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CM12: más de lo que parece a simple vista

Más de 100 altos funcionarios encargados del comercio se reunieron en Ginebra del 12 al 17 de junio para participar en la Duodécima Conferencia Ministerial (CM12) de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Aunque el multilateralismo ya estaba sometido a presión cuando los Ministros se reunieron por última vez en 2017, las cosas se han complicado todavía más desde entonces. Una serie de crisis superpuestas y acumulativas han sido el telón de fondo de los debates: una pandemia, la guerra, las perturbaciones en las cadenas de suministro, una crisis alimentaria inminente, el aumento de la inflación, la profundización de las fracturas geopolíticas y el cambio climático. Sin embargo, contra todo pronóstico, la CM12 ha logrado resultados. Los resultados concretos y tangibles confirman que la cooperación comercial multilateral puede dar respuesta a los desafíos del mundo actual y ayudar a los Gobiernos a hacer frente a las emergencias mundiales, incluso en los momentos más difíciles. También dejan entrever cuál podría ser el futuro de la OMC, quizás el resultado más importante. Pero la CM12 también ha puesto de manifiesto graves problemas para aprovechar todo el potencial del sistema multilateral de comercio de cara a un crecimiento sostenible e inclusivo.

Las Conferencias Ministeriales de la OMC son acontecimientos imprevisibles, que suelen tener vida propia. Cuando se reúnen los Ministros de Comercio de todo el mundo para negociar un conjunto de cuestiones complejas y sensibles en unos pocos días, nadie puede prever realmente lo que ocurrirá. Ha habido grandes éxitos, como en Bali, en 2013, cuando los Ministros adoptaron el histórico Acuerdo sobre Facilitación del Comercio; y también grandes fracasos, como en Seattle, en 1999, cuando los organizadores echaron el cierre antes incluso de la fecha de clausura de la Conferencia. La última reunión del principal órgano de adopción de decisiones de la OMC, en Buenos Aires, no dio lugar a ningún resultado multilateral.

En el caso de la CM12, las expectativas eran escasas, pero había mucho en juego. El éxito, aunque fuera modesto, era esencial. La falta de resultados habría sido devastadora por varios motivos. Habría sido una oportunidad perdida para que los Gobiernos utilizaran la colaboración comercial con el fin de hacer frente a la pandemia, la crisis alimentaria o el agotamiento de las poblaciones de peces. De no haberse prorrogado la moratoria sobre la imposición de derechos de aduana a las transmisiones electrónicas, se habría producido un retroceso en la continua expansión de la economía digital y el creciente número de pequeñas y medianas empresas y de consumidores que dependen de ella, tanto en las economías avanzadas como en las economías en desarrollo. Sin voluntad de colaborar, los Gobiernos habrían asestado un duro golpe a las perspectivas de reforma de la OMC y, con ello, al futuro de la Organización. Afortunadamente, los Ministros se decantaron por el éxito. Gran parte del mérito es de la Directora General, Dra. Ngozi Okonjo-Iweala, que trabajó incansablemente para evitar que los Miembros eligieran la otra alternativa.

Los resultados formales de la Conferencia Ministerial se refieren a cuestiones fundamentales del mundo de hoy en día. En la lucha contra la pandemia, la parte más importante — y controvertida — aclara y simplifica el margen de que disponen los Gobiernos para limitar los derechos de patente, a fin de apoyar la diversificación geográfica de la capacidad de producción de vacunas. Para luchar contra la inseguridad alimentaria, los Miembros acordaron fomentar el comercio y eximir las compras de alimentos realizadas por el Programa Mundial de Alimentos de las restricciones a la exportación. En cuanto al comercio digital, los Miembros se comprometieron a no imponer derechos de aduana, de modo que la retransmisión de vídeos en línea y las transmisiones electrónicas, incluidas las financieras, puedan seguir fluyendo libremente a través de las fronteras. Y, por primera vez en la historia de la OMC, los Miembros alcanzaron un acuerdo en el que la sostenibilidad ambiental ocupa un lugar central, en este caso para prohibir las subvenciones a las operaciones de pesca ilegal, no declarada y no reglamentada y de poblaciones sobreexplotadas, y sobre un marco de transparencia para el intercambio de información.

En la preparación del camino a seguir, los Ministros se comprometieron a trabajar en la reforma de la OMC, con el fin de mejorar todas sus funciones. Esto es crucial. Acordaron un proceso sustentado en la estructura de la Organización, con flexibilidad, y con el mandato de informar sobre los progresos realizados antes de la próxima Conferencia Ministerial. Además, reconocieron la importancia y la urgencia de hacer frente a los retos y preocupaciones con respecto al sistema de solución de diferencias, incluidos los relacionados con el Órgano de Apelación, con miras a tener un sistema de solución de diferencias plenamente operativo y que funcione debidamente para 2024.

Una discreta nota de pie de página en la Decisión relativa a la propiedad intelectual puede ser la contribución sistémica más importante de la CM12. Al definir los países que pueden beneficiarse de las flexibilidades incluidas en el acuerdo, la nota 1 ofrece un modelo pragmático para propiciar que los mercados emergentes asuman mayores responsabilidades en el sistema. Declara que todos los países en desarrollo son admisibles y alienta a los que tienen capacidad existente de fabricar vacunas contra la COVID-19 a que asuman un compromiso vinculante de no acogerse a la Decisión. China lo ha hecho. El Consejo General podrá adoptar esas obligaciones, que se registrarán, compilarán y publicarán en el sitio web de la OMC. La nota 1 fue negociada conjuntamente por los Estados Unidos y China. No es de extrañar que haya sido la última pieza de la CM12 en encajar. Además de ayudar a equilibrar las responsabilidades en el marco de la OMC, el método de “no acogerse” podría facilitar los resultados multilaterales al permitir que los Miembros que no pueden sumarse se mantengan al margen, lo que aportaría al sistema de comercio la flexibilidad que tanto necesita.

Pese a todos sus logros, la CM12 puso de manifiesto que las posiciones de los Miembros siguen muy distanciadas en muchas cuestiones, como la agricultura, esfera en la que no se pudo avanzar con respecto a un futuro programa de trabajo. También se expresaron opiniones divergentes sobre la función del comercio en el crecimiento y el desarrollo y sobre los beneficios de la cooperación comercial. Sin ninguna duda, la MC12 es un paso positivo. Pero solo es un primer paso en un proceso más amplio para revitalizar la OMC y restaurar la confianza, una senda que seguirá siendo tortuosa, accidentada e imprevisible. Sin embargo, lo que presencié la semana pasada me llena de la esperanza de que, como dijo la Dra. Ngozi durante la sesión de clausura, “la cooperación estratégica podrá existir junto a una competencia estratégica cada vez mayor”. La labor continúa.