:1. Se prevé que en 2017 se produzca una recuperación parcial, pero nuestra previsión es que seguirá muy por debajo de la media posbélica de 1,5:1, aproximadamente.

En general creo que, aunque hay motivos para albergar un prudente optimismo, el crecimiento del comercio sigue siendo frágil y el riesgo de que haya que revisar esos valores a la baja es grande. Por supuesto, gran parte de la incertidumbre que rodea las perspectivas es de índole política y no solo geopolítica, aunque en parte también se debe a que los efectos potenciales del comercio suscitan preocupación en la gente.

Lo cierto es que el comercio desempeña una función muy beneficiosa para la economía en general. Su efecto neto es positivo, porque impulsa el crecimiento, la creación de empleo y el desarrollo.

Sin embargo, no hay que desatender la preocupación popular. Una ganancia neta para el conjunto de la economía, o para otras personas, no significa mucho para alguien que ha perdido su trabajo.

Ahora bien, para hallar la respuesta correcta tenemos que estudiar el cuadro completo.

El hecho es que la economía, impulsada por la tecnología y la innovación, está cambiando con rapidez. Ocho de cada diez puestos de trabajo que desaparecen en el sector manufacturero se pierden como consecuencia de la introducción de tecnologías innovadoras y de incrementos de la productividad. Se calcula que actualmente el 65% de los niños que comienzan la escuela primaria acabará haciendo un tipo de trabajo que todavía no existe. Tenemos que adaptarnos a esta nueva realidad.

Para ello, tenemos que aplicar la combinación correcta de políticas en toda una serie de esferas. A nivel nacional hay que elaborar políticas para apoyar a los trabajadores actuales y formar a los trabajadores del mañana.

Cerrar las fronteras al comercio no haría más que empeorar la situación, porque no se recuperarían los puestos de trabajo perdidos y se perderían aún más.

Tenemos que seguir utilizando el comercio para reportar aún más beneficios a un mayor número de personas. Una mayor integración comercial puede contribuir a aumentar la inclusividad del sistema, conectando las nuevas ramas de producción y los agentes de menor tamaño a los nuevos mercados.

Por eso tenemos que seguir reformando el sistema del comercio en esta dirección, basándonos en los buenos resultados de los últimos años, como el Acuerdo sobre Facilitación del Comercio, el Acuerdo sobre Tecnología de la Información ampliado y la eliminación de las subvenciones a la exportación de productos agrícolas.

Además, tenemos que resistirnos a levantar nuevos obstáculos.

La crisis financiera hizo peligrar el sistema mundial de comercio, pero este superó la prueba. No se ha presenciado un importante aumento del proteccionismo, y sin duda tampoco asistir a una repetición del decenio de 1930.

El porcentaje de las importaciones mundiales afectadas por medidas de restricción de las importaciones aplicadas desde octubre de 2008 y todavía vigentes es tan solo del 5%. No hay duda de que podría ser aún más bajo, pero demuestra que la OMC cumplió su cometido.

Ahora tenemos que seguir consolidando el sistema, poniendo en práctica nuevas reformas e intentando impedir que se yergan nuevas barreras al comercio. En lo que a los Miembros se refiere, constato que aquí, en Ginebra, hay un gran nivel de compromiso.

En última instancia, estos factores serán fundamentales en las perspectivas de crecimiento tanto del comercio como de la economía.

Muchas gracias.

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