Un momento decisivo para el sistema mundial del comercio: lo que nos dicen los datos
By Robert Staiger, WTO Chief Economist
El sistema multilateral de comercio ha contribuido a que el volumen del comercio mundial de mercancías se multiplicara casi por 50 y ha sustentado uno de los períodos más notables de crecimiento económico y desarrollo en la historia moderna, pero la política comercial mundial y la OMC están experimentando las perturbaciones más graves y duraderas desde que se creó el sistema hace 80 años.
Para ayudar a entender cómo hemos llegado a la situación actual, en el Informe sobre el comercio mundial 2026 se plantean varias preguntas fundamentales: ?cuál es el valor del sistema multilateral de comercio encarnado en la OMC y el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT)? ?Cuál es la lógica económica que subyace a sus normas? ?Por qué un sistema que ha logrado tantos resultados está ahora sometido a tensiones? ?Y qué hay en juego mientras los Miembros de la OMC estudian cómo debe adaptarse esta institución?
Unas cifras pueden ser un buen punto de partida.
Actualmente, alrededor del 72% del comercio mundial de mercancías se sigue desarrollando en las condiciones arancelarias de la OMC de nación más favorecida (NMF), lo que significa que cualquier ventaja comercial concedida por un Miembro de la OMC a un interlocutor comercial debe hacerse extensiva a todos los demás Miembros. Según estimaciones empíricas, la adhesión al GATT y a la OMC ha hecho aumentar el comercio entre los Miembros en torno al 140%. La participación de las economías de ingreso bajo y mediano en el comercio mundial prácticamente se ha duplicado en los últimos 30 años, al pasar del 23% en 1995 al 45% en 2024. El crecimiento de los servicios prestados digitalmente se ha multiplicado por más de cinco desde 2005 y, en la actualidad, dichos servicios representan aproximadamente el 55% de las exportaciones mundiales de servicios. Además, según las simulaciones de los economistas de la OMC presentadas en el informe, la diferencia entre un mundo en que se fortalece la cooperación multilateral y otro en que la cooperación multilateral se erosiona a marchas forzadas podría llegar a representar entre el 5% y el 10% del PIB real mundial en 2050.
En conjunto, estas cifras apuntan a tres conclusiones principales del informe relativas al valor de la OMC.
El valor de la Organización Mundial del Comercio
En primer lugar, la OMC ha sido un potente motor del comercio, el crecimiento y la prosperidad.
La transformación de la economía mundial desde la creación del GATT en 1947 ha sido extraordinaria. El sistema multilateral de comercio se ha ampliado de los 23 signatarios iniciales del GATT a los 166 Miembros de la OMC existentes en la actualidad, que representan alrededor del 98% del comercio mundial. Durante el mismo período, los costos del comercio han sido más bajos y previsibles y han contribuido a una espectacular expansión del comercio internacional.
No se trató simplemente de reducir los aranceles. La previsibilidad de los aranceles aumentó gracias a los compromisos de los Miembros; cada vez más medidas no arancelarias quedaron sujetas a disciplinas comunes y prescripciones en materia de transparencia; y los acuerdos que abarcaban el comercio de servicios, la propiedad intelectual, las normas de los productos y la facilitación del comercio redujeron otros obstáculos a los intercambios internacionales.
Las pruebas empíricas indican que esos compromisos importaban. Según las estimaciones de estudios recientes, la adhesión al GATT y a la OMC hizo que el comercio entre los Miembros aumentase en torno al 140%, con incrementos especialmente acusados en aquellos casos en que las economías contrajeron compromisos sustanciales en materia de políticas (véase el gráfico 1). La adhesión a la OMC también contribuyó a la aplicación de reformas internas de mayor alcance; las economías que emprendieron reformas más profundas y contrajeron compromisos más amplios como parte de la adhesión crecieron en promedio 1,5 puntos porcentuales más rápidamente que los Miembros que no siguieron un proceso de adhesión similar.
Los beneficios económicos van más allá del incremento del volumen del comercio. Según las estimaciones de un estudio mencionado en el informe (Felbermayr et al., 2019), el aumento de la prosperidad mundial derivado de la pertenencia a la OMC se cifra en unos 855.000 millones de dólares EE.UU., lo que equivale a una ganancia media de aproximadamente el 4,5% del PIB por Miembro. Las pruebas indican también que alrededor del 85% de los Miembros de la OMC experimentaron una disminución de los precios de consumo relativos en comparación con el resto del mundo por el hecho de pertenecer a la OMC.
En el caso de las economías en desarrollo, una de las novedades que más llaman la atención ha sido la convergencia de los ingresos. Entre 1995 y 2023, los ingresos mundiales reales per cápita aumentaron alrededor del 65%, pero en las economías de ingreso bajo y mediano casi se triplicaron. Según el informe, entre una quinta y una tercera parte de esa convergencia puede atribuirse a la reducción de los costos del comercio. Durante más o menos el mismo período, la proporción de personas en situación de pobreza extrema en esas economías pasó de aproximadamente el 40% al 10%.
Los compromisos contraídos en el marco de la OMC también han ayudado a aportar la previsibilidad que las empresas necesitan para crear redes mundiales de producción. El comercio a través de las cadenas de valor mundiales (CVM) pasó de ser del 35% del comercio mundial en 1995 a casi el 49% en 2022. En un estudio mencionado en el informe (Fernandes, Kee y Winkler, 2022) se estima que la adhesión a la OMC aumenta la participación en las CVM en casi un 8%.
La integración en las CVM, en ocasiones, puede hacer que las economías sean más frágiles, pero lo habitual es lo contrario, ya que la previsibilidad y la apertura también hacen que sea más fácil adaptarse cuando se producen crisis internacionales. Durante la crisis financiera mundial de 2008, el aumento de las medidas proteccionistas fue mucho menor de lo que cabía esperar a juzgar por las prácticas históricas. Durante la pandemia de COVID-19 y tras el estallido de la guerra en Ucrania, las empresas y las economías pudieron orientar rápidamente el comercio hacia mercados y proveedores alternativos. Según las investigaciones mencionadas en el informe (Jakubik y Piermartini, 2023), sin los topes arancelarios de la OMC (también llamados consolidaciones), la probabilidad de que las economías subieran los aranceles para responder al aumento de los volúmenes de importación sería 4,3 veces mayor.
Sin embargo, los beneficios del comercio mundial no han sido universales. Los países menos adelantados (PMA) aún representan menos del 1% del comercio mundial, sus costos del comercio en el sector manufacturero y de los servicios siguen siendo en torno al 50% más elevados que los de las economías de ingreso alto, y los beneficios del comercio se han repartido de manera desigual entre los trabajadores y las regiones dentro de las economías. Una enseñanza fundamental es que la apertura del comercio debe ir acompañada de políticas internas que permitan a las personas y los lugares participar en el comercio mundial, adaptarse y beneficiarse de ese comercio.
En segundo lugar, hay una sólida lógica económica subyacente a la cooperación en la OMC (y a la concepción de sus normas).
Los éxitos del sistema mundial de comercio no se dieron simplemente porque las economías se comprometieran a abrir el comercio al mismo tiempo; son el resultado de la cooperación internacional en materia de comercio.
La lógica económica de la cooperación internacional es fácil de entender. Cuando un Gobierno establece políticas comerciales de forma unilateral, puede que no tenga plenamente en cuenta el costo que sus restricciones comerciales imponen a los exportadores extranjeros. Otros Gobiernos se enfrentan al mismo problema. El resultado puede resultar familiar: unas medidas proteccionistas racionales adoptadas en el plano individual producen una protección comercial excesiva en el plano colectivo.
Las negociaciones comerciales cambian esta ecuación. Permiten a los Gobiernos intercambiar el acceso a los mercados de manera recíproca, ofreciendo algo que es valioso para los interlocutores comerciales a cambio de algo que es valioso para sus propios exportadores. El resultado puede ser un comercio más abierto del que los Gobiernos elegirían si actuaran de manera independiente.
Sin embargo, la negociación comercial recíproca por sí sola no basta. También son importantes otros elementos de la arquitectura del sistema multilateral de comercio basado en normas.
El trato NMF permite que la negociación comercial sea más fácil de gestionar, ya que hace extensivo a todos los Miembros un trato arancelario negociado y no requiere una negociación por separado con cada interlocutor sobre cada arancel. También ayuda a preservar el valor de las concesiones negociadas y limita la posibilidad de que sea el poder económico por sí solo el que determine quién se beneficia de ellas. Las consolidaciones arancelarias convierten los resultados negociados en compromisos duraderos.
La transparencia permite a los Gobiernos y las empresas conocer las políticas a las que se enfrentan. La solución de diferencias proporciona un medio basado en normas para abordar los desacuerdos en lugar de dejar que las economías recurran principalmente a medidas unilaterales de retorsión.
En el informe se describen estos elementos como una arquitectura de refuerzo mutuo; la reciprocidad crea incentivos para negociar, el trato NMF generaliza los beneficios, las consolidaciones arancelarias hacen que esos beneficios sean duraderos, y la transparencia y la solución de diferencias sustentan la confianza en la negociación comercial. En otros artículos también facilito información más detallada sobre esos elementos y de qué manera han ayudado a los Miembros a lograr una cooperación internacional significativa con respecto al comercio.
Esta lógica económica cada vez va más allá de los aranceles.
A medida que los aranceles disminuían y la producción mundial estaba más integrada, el acceso a los mercados dependía más de las normas de los productos, la reglamentación nacional, las subvenciones y otras políticas internas. Los Acuerdos de la OMC, como el Acuerdo sobre Obstáculos Técnicos al Comercio (OTC) y el Acuerdo sobre Medidas Sanitarias y Fitosanitarias (MSF), ayudan a los Gobiernos a perseguir objetivos reglamentarios legítimos, limitando al mismo tiempo los costos comerciales innecesarios.
Las pruebas indican que esos acuerdos han promovido la transparencia y las buenas prácticas de reglamentación; por su parte, los Comités de la OMC correspondientes han ofrecido un foro para resolver los problemas antes de que se convirtieran en diferencias formales. Los Miembros han planteado en los Comités OTC y MSF más de 1.500 preocupaciones comerciales específicas, pero solo se han iniciado alrededor de 110 diferencias en esos ámbitos, y únicamente 27 de ellas culminaron en una resolución, lo que pone de manifiesto el valor de la OMC como foro de debate (véase el gráfico 2).
Este es un aspecto del valor de la OMC que se pasa por alto con facilidad. Esta institución no es un mero órgano de negociación para las grandes rondas. También proporciona infraestructura para la cooperación cotidiana.
Nada de esto significa que la arquitectura de la OMC sea perfecta. Hay muchas esferas en las que los Miembros no han cumplido la obligación de presentar notificaciones de sus medidas comerciales. El Órgano de Apelación del sistema de solución de diferencias de la OMC actualmente no puede entender en las apelaciones. Con frecuencia, en las negociaciones se han dedicado grandes esfuerzos a lograr el consenso. La flexibilidad en cuanto al cumplimiento de los compromisos contraídos en el marco de la OMC, indispensable habida cuenta de la diversidad de los Miembros, exige soluciones de transacción.
Sin embargo, la flexibilidad forma parte de la lógica económica de la cooperación. Las salvaguardias, las medidas comerciales correctivas, los acuerdos comerciales regionales y el trato especial y diferenciado para las economías en desarrollo hacen posible que Miembros con diferentes necesidades y capacidades participen en un sistema común. La cuestión es cómo diseñar las flexibilidades en los Acuerdos de la OMC para que apoyen la participación en el comercio mundial sin que, poco a poco, la previsibilidad del sistema de comercio se debilite o la cooperación se fragmente.
Incluso los acuerdos comerciales regionales (ACR) ilustran la necesidad de esa flexibilidad. Hay más de 380 ACR notificados a la OMC que están en vigor, pero hay pocas pruebas de desviación del comercio en el resto del sistema multilateral de comercio. Lo que también se olvida con frecuencia es que las propias normas de la OMC determinan esos acuerdos; por ejemplo, el artículo XXIV del GATT exige que las zonas de libre comercio eliminen las restricciones con respecto a lo esencial de los intercambios comerciales y no erijan obstáculos externos. De las simulaciones contenidas en el informe se desprende que, sin esas disciplinas, la negociación comercial discriminatoria reduciría el bienestar mundial, y que las pérdidas para las pequeñas economías serían desproporcionadas.
En tercer lugar, la erosión del sistema de comercio basado en normas resultaría costosa.
A veces, el valor de una institución se puede ver más claramente preguntándose cómo sería el mundo sin ella.
En el informe se examinan tres escenarios. Se trata de simulaciones, no de predicciones. Su propósito es ilustrar las consecuencias económicas de las diferentes formas de cooperación internacional. En un escenario de mayor cooperación, el PIB mundial está un 2,9% por encima del valor de referencia y las exportaciones mundiales crecen un 17,9% para 2050. En un escenario geofragmentado, en el que el comercio se divide cada vez más con arreglo a criterios geopolíticos, el PIB mundial es un 5,1% inferior y las exportaciones se reducen un 18,6% en el mismo plazo. En un escenario en el que se recurre a acuerdos de libre comercio (ALC), en que la cooperación internacional se sustituye por una red de acuerdos preferenciales sin la OMC, el PIB mundial es un 6,9% inferior y las exportaciones se reducen un 26,9% para 2050 (véase el gráfico 3).
La diferencia entre una mayor cooperación multilateral y la erosión del sistema, por lo tanto, puede equivaler a entre el 5% y el 10% del PIB real mundial. Además, las pérdidas no se distribuirían por igual. Las economías más pequeñas y más pobres tienen menos poder de negociación en un mundo dominado por acuerdos discriminatorios y medidas unilaterales. De las simulaciones del informe se desprende que la fragmentación les acarrearía costos especialmente elevados.
Esto nos lleva a la cuestión central del Informe sobre el comercio mundial 2026: si la lógica de la cooperación sigue siendo válida, ?por qué está el sistema sometido a presión? La conclusión del informe es que el mundo que rodea a la OMC ha cambiado, en gran parte debido al éxito del propio sistema.
La evolución que ha planteado desafíos al sistema de comercio
En el informe se señalan cuatro cambios estructurales.
En primer lugar, el poder económico está mucho más repartido. La participación de las economías de ingreso bajo y mediano en el comercio mundial de mercancías ha pasado del 23% en 1995 al 45% en la actualidad. Se trata de uno de los logros más importantes de la integración económica mundial, pero eso también significa que las realidades actuales del mercado son cada vez más diferentes de las que subyacían a los pactos comerciales alcanzados hace decenios.
Algunas economías en desarrollo se han convertido en abastecedores principales y grandes mercados, mientras que muchas economías desarrolladas ya tienen consolidaciones arancelarias relativamente bajas y, por lo tanto, tienen menos acceso adicional a los mercados para ofrecer en las negociaciones arancelarias convencionales. Esto puede hacer que sea más difícil alcanzar pactos recíprocos, pese a que la reorientación del poder de mercado crea nuevas posibilidades de intercambio, en especial entre las propias economías en desarrollo, como se ilustra en el cuadro 1. Esto también hace que la dimensión de desarrollo sea más compleja, ya que entre los países en desarrollo Miembros de la OMC figuran desde PMA con capacidades muy limitadas hasta grandes comerciantes mundiales.
En segundo lugar, las diferencias en los sistemas económicos y la intervención de los Gobiernos han adquirido mayor importancia. Las políticas industriales, las subvenciones y la intervención del Estado en los mercados no son nuevas. Lo que ha cambiado es su escala, amplitud e importancia en las diferentes economías. Los debates en el Consejo General de la OMC, integrado por todos los Miembros de la Organización, en relación con los diferentes sistemas económicos y la política industrial fueron aproximadamente 10 veces más frecuentes entre 2020 y 2025 que entre 1995 y 2000. Durante el último decenio, las autoridades investigadoras se han basado en una metodología de interfaz -que permite al Gobierno rechazar el uso de los precios de venta internos de un exportador en la determinación de la existencia de dumping alegando que no es posible establecer una comparación equitativa con el precio de exportación debido a las diferencias entre los sistemas económicos- en más de la cuarta parte de las investigaciones antidumping (véase el gráfico 4).
Esto plantea lo que en el informe se denomina problema de "interfaz". La OMC nunca se concibió para exigir a los Miembros que adoptaran el mismo modelo económico. Su tarea consiste, por el contrario, en establecer normas que permitan la coexistencia de diferentes sistemas sin que las políticas de un Miembro socaven los compromisos de acceso a los mercados negociados con otro Miembro. Las disciplinas en materia de subvenciones, las normas sobre el comercio de Estado, los compromisos en el marco de la adhesión a la OMC y las medidas comerciales correctivas, como las medidas antidumping, han desempeñado algunos aspectos de esa función durante largo tiempo. Sin embargo, a medida que la intervención gubernamental es más significativa desde el punto de vista económico, las cuestiones relativas a la transparencia, los efectos indirectos transfronterizos y la idoneidad de las disciplinas comerciales existentes también adquieren mayor importancia.
En tercer lugar, la naturaleza del propio comercio ha cambiado. Con las CVM, un arancel de importación o una restricción a la exportación se puede propagar por las redes de producción mucho más allá de la relación bilateral inmediata. Por consiguiente, la protección efectiva que recibe una rama de producción puede diferir sustancialmente de su arancel legal. Las empresas y las redes de producción multinacionales, y no las economías nacionales consideradas de manera aislada, se han convertido en unidades de organización del comercio mundial cada vez más importantes.
Mientras tanto, los servicios, el comercio digital, la inteligencia artificial (IA) y las consideraciones ambientales están aumentando la importancia de las políticas que se aplican dentro de las fronteras. La privacidad, la ciberseguridad, la competencia, la gobernanza de la IA, la tarificación del carbono, las normas ambientales y las subvenciones pueden servir para alcanzar objetivos de política legítimos, pero también pueden afectar a los interlocutores comerciales. En consecuencia, la cooperación cada vez tiene más que ver con la interacción entre distintos regímenes de reglamentación más que con el mero intercambio de concesiones arancelarias, como muestra el número creciente de preocupaciones comerciales planteadas por los Miembros en la OMC sobre las medidas relacionadas con el medio ambiente (véase el gráfico 5).
La naturaleza cambiante del comercio hace que la cooperación internacional en cuestiones comerciales sea intrínsecamente más difícil. La reglamentación nacional está estrechamente relacionada con las preferencias sociales y con objetivos ajenos a la política comercial, y los efectos transfronterizos suelen ser más difíciles de medir. No obstante, la integración económica más profunda hace que la cooperación en relación con esas políticas sea más necesaria precisamente en el momento en que resulta más complicada.
En cuarto lugar, la rivalidad geopolítica y las preocupaciones en materia de seguridad económica están cambiando la perspectiva de los Gobiernos sobre la interdependencia. La concentración de las cadenas de suministro, la creciente importancia de las tecnologías y los insumos esenciales, la seguridad nacional y la dependencia estratégica ocupan ahora un lugar más destacado en la política comercial (véase el gráfico 6). Las normas de la OMC reconocen la necesidad de que los Gobiernos cuenten con un margen de actuación en lo que se refiere a la seguridad nacional, pero una medida adoptada por un Gobierno para reducir su vulnerabilidad puede aumentar la percepción que tiene otro Gobierno de su propia vulnerabilidad, provocando así la aplicación de nuevas restricciones comerciales. Se corre el peligro de que se produzca una transición autoalimentada de la interdependencia gestionada a la fragmentación.
El sistema de comercio basado en normas ha de adaptarse
Estos desafíos dan lugar a lo que, en mi opinión, es el mensaje más importante del informe.
Los desafíos a los que se enfrenta la OMC no demuestran que su lógica económica subyacente haya dejado de ser aplicable. En muchos aspectos, sucede todo lo contrario. La mayor interdependencia entre los interlocutores comerciales y los efectos indirectos más acusados de las políticas transfronterizas aumentan los beneficios potenciales de la cooperación.
Sin embargo, los mecanismos de cooperación tradicionales están sometidos a presión. Los pactos comerciales alcanzados cuando la distribución del poder económico era otra han de funcionar en una economía más multipolar. Las normas han de gestionar las consecuencias más significativas de las interacciones entre los distintos sistemas económicos. Cada vez más, la cooperación ha de lidiar con medidas internas complejas. Además, la flexibilidad legítima en materia de seguridad nacional ha de coexistir con un marco basado en normas creíble.
El informe, deliberadamente, no prescribe la forma en que los Miembros de la OMC deberían responder a estos desafíos. Son los Miembros los que deben decidir. Lo que la economía puede hacer es aclarar las posibles contrapartidas y señalar lo que está en juego.
La historia del sistema multilateral de comercio ofrece algunas razones para tener confianza. El sistema se ha ajustado en repetidas ocasiones a los cambios en la composición de los Miembros, el poder económico, la tecnología y la naturaleza del comercio. Su solidez nunca ha dependido de que sus normas y prácticas permanezcan inmutables a lo largo del tiempo.
La tarea que debe llevarse a cabo ahora, por lo tanto, no es simplemente defender el sistema que existía en 1995. Se trata, como se señala en el informe, de reparar lo que está roto, actualizar lo que está obsoleto, preservar lo que funciona y adaptar la cooperación a las nuevas realidades.
El sistema mundial de comercio se halla en una coyuntura decisiva no porque la cooperación internacional sea menos importante que antes, sino porque la economía actual, mucho más integrada, diversa y multipolar, exige más de él.
Referencias
Felbermayr, G., Larch, M., Yotov, Y. y Yalcin, E. (2019), The World Trade Organization at 25: Assessing the Economic Value of the Rules Based Global Trading System, Gütersloh: Bertelsmann Stiftung.
Fernandes, A. M., Kee, H. L. y Winkler, D. E. (2022), "Determinants of Global Value Chain Participation: Cross-Country Evidence", The World Bank Economic Review, 36(2): 329-360.
Jakubik, A. y Piermartini, R. (2023), "How WTO Commitments Tame Uncertainty", European Economic Review, 157: 104495.







